Memoria, cuerpxs e identidad

Por el

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Por Emilia Romero

En tiempos que rebrotan de reencuentro

CRÓNICA DE UNA REINAUGURACIÓN para el TRABAJO DIGNO.

SI HACER MEMORIA es RECORDAR, entonces me brotan sentipensares desde las entrañas. Como nos lo enseñara el querido Eduardo Galeano, recordar -de «re-cordis»- es volver a pasar por el corazón.

El confinamiento no siempre ha sido entendido en sus posibilidades de descubrires profundos para las personas. Todo lo contrario, tendemos a valorarlo negativamente, por lo que tiene de libertad coartada. Idea y sentir de primer momento que pareció generalizarse en este último pandémico 2020. Personalmente, y por sobre las crisis de ansiedad que descubrí en mí, pude sin embargo considerarlo desde otro lado. Revisarme en oportunidades para crecer humanamente un poco más. Mi empatía (sobre todo social) se interpeló con esto de observar los contextos individuales, «los privilegios», lo que toca a cada une asumir, lo que no. La capacidad de discernir (una vez más) la información que se intercambia o manipula, estuvo muy activa. Abracé la posibilidad de verme frente a frente con mis propias limitaciones y vulnerabilidades que, en otras ocasiones, hubiera seguido ocultando. Pude encarnar la realidad (bellísima, por otra parte) de precisar de otre para cubrir necesidades tan básicas, no sólo como la llegada del alimento a casa o a las de mis madres muy mayores, sino de aquella del abrazo justo en noches de insomnio, el gesto cercano de la complicidad, las manos que secaron la lágrima o sacudieron el esqueleto hasta el cansancio, con una pasión compartida. 

Me detengo, paro, miro lo que escribo, siento, pienso… Estas tres últimas menciones tienen en común que refieren a una realidad que me late (desde siempre): el cuerpo. El cuerpo primero, el propio, el íntimo, el que gozo y dejo ser o limito. Y el cuerpo colectivo, el que es con otres, el que sucede cuando elijo también compartirme, el que se arma entre varies, cuando avanza en red o zigzagueante. Me doy cuenta de que son, entonces, muchxs cuerpxs . Que además de personal y colectivo, son también físicos, mentales, energéticos, espirituales. Esa realidad corpórea fue una realidad altamente inestable; por momentos, inmovilizada y otras veces, sacudida, quizá cercenada también. Pero hoy, altamente deconstruída y en re-construcción. Avanza con intuición.

Cierto horizonte pude verlo con claridad este último sábado…

   Como la Abue (Ayacucho 59, en Resistencia) es un sentido y tremendo proyecto nacido del corazón de dos seres fundantes, Mara y Chino (y los equipos que supieron construir), un nuevo espacio gastronómico y cultural que se abre para la ciudad de Resistencia y que invita con opciones variadas, diversas y riquísimas de alimento para el cuerpo y alimento para el alma.

   El sábado 6 de febrero de este aún pandémico 2021, reinauguró con una propuesta musical de Candombe Canción en las interpretaciones de otres seres que vibran también muy alto. Con todas las reservas de lugares colmadas, personas conscientes de un protocolo que nos presenta nuevas formas de compartirnos, perosobre todo, conscientes en la necesidad de este latir que pedía el reencuentro a flor de piel.

Fue inmediata la magia desplegada por la sensualidad de sabores, aromas, sonidos, colores que se expandieron esa noche, tanto como miradas que se intercambiaban en absoluta confianza de sabernos donde teníamos que estar.

Es que para le chaqueñe, si hay algo que conforma su identidad, es la gana de veredear compartiendo. Y así fue que esa noche, ganamos la vereda de nuevo.

El rebrote del reencuentro estalló, literalmente, en lxs cuerpxs, con la danza que nació espontánea, al poco tiempo de oír las canciones desde las mesas. Así, sin coreos, de pleno goce, danza compartida y sin más regla que la del estar aquí-y-ahora siendo sudor, piel de gallina, agitación o trance, siendo con une misme/con otres, para todo lo que fuera necesario sacudir, sobre todo ese lastre de pensamientos caducos, creencias limitantes, sinsabores de viejos mandatos que ya no sirven. Fue transitar una limpieza profunda de estructuras que nos suelen enfrentar en opuestos sin resolución o de resolució violenta. De verdad, siento que si danzáramos más y en comunidad, nos pelearíamos menos.

Limpieza, porque los tambores, la guitarra, el bajo, las voces nos condujeron por ese sendero infinito que despierta la música que toca la fibra. Como un mismísimo ritual nos pudimos regalar a nosotres mismes, la experiencia de la catarsis necesaria para volver a ser, de nuevo, parte de un mismo tejido que se retroalimenta, devolvernos el estallido divino que nos genera la cercanía de otro ser humano. Una cercanía que es física, emocional, energética y espiritual a la vez, que se vuelve danza que nos danza, que invita a ser mientras estamos siendo. Cercanía que permite desmoronar aquellas estructuras jerárquicas que en otros ámbitos manipulan, oprimen, nos quitan de nuestros ejes, de nuestro centro-ser. 

Las risas mixturaron con lágrimas y me (nos) seguirá decantando la información que llega de estas vivencias que nos pudimos dar. Experiencias libertarias, si las hay: trabajo digno, emprendedor y autónomo  que pudo y podrá manifestarse para muchas familias,  con el esfuerzo y la convicción de las oportunidades que nos sabemos abrir; proyecto musical y profesional para artistas de tamaña formación y humanidad; deseo plasmado de amigues y público en general,   que conformó esa noche la gran ronda de un hecho co-creativo, de disfrute pleno y compartido;  del derecho a tramar formas de cultura en una ciudad que reconstruye su identidad  permanentemente. Finalmente, vivencia conciente -también libertaria- de un Gran Espíritu que todo lo sobrevoló, será PachaMama, Mae Iemanjá o Fuente Divina, que nos devuelve la certeza de sabernos red en todo. Que nuestros aportes y estar donde elijamos, lleve la conciencia de lo que somos capaces de movilizar. El movimiento es constante. Los efectos también.

En el presente, este bar cultural como otros, encuentra el desafío de redefinirse dadas las pautas de contexto, a veces, bastante inciertas. Tiene bases sólidas: abraza la inclusión y el respeto de las diversidades; sostiene un entorno cuidado para disfrute de todes; lo guía una producción artística con claro propósito de artistas y público en comunidad y con vistas hacia la trama de la tan deseada red-circuito cultural de estos espacios comunes en la ciudad. Para esto último, claro, sería oportuno contar con la mirada atenta y las articulaciones precisas de los organismos hoy a cargo de gestar políticas públicas en estos horizontes. Lo imagino- lo sueño: artistas-emprendedores-comunidad-organismos que acompañen, cuatro patas para la mesa del gran banquete esperado.

GRATITUD  a  Como La Abue: Mara Chejolán. Chino Zalazar, Familias y Equipos

GRATITUD a Candombe Canción: Lara Anchorena, Clyo Taglioretti, Dacota del Norte, Ori Robledo, Tony Romero, Alito do Repique, Tefi Enciso.

GRATITUD a Todes quienes Estamos Siendo.

¡Salú por lo que Ya Es!

Emilia Romero (@semiliaromé)


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