Los orígenes de nuestra ciudad Resistencia: Lecturas interculturales

 PRIMERA PARTE.

Por Francisco “Teté” Romero*

El 27 de enero próximo conmemoraremos los 140 años de la llegada de las familias inmigrantes italianas a Resistencia. Por mucho tiempo se contó que la historia resistenciana comenzó a partir de ese hecho. Sin desmerecer la importancia de ese hito, las investigaciones históricas, relecturas y reediciones de textos que hoy ya son clásicos, nos permiten comprender a nuestra historia como un proceso dinámico en el que en primer lugar están nuestros Pueblos Originarios Preexistentes, luego los Criollos y después los colonos inmigrantes.

Por eso reivindicamos nuestra diversidad cultural. Por eso recomendamos las lecturas de Manual de Historia de Eduardo Barreto, Historias de los Qom del Gran Chaco por sus ancianos de Orlando Sánchez y Lo que me contaron mis abuelos. Páginas históricas del Chaco de Seferino Geraldi.

En busca de nuestros orígenes:

Nos centraremos primero en los aportes del libro del Doctor en Historia Eduardo Barreto, pensado para primer año de la Secundaria, porque incluye la Historia del Chaco.

El monolito ubicado en Avenida Ávalos al 2200, inaugurado en 1950, rememora el sitio en el que fue fundada la Reducción Jesuítica de indígenas abipones de San Fernando del Río Negro, en 1750. Fue creada por pedido del Teniente de Gobernador de Corrientes, Nicolás Patrón. Buscaba proteger a la ciudad vecina ante los ataques de los pueblos indígenas, motivados, sobre todo, por la explotación y los abusos de los conquistadores.

Patrón reunió a las 42 familias de abipones y designó Corregidor al Cacique Naré. Los acompañaban soldados correntinos y misioneros jesuitas. El 26 de agosto fundó la nueva reducción. Al día siguiente, proclamó a San Fernando Rey su patrono, en homenaje al Santo Rey de la época medieval y del Rey Fernando VI reinante en España. Por eso el 27 de agosto se conmemora el día del patrono de Resistencia.

El lugar abundaba en aguadas, tierras de labrar, maderas de los montes, miel y cera, y además estaba libre de las inundaciones. En torno de la iglesia se alineaban los ranchos de las familias abiponas dejando un espacio libre frente al templo, como se acostumbraba en esa época.

Esta reducción significó para Corrientes, el disfrute de una tranquilidad al cesar los periódicos ataques que sufrían desde la costa chaqueña. Demostró los valores de los tratados de paz y del buen trato.

San Fernando del Río Negro llegó a tener 879 pobladores en 1753, número que tuvo diversas fluctuaciones. La expulsión de la Compañía de Jesús de España y de todos sus dominios en 1767, significó el abandono de la obra misional de esta orden y la rápida decadencia de San Fernando.

Los misioneros de la orden franciscana fueron los encargados de continuar al frente de las reducciones en el Chaco. Acobardados por los rigores del clima y el desconocimiento del idioma abipón, pronto se retiraron a Corrientes abandonando a los abipones, quienes no tardaron en retornar al monte.

Pero los criollos que cruzaban para comerciar o dedicarse a tareas extractivas, fueron quedándose en sus instalaciones vacías. Por eso un siglo después ese paraje, denominado San Fernando por el recuerdo de la reducción, tenía una población estable.

El paraje San Fernando fue elegido por la Comisión Exploradora integrada por los Ingenieros Enrique Foster y Arturo Seelstrang, para trazar en octubre de 1875 una colonia-cantón, en cumplimiento de la Ley 686 sancionada durante la presidente de Sarmiento en 1874.

El 31 de mayo de 1876, el ingeniero prusiano Seelstrang elevó su informe al gobierno nacional y designó con el nombre de Resistencia al paraje San Fernando, ya que el 10, 11 y 12 de junio de 1875 sus pobladores resistieron con éxito ataques indígenas (qom y moqoit). En dicho informe denuncia la explotación inhumana a la que eran sometidos los indígenas en los obrajes, como causa de tales ataques.

“… se ha traficado con la confianza del indio, defraudándolo y aprovechándose inicuamente el fruto de su trabajo… Actualmente se está cosechando el producto de semejante proceder, y sus consecuencias son las continuas hostilidades de parte de los agraviados; … el comerciante blanco se encontraba en completa libertad de dejarse guiar por la “aura sacra fames”, y no considerando como prójimo a los incultos hijos de la tierra, empleaba sin consideración de ninguna especie, cuantos medios hallaba a su alcance para conseguir lo más pronto su fin… Por medio de regalos atrae a los indígenas y a su cacique y compra el bosque que elije por un poncho de paño, un sombrero, una yegua con cría y una docena de frascos de ginebra, según el tamaño e importancia de los árboles. Los mismos indios, con amigables demostraciones, se conchaban como peones… El peón, y sobre todo el indio, cobraba raras veces su salario en efectivo, sino en artículos, o adelantado, según los libros del obrajero; … a fin de mes el indio, en vez de recibir algún dinero, le estaba debiendo al patrón… Sin embardo, la protesta de los caciques, los justos reclamos de los peones y las continuas quedas de los ofendidos eran desatendidas por los propietarios; se contentaban con burlas, y hasta llegaban a rechazarse con mano armada… sin haber habido ejemplo de reconocerse estar la razón de parte de los aborígenes… Se tiene explicado el origen del hecho que presenciamos actualmente y la causa de la serie de ataques, saqueos y muertes ocurridos en toda la extensión de la costa”.

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Resignificar el nombre Resistencia:

Es necesario resignificar profundamente el sentido unívoco con el que se bautizó a Resistencia. Porque dicho nombre es portador de una identidad que niega entidad, derechos y razón a las otredades que descalifica como bárbaras y salvajes: la de nuestros Pueblos Originarios, que nuestra Constitución Nacional, tras la reforma de 1994, reconoce como preexistentes en su artículo 75. Porque esa defensa de las propiedades de los obrajes, centro de los ataques indígenas, ubicados en el por entonces paraje San Fernando, fueron el rechazo de quienes se apropiaron de estas tierras y explotaron ferozmente a indígenas y peones criollos, es decir, los nuevos conquistadores repeliendo a los antiguos dueños de estas tierras. Quienes venían resistiendo desde el siglo XVI.

Ya veremos en nuestra segunda entrega el temple y el coraje de las familias italianas inmigrantes que entre 1878 y 1879 llegaron hasta el Puerto de San Fernando del Río Negro en busca de tierra y libertad. Y evocaremos sus resistencias al clima hostil y a las burocracias que no cumplieron con lo que les habían prometido. Su dedicación a la tierra.

Ya veremos también las resistencias de los peones de la historia, de los trabajadores criollos y del Paraguay.

De esas resistencias debemos abrevar para reconocernos fraternalmente desde la potencia polisémica del Chacú, el de la unidad de lo diverso para la búsqueda de nuestro horizonte colectivo.

*Escritor, docente y editor.

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