Tesis para otra Historia del Chaco – Tercera parte de la segunda tesis

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Segunda Tesis: la metáfora del crisol de razas como el mito cultural del Chaco post “Campaña de Pacificación”, como la narrativa que enmascara un racismo velado, el que define y narra la conformación de una nueva raza, porque sostiene que la heterogeneidad étnica de nuestro territorio se resolvió – fusionó en una sola cultura, en un solo modo de ser. Se trata de un nuevo mecanismo de colonización cultural, a través de la educación, en clave de “asimilación” e “integración” disciplinadora – homogeneizadora. El paradigma de la Interculturalidad crítica como ruptura epistemológica y emancipadora. 

Tercera Parte: 

  • El crisol de razas como nuestra matriz cultural: continuidades y rupturas.

1.El crisol de razas como matriz cultural del Chaco moderno, como representación de un ethos argentino, forjado a partir de la educación, de una educación moral, concebida, en términos de García Fanlo, como “un modo y forma de ser” (“el método científico para gobernar almas, según Carlos Octavio Bunge, encarnada por la clase media y fundada en la conciliación de clases, el rechazo al conflicto social y a los sujetos que lo promueven.

Se trata de la utopía del liberalismo positivista argentino de fines de siglo XIX y principios del XX: la de la creación de una argentinidad entendida, como escribe García Fanlo al analizar el pensamiento educativo de Bunge, desde la aspirabilidad, la cultura del trabajo y el patriotismo escolar como disposiciones perfomativas que debían orientar su conducta para integrarse funcionalmente con el orden social argentino instaurado a partir de la generación del ’80 del siglo diecinueve. Porque les dice “qué es lo que existe” (la Patria), “que es lo bueno y lo verdadero” (el trabajo), y “que es lo posible y lo imposible” (la aspirabilidad dentro de los límites de la clase en la que un@ se encuentre. Escribí en la primera parte de esta segunda tesis que, de este modo, el orden conservador lograba una gran victoria cultural: conseguía imponer, vía educación, el sentido común de la clase dominante como sentido común general, en especial de la clase media.

1.1 Discurso, representaciones y prácticas del Chaco crisol de razas

Jorge Huergo aborda la relación dialéctica entre tres categorías: discurso, representaciones y prácticas. Sostiene que lo que primero modificamos es el discurso, como modo de adaptarnos, narrativamente, a los cambios de época y lo que se supone o entiende mayoritariamente en este período histórico como políticamente correcto. Sin embargo, lo que más cuesta transformar son las prácticas sociales, las más de las veces antagónicas con lo que decimos discursivamente. Huergo (2015) escribe que esto sucede porque lo que no se transformó o resulta más difícil de transformar son las representaciones, ese conjunto de valores y creencias que constituyen nuestro sentido común dominante. 

No se pueden transformar las prácticas sociales discriminatorias, colonizadas, si no de desocultan y cuestionan críticamente las representaciones que las hacen posible. 

La representación del crisol de razas en el Chaco como la matriz de las prácticas sociales estigmatizadoras de nuestras otredades y de los conflictos suscitados por sus sujetos para ampliar sus derechos en su disputada con el establishment político, económico, cultural y educativo.  

¿Qué son las representaciones?

 Según el Diccionario de Estudios Culturales Latinoamericanos, en los campos de las Humanidades y las Ciencias Sociales, “la representación designaría a las “representaciones” en el sentido de los códigos fundamentales de una cultura, constelaciones simbólicas destinadas a regir “el orden de los discursos y las prácticas sociales: imágenes que producen de sí los sujetos que participan en una cultura y en una época determinada”. 

“…la representación constituye más bien la estructura de comprensión a través de la cual el sujeto mira el mundo: sus “cosmovisiones”, su mentalidad, su percepción histórica. Esta estructura de comprensión se encuentra expresada en el lenguaje, cuya función sería, en términos generales, “representar” el acto mismo de cognición del sujeto… que se materializan a través del uso del lenguaje, sea escrito, visual, auditivo, corporal, etc. … las representaciones son parte de un sistema de prácticas sociales y culturales que involucran a un referente, que puede ser real o imaginario… unos agentes que realizan la representación dotados de cierta ideología en un contexto histórico-social determinado y, finalmente, unos receptores que, en el acto de recepción, perciben e interpretan dicha representación. Para los estudios culturales, el concepto de representación sería la consecuencia de una serie de prácticas mediadas a través de las cuales se produce un significado o múltiples significados que no necesariamente son ciertos o falsos, lo cual sugiere una condición de construcción en la que se encuentran implicados los sujetos”.

Para Stuart Hall, según el diccionario consultado (2009) en la teoría constructivista sobre representaciones “subyace que el significado del mundo exterior se construye a través de sistemas de representaciones”. 

En tal sentido, postulo en este ensayo que el sistema de representaciones que configura la narrativa mediante la cual se relató y todavía, en buena medida se relata la historia moderna del Chaco, tiene por representación madre al crisol de razas. 

Releo por estos días los textos periodísticos e historiográficos que dieron cuenta de aquellos acontecimientos históricos que expresaron fuertes conflictos entre los poderes económicos y políticos y los y las trabajador@s que habitaron nuestro territorio chaqueño. Releo también las fuentes insulares que desde el periodismo, la literatura y la historia reconstruyeron los hechos por fuera de los estrechos moldes de las versiones oficiales. 

Pienso, por ejemplo, en las huelgas obreras en el Ingenio de las Palmas en 1919 y 1920 y en el Chaco santafesino, entre 1919 y 1921, por reivindicaciones como las 8 horas de trabajo diario y los más elementales derechos humanos. Pienso en la masacre de Napalpí, del 19 de julio de 1924, tras varios meses de huelga pacífica de los pueblos Qom y Moqoit, acompañados por algunos hacheros criollos, en protesta porque el Gobernador del Territorio Nacional del Chaco, Fernando Centeno no les permitía ir a Tucumán para trabajar en la zafra –les impedía desplazarse libremente de un territorio a otro del país-, porque en esa provincia del noroeste les pagaban poco pero al menos en pesos, mientras que en la reducción de Napalpí lo hacían en vales. Pienso en las más de 400 víctimas de un crimen de lesa humanidad todavía impune. Pienso en las versiones historiográficas oficiales que hasta comienzos del siglo XXI negaban tal masacre, dando por ciertas solo las fuentes policiales y las del periódico oficialista, mientras vivían sus sobrevivientes (hasta el 2008 Melitona Enrique, abuela Qom, hasta 2014 Pedro Valquinta, abuelo Moqoit, y Rosa Grillo, descubierta recientemente, abuela Qom). No indagando en otras fuentes escritas como lo documenta el diario de sesiones de Cámara de Diputados de la Nación del año 1924. Pienso en lo que nos contó la abuela Melitona Enrique en enero de 2008, que tenía miedo a dos uniformes, al policial por la brutal represión sufrida y al docente, porque le habían prohibido hablar en su lengua materna. 

Evoco también las huelgas campesinas, algodoneras, de 1934 y 1936, acaecidas en el interior del Chaco, explicadas historiográficamente por abrumadora mayoría a través de dos versiones: “la teoría del contrato”, centrada en la figura del gobernador José Castells, en su poder de influencia, y la teoría del activismo subversivo-comunista, aplicada para el conflicto de 1936. Julián Herrera, joven historiador, cuestiona la línea historiográfica hegemónica por acrítica y vetusta, porque sostiene que oculta el rol fundamental del sujeto colectivo rural chaqueño, protagónico en 1934 y ausente en 1936, dado que la lucha fue asumida más en términos de vanguardia política. 

No pretendo hacer un listado de todos los conflictos mencionados más arriba. Cada cual podrá agregar mentalmente o por escrito los que considere fundamentales. Mi intención aquí no es dar cuenta de ellos, sino de cómo la representación dominante de Chaco Crisol de Razas se activaba cada vez que irrumpía un conflicto entre un poder fáctico, económico, en alianza con un poder político y las formas organizativas populares que se fueron dando las clases subalternas en el Chaco, llámense trabajor@s indígenas, obrer@s, movimiento estudiantil, campesinos pequeños productores rurales, cooperativistas, Ligas Agrarias, curas y monjas vinculadas con la Teología de la Liberación o los Sacerdotes Tercermundistas y los movimientos políticos que concitaron la adhesión de las grandes mayorías, durante los golpes de Estado o proscripciones. Porque entonces los tres componentes de la argentinidad: aspirabilidad, cultura del trabajo y patriotismo escolar fungían –y siguen haciéndolo aún- como grandes definiciones estigmas: aspirar por encima de las posibilidades de una clase –el dedo acusador dirigido a las más humildes; la política como biología aplicada escribía Bunge- se presentaba como ruptura de un orden natural, como una enfermedad social –hoy se descalifica-patologiza a las ideologías emancipatorias, para vaciar la política y convertirlas en mera gestión y administración de lo dado-; la mirada miope, antipolítica y antiestado que solo es capaz de mirar el esfuerzo y el mérito personal, sin considerar contextos, sin valorar las políticas públicas que son las condiciones de posibilidad material para que tales esfuerzos y méritos puedan prosperar (“todos los políticos son iguales” y “yo siempre tengo que trabajar igual”); y la noción de Patria –formulada de modo unívoco y homogéneo por la oligarquía de fines de siglo XIX- para señalar todo aquello que no lo es: los agentes foráneos, las ideas extranjerizantes, las otredades en fin. Paradojas de paradojas en el Chaco y también en la Argentina: hijos y nietos o bisnietos de inmigrantes se piensan como la Patria, la única, frente a los pueblos originarios, los criollos y antes los nuevos inmigrantes de América Latina y el mundo. Porque hoy la xenofobia, la discriminación y el racismo son elementos constitutivos de un sentido común de derecha formateado y fogoneado desde las usinas corporativas tecnocomunicacionales y digitales de producción de las subjetividades. Un sentido común que avanza muy peligrosamente por todo nuestro planeta. 

*Escritor, docente y editor

  • Fanlo, Luis García (2014). Crisol de Razas y Argentinidad en el Discurso de Carlos O. Bunge. e-l@tina. Revista electrónica de estudios latinoamericanos. Vol. 12, Nº 47. En: https://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/elatina/article/view/228
  • Huergo, Jorge (2015). La educación y la vida. Un libro para maestros de escuelas y educadores populares. La Plata: Ediciones EPC de Periodismo y Comunicación de la Universidad Nacional de la Plata. En: http:// perio.unlp.edu.ar/sities/default/files/la_educacion_y_la_vida_ebook.pdf
  • Diccionario de Estudios Culturales Latinoamericanos (2009). Szurmuk, Mónica y Mckee Irwin, Rober (coord.). Instituto Mora. México DF. Siglo veintiuno editores.
  • Herrera, Julián (2009). Huelgas, balas y piquetes. Los movimientos algodoneros de 1934 y 1936 en territorio chaqueño. Resistencia: Instituto de Cultura del Chaco.

Imagen: https://www.histarmar.com.ar/Puertos/Las%20Palmas/Antiguas/personalx12.jpg


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