Julieta Ramos y la poesía como perturbadora de conformismos

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Esta semana les propongo incursionar otra vez en la poesía, para leer el libro “Disculpen las molestias”, de la joven Julieta Ramos, publicada recientemente por la Librería Editorial Contexto.

La poesía es celebración de la polisemia frondosa de la vida y de los múltiples lenguajes que intentan traducirla, rozarla, verle sus rostros y las siluetas sinuosas siempre nómades de sus cuerpos. Pero esa celebración no es inocente ni sencilla. Exige de nosotros un cierto estado, una mirada y escucha atenta.

Así me dispuse para leer este muy buen libro de Julieta Ramos. Disculpe las molestias se llama. Y su título es muy ajustado. Ya lo veremos.

Leo ahora uno de sus poemas. Dos pies

“Dos pies / miran / la caída / de/ una / lengua / en / una / boca / ajena/ carnosa/ mojada,/ suerte / que/ se llevan / tan bien, / piensan, / que ninguna / se resiste/ a / la / otra”.

La poesía pone al lenguaje en estado de emergencia escribió en 1965 Gastón Bachelard en Poética del espacio, porque la insular forma de tratarlo y de abrirle nuevos sentidos surgen de una violación del código lingüístico en todos sus órdenes. Porque la poesía dice lo indecible y por eso deconstruye el lenguaje para fundar desde otra lógica lo imposible deseable que descubrimos como deseo y horizonte propio cuando nos conmovemos leyendo, cuando nos movemos entonces de los lugares comunes que fosilizan los cuerpos, los sentidos y el lenguaje.

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Por eso Julieta en su poema Traducción se interrogará y nos interpelará:

“a qué me parezco si no es al cielo

en qué me diluyo si no es en mí misma

de dónde renazco si no es del caos

de dónde me alimento si no es de las utopías

no son autoalabanzas;

todos debemos sabernos así de milagrosos”.

Eros y tánatos en tensa convivencia, habitándose y deshabitándose mutuamente, en metamorfosis constante. “Soy / una bola de fuego que baila / en la superficie del agua. / Así de cínica es mi carne y así de imposible / mi búsqueda. / En cada rincón del mundo / planeo burlar la muerte”. Eso escribe Julieta en su poema Demasiadas preguntas.

“Y aunque siempre pierdo, lo reintento

como el brote que renace de un árbol talado.

Mi objetivo es preciso:

vivir en un columpio vertiginoso y libre

que liquide desesperanzas y socorra voluntades.

A veces vuelvo a nadar en aguas imaginarias;

no fatalizo la muerte

pero ella me hace demasiadas preguntas”.

Por eso esa tensión discurre entre poder y poder, verse o no verse en un espejo, desear y congelar el deseo, estar y no estar o estar siendo como piensan y sientes los aymirá y nos lo redescubrió Rodolfo Kusch. Morir y renacer, evaporarse y reverdecer, como en Lepidóptera: “En metamorfosis constante, / dentro de mi crisálida, / me deshago y me inundo, / me aferro y suelto. / Inhibo mis cortejos pues lo que nace / en mí / tan de a poco, / son alas. / Y el ensueño me protege del deso / de volar. / Cuando ese momento llegue, / e invierta mi mañana libando néctar, / seré colores/ en alas / mártires y volátiles/ como mi vida”.

“Principios de llanura, inconscientes / como todo sendero prehistórico al desierto. / Camino pisando el césped frío. / Mi sangre hace metástasis de calor y vibra. / Ningún puño nace vacío, ningún anhelo nace quebrado. /Resguardo la palabra entre los dedos, / no hay magia en ojos ciegos. / Me expando en círculos aleatorios hasta una guarida / que contiene todos los amuletos necesarios / para continuar el camino. / No hay rostro cuando observo el espejo, / y sin embargo, todo aquel que me mira sabe quién soy. / No hay piel cuando la quemo con fuego, y sin embargo, / todo lo que toco se vuelve cicatriz en mí. / Me despierto en penumbras y en penumbras nado. / No sostengo ningún afán de mentirme en los reflejos”.

Otra vez la vibra filosa de su poema Demasiadas preguntas.

Y escribirá en Ahora no estoy

“Puse reversa a mis deseos, / culminé en las puntas de mis pies, miré a mi soledad y sonreí, / la musiquita me hizo feliz, entonces empecé a recolectar / las palabras tiradas en el piso / (que es como recolectar pedazos de mí), / y me dispuse a escribir visiones / que nadie comprendiera / y en lo absurdo, dibujarme / con un lápiz impreciso. / Lentamente me evaporé, / me alejé de las cosas vivas, / supe que el corazón es / sólo un músculo sin secretos / y que los pies no pueden pesar / más que el alma. / Liviandad, / viaje, / ad infinitum… / como toda imposibilidad, / así me siento”.

Y todo se explica al final para abandonar todo explicación lógica, en el poema Cuartel del diablo (en p. 43).

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Hay luego dos itinerarios más en el tríptico que es Disculpe las molestias. En caso de emergencia, rompa el vidrio con un martillo. Y en sus poemas pasearemos en un bondi urbano por la Resistencia creada y recreada en esas páginas por la poesía de Julieta. Y sus poemas entonces nos auxilian para romper ese vidrio que tanto nos impide ver, ese vidrio que llevamos dentro como anteojaras pintadas de paisajes monocordes. Porque la poesía, decíamos, pone al lenguaje en estado de emergencia. Molesta, incomodad, nos saca fuera de los cómodos lugares comunes.

Fin de recorrido. Tercer itinerario. Anatomía de un espejo y ahora esa musiquita que nos entibia e ilumina por dentro viene del palo de la música, del flaco Spinetta y su temón Y tu amor es una vieja medalla, de Luca Prodán, Boy Dylan, Miguel Abuelo, Pink Floyd. Amuleto antídoto en este viaje que nos propone Julieta.

Y por fin, como escribe en su último poema:

“Amanecí en otra especie

con olores a sándalo, con fiebre en la piel.

Amanecí un día, embriagada,

dándome vueltas las nubes,

los sonidos, las pestes,

doliéndome las entrañas un poco.

Me encegueció el sol pleno

pero también la nieve.

Es que amanecí de repente,

todavía feto, todavía semilla,

todavía lúpulo.

Me estampillaron, con furia y sin piedad

en su escupitajo hacia la vida.

El alba serena me condujo felizmente

Al cementerio donde morían mis dudas.

Por fin”.

 

Julieta Ramos. Poema: Modo automático (audio)

 

 


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