Seis tesis para reinterpretar la historia de Resistencia

Por el

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Primera parte.

La narración mítica de la fundación de Resistencia, instaura en nuestras subjetividades y sentido común una mirada que naturaliza los hechos y lejos de indagar en ellos y problematizarlos, cristaliza su relato en una versión única, incuestionable e inalterable. Hace unos años, no obstante, se está deconstruyendo para que asomen las múltiples aristas y perspectivas de nuestra compleja historia.
Por eso en el marco del 141 aniversario de uno de sus hitos centrales, propondré seis tesis sobre nuestros orígenes, el peso de la significación del nombre Resistencia y sus omisiones, para abrir nuestra comprensión a una narración pluriversa de las Historias de Resistencia y del Chaco en clave del reconocimiento de su índole pluricultural y plurilingüe.

Primera tesis:

La inhumana explotación de los patrones de los obrajes del Paraje San Fernando, fue la verdadera causa de los ataques indígenas –Qom y Moqoit-, del 10, 11 y 12 de junio de 1875. Los peones criollos también padecieron de tales abusos. Nuestro nombre, Resistencia, se debe a la palabra que escogieron los defensores del paraje, y en especial de los obrajes –centros de tales ataques-.
Tales aseveraciones están documentadas en el Informe de la Comisión Exploradora del Chaco, elaborada por el ingeniero prusiano Arturo Seelstrang[1] , el 31 de mayo de 1876, así como también en trabajos de Ramón de las Mercedes Tissera[2] y Marcos Altamirano[3].

Nuestro nombre por lo tanto debe ser resignificado polisémicamente, para que no se constituya en resistencia a las culturas de los pueblos originarios, para no sentirlas como ajenas, tampoco para construir oposiciones binarias entre culturas autóctonas e inmigrantes. Culturas de la resistencia entonces.

Resistencias a las condiciones materiales y simbólicas hostiles que dentro y fuera del país unitario nos piensan y sienten inviables, subalternos y carenciados. Resistencia como territorio para proyectar y crear una ciudad pluricultural integrada, superadora de su actual fragmentación y segmentación, re concebida desde la dimensión ambiental.

Segunda tesis:

La fecha 2 de febrero de 1878 es una invención, sin sustento documental ni de testimonios orales. Como lo explica María Silvia Leoni[4] , a partir de 1920 se produjo un debate acerca del papel protagónico de inmigrantes italianos u obrajeros criollos correntinos en la fundación de Resistencia. Primero fue la Unión Territorial del Chaco, integrada sobre todo por descendientes de las familias inmigrantes, quien organizó para el 2 de febrero de 1927 la primera celebración pública del desembarco de los friulanos. En 1928 se realizó la primera conmemoración oficial, con la inauguración del monolito ubicado en el lugar de desembarco. A partir de ese año comienzan a participar los gobiernos territoriano y municipal. El intendente Miranda Gallino, correntino, encargó a Enrique Linchy Arribálzaga los estudios sobre los antecedentes de la fundación. En su informe concluye que correspondía reconocer a un grupo de obrajeros, mayoritariamente correntinos, el rol de primeros pobladores de Resistencia.
En 1935, bajo la intendencia de Juan Ramón Lestani, descendiente de una de esas familias de inmigrantes, la Municipalidad declaró fiesta cívica el 2 de febrero. Sin embargo, la discusión sobre nuestros orígenes siguió, en especial entre Juan Ramón Lestani y el historiador correntino Federico Palma, en las páginas del diario El Territorio. Lestani, como en toda su obra, procuraba forjar una identidad chaqueña autónoma, en particular de la influencia correntina, a la que Silvia Leoni acertadamente caracteriza como “lo otro” –antiguo y tradicional- en contraste con el ímpetu pujante del espíritu inmigrante. Por eso consideraba la celebración del 2 de febrero como la única “propia de los chaqueños. Y denunciaba la histórica tutela y ambición de los gobiernos de Corrientes por estas tierras.

“Llegada de los primeros inmigrantes a Resistencia” Óleo de Alfredo Pértile

Tercera tesis:

La elección del Chaco por parte de los inmigrantes italianos como ratificación de sus sueños de tierra y libertad. El 27 de enero de 1878 como la verdadera fecha de su desembarco, tal como constan en documentos nacionales, de la Dirección de Inmigración, de la Provincia de Corrientes, desde donde partieron el 26 de enero en el Vapor Paraná que llegó al Puerto de San Fernando del Río Negro la mañana del día siguiente, y en la Historia del Chaco de Marcos Altamirano, con la colaboración de Prieto de Dellamea y Sbardella.
Las familias inmigrantes italianas que arribaron en los veranos de 1878 y 1879, lo hicieron porque rechazaron los destinos de arrendatarios que les ofrecieron las autoridades nacionales, en Entre Ríos y Santa Fe. Seferino Geraldi[5], según testimonios de sus abuelos, escribe que como la propuesta no era lo que les habían prometido, eligieron el Chaco, porque aquí tendrían por fin sus propias tierras.

Cuarta Tesis:

Lo “otro” por excelencia en la construcción de la identidad resistenciana es la preexistencia y existencia de Nuestros Pueblos Originarios, como parte constitutiva de nuestros orígenes. Porque casi siempre fueron excluidos de los relatos que mitificaron nuestra memoria, vedando de ella las culturas, lenguas, cosmogonías y memorias ancestrales. Por eso es necesario que nos reconozcamos también en su nombre Qom, Yacaingui[6], que significa tierras onduladas, como nos enseña Juan Chico, las que se resisten al trazado urbano, tal como lo demuestran las ondulaciones de la Avenida Rivadavia. Por eso es imprescindible que asumamos sus problemas y desafíos como propios.

Vale la pena también redescubrir que nuestra ciudad, que ostenta el bien ganado nombre de “las esculturas” esconde en los pliegues de su memoria una ausencia, una escultura desaparecida, la del monumento al Indio Chaqueño, en 1939.

Hace ochenta y un años atrás, en 1938 el Intendente Marcelino Castelán, encargó al escultor criollo Crisanto Domínguez la realización de un monumento al aborigen chaqueño que se irguió en 1939 a la altura de la Av. 9 de julio al 450. Cristanto trabajó en un modelado en pórtland, de 3 metros de altura, que mostraba a un indígena al desnudo, con su cuerpo bien proporcionado.
Imaginémonos la gran escultura de un indígena en una de las calles más transitadas de Resistencia. A los pocos días la figura desnuda comenzó a generar reacciones diversas en la sociedad y algunas voces ciudadanas protestaron en nombre del pudor público. La solución municipal inmediata fue mutilar a cortafierro los genitales de la escultura. El arte fue así silenciado y censurado. Crisanto Domínguez y sus amigos de la Peña Los Bagres, un grupo informal de intelectuales y artistas realizaron un acto de desagravio por el atropello que significaba contra la libertad creativa. Se congregaron con antorchas encendidas hasta donde estaba el monumento y pronunciaron encendidos discursos. Entre los integrantes del grupo también se encontraba el poeta-tallista Juan de Dios Mena. Años más tarde este espacio cultural pionero devendría en dos reconocidas instituciones de la ciudad: el Ateneo del Chaco y El Fogón de los Arrieros.
A pesar de la defensa de la escultura, la intendencia resolvió en una segunda instancia arrojar la obra a los pastizales del actual Parque 2 de febrero, por ese entonces conocido como Lote Rural 200, todavía empleado como primer cementerio oficial de Resistencia y antiguo cementerio indígena.
El historiador Guido Miranda, en su libro Fulgor del desierto verde[7] , escribe que dos obreros gráficos de Villa Perrando la enterraron allí mismo. Tal vez porque les pareció que ese era su destino natural. Aún sobrevuelan historias sobre el indio de Crisanto, que sigue sin aparecer.

La doble censura del Monumento decía sin necesidad de palabras que no había lugar en la ciudad ni siquiera para la representación estética de un indígena. Sobre todo de un indígena desnudo. Porque ya se sabe los desnudos artísticos respondían en Occidente –y todavía lo siguen haciendo, a pesar de que incorporan lo “étnico” como “señal de apertura”-, a un ideal de belleza de índole racial.

Crisanto, un gran narrador y escultor, fue el primer artista de la provincia del Chaco silenciado, siendo a la vez, ampliamente reconocido por los críticos. A través de su obra supo dar voz a quienes no la tenían, en un clima de época conocido como la Década Infame, la de la Concordancia que gobernaba proscribiendo al irigoyenismo, con el fraude patriótico.
81 años después la cultura resistenciana es muy vital, plural y diversa. Sin embargo, todavía no realizamos el desagravio por semejante censura y desaparición. Desde estas humildes páginas, propongo para el 2020 erigir una escultura similar en el lugar original en que fue emplazada por su autor, a través de un concurso provincial, en el marco de la próxima Bienal de Esculturas. Porque las transformaciones de nuestras prácticas sociales se realizan mediante los cambios en nuestras representaciones culturales, es decir, en nuestros modos de mirar y escuchar, de pensar y hablar acerca de esos otros y esas otras que en muchos casos siguen siendo todavía para buena parte de nuestra sociedad los que debiéramos sentir como parte indiscernible del nosotros comunitario. Para que, en tiempos de rebrote de las diversas formas de discriminación y xenofobia, nuestro mejor antídoto sea concebir nuestras formas de vidas comunitarias desde la interculturalidad y el plurilingüismo, paradigma que lejos de evitar el tratamiento de los conflictos, asume el desafío de saber tramitarlos. Y qué mejor que hacerlo, en este caso, a través del arte que distingue a nuestra ciudad.

Segunda Parte.

Quinta tesis:

Para convertirnos en una ciudad y en una provincia pluricultural y plurilingüe debemos superar las etapas de los relatos monoidentitarios que a la vez que afirman la preeminencia de una cultura o tradición niegan, excluyen o vedan a las otras culturas, lenguas y tradiciones. En tiempos civilizatorios de nuevos brotes de furias racistas y discriminatorias, hay que recobrar las voces indoamericanas que nombran a nuestro territorio, porque en ellas están los sentidos largamente ocultos o silenciados.

Según Tissera (2008) en la voz aymará, Chac’ co era una especie de arcilla con la que se elaboraba cierta cerámica de mucha demanda en el mercado altoperuano. En el idioma runa-simi de los Quechua incásicos, en cambio, Chacú tenía otro significado: coto de caza, sistema de cacería. Pero Tissera (2008) explica que el historiador jesuita Pedro Lozano, en el siglo XVIII advierte que para los pueblos originarios que habitaban el Chaco esa palabra significaba “reunión o junta de naciones”.

Para los Qom, por su parte, nos explica el historiador chaqueño Juan Chico[8], nuestro nombre Chaco tiene dos acepciones. Por un lado, Sha’coxoi que es pescar; algunos dicen sha’acoxoc, porque la “x” es una “g” cerrada. Por otro lado, “Chaico” significa en su traducción qom palmeras o tierra de las palmeras, por la presencia de las mismas en gran parte de nuestra provincia, principalmente en zonas ribereñas o de grandes aguadas, en donde elegían asentarse las comunidades, verdad. Algunos también dicen Sha’acuxoc.

Esas tres voces nos nombran entonces. Porque venimos de Nuestros Pueblos Originarios. Porque venimos también de los afrodescendientes que llegaron hasta aquí escapando de la esclavitud en la década del ’70 del siglo 19, de la infame Guerra de la Triple Alianza. Porque venimos de aquellos criollos pobres que pusieron su trabajo y esperanzas para conquistar su lugar en el mundo. Porque venimos de las y los inmigrantes que buscaron en nuestras tierras lo que en sus solares natales les estaba vedado.

Porque otros caminos se abrirían si deseáramos ser no un crisol de razas, que alude al caldero en el que se funden y extravían las culturas y lenguas diversas, sino la unidad de lo diverso para la búsqueda de un horizonte colectivo.

Sexta tesis.

Resistencia debió ser una ciudad lacustre. En 1878 estaba rodeada por los ríos Paraná y Negro y el riacho Arazá y por 80 lagunas. Hoy el Arazá está casi desaparecido y solo quedan 29 lagunas, muy reducidas en sus dimensiones. La ciudad creció a espaldas de las condiciones que le ofrecían como posibilidad y como límites esos ríos, riacho y lagunas. A pesar de las lecciones que debió darle el comportamiento de los ríos en las dos tempranas inundaciones: 1878 y 1905, y las de 1966 y 1983, se expandió sobre el este y el norte, sus zonas más vulnerables. Porque la ciudad se fue metiendo dentro del valle de inundación del Río Negro.

Zona de la Laguna Argüello (foto Jorge Tello)

“El Área Metropolitana del Gran Resistencia (AMGR) se localiza en esta planicie aluvional dominada por la acción de tres cursos de agua: el río Paraná, que discurre en dirección norte-sur y limita el área urbana por el este a través del riacho Barranqueras; el río Negro y el riacho Arazá, que respetivamente recorren en dirección este-oeste el norte y sur del AMGR, para desaguar luego en el Paraná. Una serie de lagunas semilunares –restos de antiguos meandros del río Negro- completan el sistema fluvio lacustre local, directamente regulado por las fluctuaciones del Paraná”. Cabe recordar que el extenso espacio ocupado por el conurbano contenía originalmente, al fundarse la colonia, 80 lagunas de las cuales solo quedan en la actualidad 29; no está demás decir que éstas desaparecieron tapadas por relleno sanitario…[9]”

Escribo este texto a semanas de la situación de catástrofe que vivimos en nuestra ciudad por las excesivas lluvias que afectaron a más de 25 mil personas, porque en menos de 24 horas llovieron 250 mm. Escribo estas líneas para proponer que superemos las miradas cortoplacistas de buscar chivos expiatorios políticos en un año electoral. Primero, porque como lo afirmó en 1995 Pilar Yolanda Serra (en Alberto, J.A., 2007), el espacio sobre el cual se fundó nuestra ciudad no era el adecuado. Segundo, porque la planificación urbana y la construcción de su territorialidad no contempló, como escribí más arriba, las peculiares condiciones que le ofrecía el particular ecosistema conformado por ríos, riacho y lagunas. Porque ese ecosistema fue avasallado. Tercero, porque el crecimiento urbano de Resistencia, como producto de las sucesivas migraciones rurales, causadas por las políticas neoliberales de la globalización, crearon anillos de asentamientos precarios, muchos de los cuales se asentaron, precisamente, en zonas inundables, lo que ahora vuelve a pasar, porque nos gobiernan otra vez bajo las mismas políticas.

En síntesis, lo que quiero afirmar aquí es que existen responsabilidades políticas y sociales compartidas a lo largo de toda nuestra historia. Esto, por un lado. Pero también que debemos ser capaces de reconocer que vivimos en el contexto del tercer ciclo de desresponsabilización del Estado Nacional de su rol de garante de derechos, lo que se materializa en una recentralización de la riqueza producida a nivel nacional, en desmedro de las provincias, a quienes se les transfieren responsabilidades de financiamiento que hasta ayer nomás correspondían al Estado Nacional, como lo hicieron la dictadura del ’76 y Menem en los ’90. Porque las obras estructurales de infraestructura que permitirán resolver los problemas históricos y actuales que soporta Resistencia deben ser financiadas por el Estado nacional, tal como están contempladas, iniciadas y estancadas. Así como también defendidas como necesidad imperiosa por el gobierno provincial.

Sin embargo, nos debemos un debate como resistencianos y resistencianas, para repensar Resistencia como ciudad y nuestra vida como ciudadanos y ciudadanas. Nos debemos un debate como chaqueñas y chaqueños para incorporar definitivamente la dimensión ambiental en nuestro concepto de desarrollo, que debe ser reformulado para pensar por fuera de los modelos clásicos desarrollistas, extractivistas y del modelo productivo de sojización que empobrece y desertifica a la tierra y a quienes la habitan. Porque las consecuencias del cambio climático son irreversibles. Porque en los últimos tres años nuestra provincia es la que mayor deforestación provocó en la Argentina. Porque la Ley de Bosques, sancionada en el 2007, no se cumple. Porque la ley provincial de Biocida tampoco y los efectos de la fumigación con agrotóxicos sigue enfermando a nuestros habitantes.

Un nuevo proyecto cultural –de ecosistema cultural-, de una nueva forma de construcción de la territorialidad que necesitamos para dejar de vivir a espaldas de la naturaleza que todavía nos cobija. Porque como piensan nuestros pueblos originarios la tierra no nos pertenece, sino que nosotros pertenecemos a ella.

 

Francisco Tete Romero (escritor, docente y editor).

[1] Seelstrang, Arturo (1977). Informe de la Comisión Exploradora del Chaco. Buenos Aires: EUDEBA.

[2] Tissera, Ramón de las Mercedes (2008). Chaco, Historia General. Colección Rescate. Resistencia: Librería De la Paz.

[3] Altamirano, Marcos. Origen del nombre “Resistencia” Capital del Chaco. 21 de noviembre de 2017. Historia del Chaco. En:

http://marcos-altamirano.blogspot.com/2017/11/origen-del-nombre-resistencia-capital.html

[4] Leoni, María Silvia (2003). Los festejos de la ciudad: un aniversario para Resistencia. Instituto de Historia, Fac. Humanidades, UNNE. En: http://www.unne.edu.ar/unnevieja/Web/cyt/cyt/2002/02-Humanisticas/H-003.pdf

[5] Altamirano, Marcos, Dellamea de Prieto, Alba y Sbardella, Cirilo Ramón (1987). Historia General. Resistencia: Dione.

[6] Geraldi, Seferino (2017). Lo que me contaron mis abuelos. Páginas Históricas del Chaco. Colección Los Imprescindibles. Resistencia: Editorial Contexto.

[7] Chico, Juan. Yaicangui o Resistencia. Texto todavía inédito. Cuento con el permiso del autor para este adelanto.

[8] Miranda, Guido (2009). Fulgor del desierto verde 1925-1947. Colección Rescate. Resistencia: Librería De la Paz.

[9] Alberto, Juan Antonio (2007). La vulnerabilidad ecológica: entre lo ambiental y lo social. El caso del área metropolitana del Gran Resistencia. Resistencia: RIUNNE. Recuperado de http://hum.unne.edu.ar/publicaciones/instGeo/digitales/vulnerabilidades/archivos/cap4.pdf

 


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