Nuevas paternidades: hacia la igualdad en la crianza de los hijos

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Del modelo tradicional a las familias monoparentales y su efecto en las funciones de madre y padre. Según una investigación surgen nuevos ideales de paternidad que son correlativos al ejercicio de la maternidad, al ideal social de la igualdad de derechos y deberes entre mujeres y varones.

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“Papá trabajaba todo el día. Casi no estaba en casa y mamá nos llevaba a la escuela, organizaba los cumpleaños y se ocupaba de todas nuestra actividades además de limpiar la casa”, cuenta Silvia, de 41 años, mientras saluda a su marido que sale a buscar a los chicos al club.

Adela, de 69, sugiere que ella “crió sola” a sus cuatro hijos porque “él -cuenta- trabajaba tanto que llegaba siempre muy agotado”. “No sabe lo que es hacer una mamadera, cambiar un pañal y menos hacer los deberes con los hijos, pero no les hizo faltar nada”, explica la mujer a quien la formaron para criar hijos, atender esposo sin exigir más que sea quien “sostiene económicamente la casa”.

Pero no sólo para las mujeres el patriarcado ha significado postergación. Ricardo lamenta no poder volver el tiempo atrás: “Si pudiera hubiera compartido más tiempo con mis hijos, de chiquitos. Ahora disfruto a mis nietos, lo que no pude con ellos” sostiene el hombre de unos 72 años que entiende haberse “perdido” etapas cruciales de sus hijos por trabajar fuera de la casa muchas horas ante la demanda social que significa ser “el proveedor” del hogar.

Es que la paternidad (así como la maternidad) es una construcción cultural, que no está determinada simplemente por la biología. Así lo expresa por ejemplo una investigación realizada por Luis Bonino Méndez, psiquiatra especializado en la temática de violencia de género, creador y coordinador del Centro de Estudios de la Condición Masculina de Madrid.

El especialista analiza de una manera muy profunda las mutaciones que han ido viviendo los varones en su rol de padres, en el tiempo. “El lugar asignado al padre, sus funciones, el deseo y la responsabilidad de serlo, y las vivencias que acompañan su ejercicio varían como efecto de las variaciones en lo sociocultural”, sostiene  Bonino en su artículo.

La expectativa social sobre la responsabilidad paterna varía mucho según la cultura, el tipo de trabajo y la edad del varón-padre. Las exigencias laborales, por ejemplo, permiten a los varones posponer su cercanía a los hijos sin sentirse “culpables” ni acusados por ello. “O que pueden sentir que son proveedores sin estar ni moral ni físicamente en la vida diaria. O que pueden no sentirse responsables de lxs hijxs de la juventud y sí serlo con los que han tenido con su segunda o tercera pareja. El desempleo, por otra parte, puede funcionar como incentivo para ser selectivo en las obligaciones que el varón reconoce.Y todo esto con diversos grados de aprobación o reprobación social. Así, con la particularidad de que muchas situaciones pueden ser vistas como normales, naturalizando esas actitudes en el rol del padre y hasta no cuestionándose en ellas la responsabilidad. En tanto, desde otro punto de vista, serían reprochables”, detalla el psiquiatra.

 Transición a las nuevas paternidades

Desde el punto de vista histórico, la paternidad también ha sido cambiante. “Actualmente, estamos en un momento transicional entre viejos y nuevos perfiles – explica el especialista – Existe hoy un doble fenómeno: por un lado, asistimos a un hecho más evidente desde la salida de la mujer al mundo público y el aumento del divorcio, la llamada decadencia, declinación o eclipse del padre, en la que el discurso social valida cada vez menos a la figura paterna y acepta cada vez más a la familia monoparental (formada casi siempre por la madre y sus hijxs). Por otro, comienza a emerger un fenómeno que llamaremos “los nuevos padres”.

Si nos referimos al fenómeno de la decadencia, el que se eclipsa es el padre occidental detentador del poder y el saber. El que sustenta su acción en la tradicional división sexual del poder, donde la relación padre-hijx se funda en un modelo donde el padre es la autoridad, el proveedor que brinda los recursos económicos y el transmisor del patrimonio genético, económico, de saberes y de los códigos de la masculinidad. Aquél cuya función es preparar al niño (sobre todo varón) para lograr su capacitación, para ser el heredero de los logros paternos (patrimonio, oficio) que el niño sólo puede disfrutar en una edad posterior, y que espera de su hija que se empareje con otro varón que sea por lo menos como él. Aún deslegitimado, este padre existe. Su poder ha menguado, pero sigue mandando en muchas familias, como si fuera el soberano. Es el padre que se desinteresa de la crianza de sus hijxs, que delega en su pareja.

Y luego la otra figura que es “el padre patrón-educador, campesino o urbano, que transmite especialmente las normas y las habilidades necesarias para insertarse en la vida en sociedad y que permite con su intervención el crecimiento (social) de sus hijxs. Educaba y acompañaba con distancia o por delegación -sobre todo al varón-, sin interacción -excepto en lo estrictamente instructivo- ni cercanía emocional. Intentaba que el hijo aprendiera un oficio o trabajo y que al menos no descendiera socialmente, y que la hija quedara “bien” casada”, según la investigación del especialista.

Este padre es complementario al modelo maternal de la madre abnegada moderna, resultado de la revolución industrial. “Aún existe, es menos autoritario que el anterior, y actualmente se espera de él sobre todo la puesta de límites, ya que se supone está más acostumbrado a manejar la disciplina y el consejo”.

Entre estos designios, permanece la transmisión de los códigos de dominación masculina que hijos e hijas interiorizan a lo largo de sus vidas.

 Dos tipos de padre en la historia reciente

El análisis en la historia de la evolución del varón en su rol paternal tiene una pormenorizada, aunque singular visión de Bonino que detalla en los siguientes términos. “Tenemos por un lado al padre periférico. Como si volviéramos al prepatriarcado, es éste padre similar al varón que en los pueblos primitivos no tenía función social al no saberse qué aportaba a la reproducción y por ello era periférico. Es un padre que no se sabe para que está en casa, sin autoridad reconocida y poco tenido en cuenta ni por su pareja ni por sus hijxs. Cumple un rol casi formal y puede desaparecer sin demasiado coste para el resto de la familia”, estas contradicciones siente en este nuevo rol, de acuerdo a la descripción de Bonino, el padre “tradicional”.

Pero el analista detalla además otro padre alejado de su rol sobre todo en la educación emocional de sus hijos. “Tenemos al padre ausente, que más allá de su presencia física o no, no ejecuta ninguna función, ni tradicional ni nueva, delegando en su pareja la autoridad, la puesta de límites, el cuidado y el sostén emocional. A veces desaparece completamente, y otras es un fantasma presente, que se hace sentir por sus raptos autoritarios. Ambos tipos de padres se relacionan con sus hijxs -cuando lo hacen- a través de sus parejas, funcionando como padres indirectos. Su comportamiento se hace más evidente después de un divorcio (como si matrimonio y responsabilidad paterna fueran indisociables para ellos)”.

Según el resultado de la investigación, estos dos tipos de padres provocan muchos problemas a las mujeres-madres trabajadoras, “ya que su escaso involucramiento las sobrecarga en la tarea del crecimiento de sus hijxs. En cambio, su poca o nula presencia no implica siempre malestar en lxs hijxs”. Aunque también se desprende que “las investigaciones realizadas en hogares monoparentales (la mayoría monomaternales) muestran que si en éstos hay seguridad afectiva y económica, lxs hijxs tienen desarrollo normal y logran una identidad sexual y genérica no problemática”. Según el criterio del especialista, “la falta del padre influye como un adulto en menos, que resta diversidad, pero no es productora de patología ni de delincuencia per se”, en los hijxs.

 Los “nuevos padres” priorizan el vínculo

De a poco, muchos varones comienzan a reclamar mayor participación en la crianza de sus hijxs, para bien de todo el grupo. “Comienzan a surgir nuevos ideales de paternidad que son correlativos a nuevas formas de ejercicio de la maternidad, al ideal social de la igualdad de derechos y deberes entre mujeres y varones”, sostiene Bonino. “A diferencia del modelo que fomentó la construcción de los padres anteriormente citados, nuestro sistema de valores actual, que jerarquiza el vínculo entre personas, fomenta un vínculo padre-hijxs que favorece la interacción frecuente que brinda crecimiento en el día a día”.

 Un escenario con grandes expectativas

El fenómeno de los “nuevos padres” surge en los últimos años y se da con la aparición y valorización de una figura parental ceñida a estos ideales y alejada de los modelos de padre distante y autoritario. En el escenario social actual también encontramos padres por fuera de los modelos tradicionales de familia, tales como la monoparentalidad masculina o la ejercida en las parejas homosexuales. Incluso ya son notorias ciertas políticas que promueven la participación de los varones en la crianza de sus hijos, como expansión de las licencias por paternidad. Y hasta surgen asociaciones de padres que defienden los derechos de los divorciados a estar con sus hijos.

Hablamos del padre cuidador, en el que la paternidad ya no es un poder sino un servicio y una relación que se disfruta. “Presente, carnal, cotidiano, el padre cuidador transmite ternura, cuidados y enseñanza. Ésta es una opción subjetiva y una relación vivida. Los aspectos vinculares toman la delantera. Padre es el que ama, cuida y disfruta. Jerarquiza el hecho que la relación paternal no sólo se maneja en términos de autoridad, distancia y educación/límites, sino que existe también un aspecto afectivo-emocional, de disfrute mutuo. No opuesto a la madre, sino desde sí para el hijo (se esté o no en pareja con la madre)”, sintetiza Bonino.

Este nuevo modelo de padre -que en el modelo de familia tradicional también podemos llamar igualitario/participativo- es promovido por diferentes políticas de igualdad en muchos países y comienza a ser incorporado por algunos varones generando costumbres y hábitos, por lo que es posible que sus nuevos comportamientos vayan impregnando el tejido social. En este padre, sigue existiendo luego de divorcio porque ha creado un vínculo directo con hijos y no indirecto o a través de la función. Según el artículo, “la literatura sobre los nuevos padres ha publicitado que éstos, ya son una realidad. Sin embargo, esto no es así: las pocas y serias investigaciones realizadas sobre nuevas prácticas de la paternidad muestran que a la mayoría de los padres actuales que se definen como ‘nuevos’ aún le falta un gran camino a recorrer y no muchos tienen demasiados deseos para hacer los necesarios cambios en su vida para estar más y mejor junto a sus hijxs”.

Si bien aparece como poco esperanzadora la conclusión del terapeuta, es contundente al describir a estos padres: “La mayoría de los nuevos padres son en realidad participativos-ayudantes y no tanto igualitarios. Usan tres veces menos tiempo que sus parejas en ocuparse de lxs hijxs, suelen aumentar el tiempo más que la calidad de la compañía, no se sienten totalmente obligados al trabajo de crianza y no sienten que abandonan a sus hijxs cuando salen a trabajar, reproche que a veces continúan haciendo cuando es su pareja la que lo hace. Se caracterizan por estar más que ocuparse, participar más que compartir, ayudar más que responsabilizarse, realizar algunas tareas más que ocuparse del trabajo material y emocional de la crianza. Cuando se ocupan lo hacen de aspectos específicos de la crianza: mucho más el estar “con” que hacer “por” lxs hijxs, participando especialmente en las actividades placenteras, algunas de las cuales se sobredimensionan y se ejecutan como rituales en los que se concentra ‘lo emocional’ (especialmente asistir al parto, cambiar pañales, dar el baño vespertino, dar el biberón y acompañar a dormir)”. De acuerdo a la investigación de Bonino, “la rutina de la crianza sigue estando en manos femeninas, y pasa a manos masculinas temporalmente cuando la mujer está exhausta, actuando el padre como relevo de emergencia”.

De acuerdo a los testimonios y datos registrados por el especialista, “estos padres toman lo bueno de la maternidad y dejan en manos femeninas la rutina, y de esto es de lo que las mujeres se quejan frecuentemente al escuchar el discurso de los nuevos padres. Estos padres ayudantes-participativos y los padres periféricos constituyen la mayoría de los que encontré en mi observación. Existen también otros tipos de nuevos padres: los padres reclamantes. Los divorciados que reclaman la custodia y entran en conflicto con las mujeres en tanto ellos reivindican más derechos cuando ellas les exigen más responsabilidades. Los que reivindican un cambio de roles y estar en casa. Los que quieren ver reconocido su derecho a reclamar no ejercer una paternidad que no fue deseada, en casos de embarazo o prosecusión del embarazo de la mujer sin su consentimiento y que luego reclama la manutención”.

En conclusión, Bonino abre un camino de esperanzas sobre este rol, tan importante en el crecimiento de un niño al sostener que “poca gente pone en duda que ser un padre cuidador igualitario-participativo reporta ventajas al niñx, al varón y a la madre, pero serlo supone un arduo trabajo de superación de obstáculos y resistencias que se oponen intra e intersubjetivamente al desarrollo de este nuevo rol”, adjudicando la evolución social de la función paternal a la decisión de cada hombre de afrontar tales desafíos. Aunque reconoce que de ellos depende, advierte también que la influencia sobresaliente sigue siendo “el modelo patriarcal de división sexual del trabajo, que adjudica a los varones el mundo público y a las mujeres el doméstico con la crianza de lxs hijxs incluida”.

El sistema patriarcal también favorece que los varones monopolicen una serie de derechos y ventajas que la división genérica del trabajo les da por garantizados. “La legitimación social, la autolegitimación y el ejercicio cotidiano de estos derechos ‘masculinos’ -tales como el derecho a la libertad en el uso y disponibilidad del tiempo personal, a la libertad de movimientos, al ocio y al tiempo libre, a la privacidad, a ser servido y cuidado- permiten institucionalizar la libertad masculina en cuanto a la responsabilización del trabajo doméstico y especialmente el del cuidado de las personas. Renunciar al ejercicio monopólico de los derechos mencionados, no es fácil y muchos varones-padres se resisten a ello”, de acuerdo al punto de vista del psicólogo.

El mercado de trabajo organizado al modo masculino, es otro importante obstáculo, ya que no permite la flexibilización y la compatibilidad laboral-familiar: “En los varones dispuestos al cambio, esto produce una nueva ansiedad que las mujeres conocen bien: cómo resolver el dilema trabajofamilia sin descuidar ninguno de los dos ámbitos”.

Con esa encrucijada, todos los días de su vida las mujeres salen al mundo laboral, con la disyuntiva de dejar “abandonados” a sus hijxs al cuidado de otra persona y al mismo tiempo la necesidad de realización personal o profesional y hasta la necesidad de sustento económico indispensable para el crecimiento de la familia. Dilema que, al análisis de Bonino y a lectura superficial de la observación de roles actual, comienza a darse ahora también en mucho padres que se animan a compartir la crianza de sus hijxs (juntos o no), con las madres.


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