Chaco se metió en la guerra del cerdo: dudas y riesgos del convenio con China

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*Por Bruno Martínez

China necesita cerdos y el Chaco se los puede dar. Este es el apotegma que sostiene Jorge Capitanich, quien se convirtió en el primer gobernador en firmar un convenio con capitales chinos para la producción intensiva de carne porcina con destino al gigante asiático.

Las promesas de bonanza económica, productiva y de puestos de trabajos son muchas. Sin embargo, organizaciones sociales, un sector de la producción y de la comunidad científica, ambientalistas y activistas sostienen que el costo de esta tentadora lluvia de inversiones es demasiado alto. 

Pero vayamos a la gacetilla de prensa que envió el gobierno del Chaco en la noche del 29 de octubre. Con el título “MÁS EMPLEO Y EXPORTACIONES: CHACO PONDRÁ EN MARCHA TRES COMPLEJOS PRODUCTIVOS PORCINOS INTEGRADOS Y SUSTENTABLES”, la información oficial destacaba que “el gobernador Jorge Capitanich suscribió en Buenos Aires con la empresa de capitales chino-argentinos Feng Tian Food (FTF) un convenio de cooperación que posibilitará la puesta en marcha en la provincia de tres complejos productivos porcinos integrados y sustentables con destino a exportación”.

RCsolicitó detalles al gobierno chaqueño respecto del acuerdo. Quién los suministró fue el ministro de Industria, Sebastián Lifton, aunque sólo envió una minuta describiendo el contenido del mismo.

En el texto se aclara que la carta de intención entre el Chaco y la empresa FTF no contempla la instalación de las cuestionadas mega factorías integradas de 12 mil madres cada una (tal cual lo establecía el preacuerdo de China con Cancillería), sino que se propone un modelo alternativo.

Este modelo “a la chaqueña” contempla tres polos productivos conformados por cinco granjas cada uno con una planta de faena por complejo. En cada granja, en lugar de 12 mil, habrá 2400 madres. Esto hace un total de 15 granjas y 36 mil madres. Cada parte del complejo estará agrupado en un radio de 100 kilómetros a la redonda. Uno se ubicaría en el noreste, otro en el centro y el restante en el sudoeste del Chaco. Para que esto se concrete, la firma china se deberá asociar con productores locales.

En esta propuesta se plantea además la construcción de dos frigoríficos para la zona centro y sudoeste de la provincia. Los complejos tendrán además generación eléctrica por bio-digestores (producción de energía con excretas de cerdos) y planta de biodiesel integrada.

El gobierno aseguró también que no habrá necesidad de aumentar la producción de soja y maíz para alimentar al ganado porcino ya que se consumirán, por complejo, 32.300 toneladas de soja (“Chaco produce 1,6 millones de toneladas al año”) y 87.400 toneladas de maíz (“la provincia produce 1 millón de toneladas al año”, recordaron desde el gobierno).

Finalmente, se plantea como horizonte la creación de 360 empleos directos por unidad productiva (1080 en total) y una inversión por complejo de 129 millones de dólares (387 millones de dólares en total), la cual podría ser financiada con créditos de bancos chinos y argentinos, y también con bonos provenientes de fondos de garantías, tanto nacional (Fogar) como provincial (Fogach). Todavía no se sabe, y desde el gobierno nadie lo aclaró, cuántas toneladas se proyecta exportar a China con este esquema. Según se informó, este proyecto tiene el visto bueno de los empresarios chinos.  

“Nosotros planteamos que, desde Chaco al menos, hay que trabajar sobre modelos que ya han demostrado funcionamiento ordenado”, explicó Lifton en declaraciones a Radio Facundo Quiroga. “Modelos que no tiene impacto negativo en el ambiente, ni impacto sanitario y que, en términos de productividad, funcionan. En este sentido, Frigoporc es el principal ejemplo, con más de dos mil madres en producción”, aclaró al referirse al establecimiento ubicado en General Vedia, propiedad del empresario imputado en reiteradas ocasiones por evasión impositiva (ver aquí y aquí), Oscar Korovaichuk.

De todos modos, a pesar de que parecería ser un proyecto menos agresivo con el ambiente, así como está, el modelo chaqueño plantea dudas y riesgos. ¿Cuánta agua necesitarán en total los tres polos productivos que se proponen instalar en una provincia con serios problemas de agua? ¿Son inocuas estas granjas? ¿Qué impacto ambiental tendrán? ¿Se tiene certeza de que no son posibles focos de nuevas zoonosis? ¿Cómo afectará a los pequeños y medianos productores locales? ¿Será un negocio para pocos? ¿No hay otra alternativa que no sea de producción intensiva? Todos estos son aún grandes incógnitas por develar.

Negocios

Carla Colombo, artista e integrante de la agrupación ecologista Somos Monte, consideró que la manera en que se “negocian estos proyectos es turbia y oscura”. Denunció que desde agosto su organización está solicitando por las vías formales información sobre la instalación de estas factorías porcinas en territorio chaqueño, pero aún no tuvieron respuesta.

Foto de Somos Monte

Calificó en este sentido que es una “aberración” plantear este tipo proyectos que demandan el consumo de miles de millones de litros agua en territorios donde históricamente se padece la falta de agua, y donde actualmente se está atravesando por un período de sequía extrema sin precedentes.

Además, aseveró que el número de madres que plantea la propuesta del gobierno chaqueño sigue siendo enorme en términos de impacto sanitario y ambiental. “El riesgo de potencial pandémico sigue existiendo con esta propuesta del gobierno”, dijo Colombo en diálogo con RC.

La activista también indicó que este tipo de planes productivos funcionan como “punta de lanza” para instalarse en los territorios y partir de ahí aumentarlo e intensificarlo.

“Este proyecto no hace más que perpetrar un modelo de producción extractivista, contaminante y de exterminio de nuestros montes nativos y su biodiversidad, que Chaco ya viene padeciendo con el sistema de producción de monocultivos de transgénicos instalado en nuestros territorios desde 1996 y que se intensificará aún más con la instalación de estas factorías de industrialización, tortura y hacinamiento animal”.

Por su parte, Ana Nicora, referente provincial de la CANPO (Corriente Agraria Nacional y Popular) y Secretaria del Interior de la CTA Chaco, consideró que el convenio de producción porcina tiene racionalidad “en lo teórico” ya que, en principio, “se dice que busca agregado de valor en la zona, creación de empleos y mejor aprovechamiento de las ventajas comparativas de contar a mano con los granos que asegurarían la alimentación de los porcinos, y de paso aportar divisas al país por su exportación”.

Ana Nicora

“Lo que sigue en discusión es, por un lado, la escala de mega granjas (y el impacto ambiental zonal que implica) y, por otro lado, el no poner en agenda que esta alimentación cercana consolida el modelo agrotóxico-intensivo actual, y no se propone una transición hacia la producción de granos más sustentable”, remarcó en declaraciones a este blog.

Para Nicora, es necesario que se brinde mayor información respecto de cómo se piensa encarar los puntos críticos aún no informado públicamente como, por ejemplo, la inclusión social de los productores chaqueños en este proyecto, la alimentación con granos que llevan impregnados agrotóxicos y la provisión de la gran cantidad de agua que exige producir cada kilogramo de cerdo exportable.

La dirigente de CANPO recordó además que, de acuerdo a un informe elaborado por la Universidad Nacional de Rosario respecto al impacto de las mega granjas porcinas en EEUU, el impacto de estas mega factorías es “muy nocivo”. “Impactos ambientales en el aire, agua, suelo, contaminantes de suelo, agua y proliferación de enfermedades sobre la salud humana de la población circundante y de los y las trabajadoras, son algunos”, explicó.

“Estamos de acuerdo con venderle producción a los chinos y a cualquier país del mundo, pero desde el punto de vista de nuestros intereses y no desde el de ellos”, señaló el diputado provincial del Partido del Trabajo y del Pueblo e integrante del interbloque oficialista Frente de Todos, Rodolfo Schwartz.

Según datos de la Subsecretaría de Ganadería de la provincia, hasta abril de este año, Chaco contaba con 283 mil cabezas de ganado porcino, 86 mil cerdas reproductoras y 15 mil productores porcinos, de los cuales sólo 21 tienen más de 500 cerdos. Es decir: la provincia tiene en su gran mayoría pequeños y medianos productores. Para Schwartz, un modelo de producción porcina para exportación tiene que tener en cuenta principalmente a este último sector de la producción.

“Está en discusión en la Argentina y en el mundo, como producir y en beneficio de quienes. Está en discusión si pocos megaproyectos como estos y producciones de gran escala o muchos de pequeños y medianos productores, beneficiando a miles y no a un puñado que termina decidiendo cuando compra y cuando deja de comprar. La Forestal es un ejemplo de la supuesta generación de trabajo con inversiones extranjeras que depredaron todo y luego se fueron”, recordó en diálogo con RC.

El legislador reconoció que se pueden producir cerdos para beneficio de las mayorías, tanto de los que las producen, como de los que la consumen. “Criados en condiciones dignas, sin hacinamiento, libres de estrés, de anabólicos, sin despilfarro de agua y altamente peligrosos para las crisis contaminantes que en la práctica muestran que generan”, afirmó.

Soledad Barruti, periodista que trabaja en temas vinculados a la alimentación y la industria alimentaria, consideró que es “perverso” que, en el Chaco, con los problemas hídricos, de pobreza y de hábitat que existen, se piense en establecer este tipo de emprendimientos.

Soledad Barruti

“En ese contexto, donde además lo que abunda es la depredación absoluta de la naturaleza y la entrega de los territorios a la explotación de los agronegocios, además de eso, hacer un acuerdo para producir carne para otro país, me parece perverso”, sostuvo a RC.

Hernán Giardini, coordinador de la campaña de bosques de Greenpeace, coincide en que la instalación de estos polos de producción porcina serán solo la cabecera de playa para luego aumentar el volumen de animales en cada granja y así profundizar la presión para ampliar la frontera agropecuaria, con los consecuentes desmontes y pérdida de biodiversidad.

“No existe negocio que se pare antes. Además, hace más rentable el negocio agropecuario. Por ende, habrá más intenciones de aumentar superficie de los productores y más desmontes. Esto no es un modelo agroecológico. Es un modelo industrial enfocado en exportar, no en alimentar a los chaqueños. La soja y maíz de Chaco se exporta vía puertos de Rosario y ahí se va bastante dinero en flete. Ahora se ahorran eso y será más rentable. Chaco fue la que más desmonto en los últimos 3 años. Y sin prohibir y penalizar desmontes antes, no deberían avanzar con ningún proyecto de escala que les da más margen a lo agropecuario es ir contra el bosque”, sostuvo Giardini en declaraciones a este blog.

Otro problema que también se plantea es el uso de antibióticos en estos establecimientos y los peligros que esto conlleva. Según recuerda el libro “10 mitos y verdades de las mega factorías de cerdos”, el 80% del consumo total de antibióticos se administra a animales sanos, criados de manera industrial intensiva, con el propósito de estimular su crecimiento para optimizar el rendimiento económico.

En general, sostiene la publicación, la ganadería industrial utiliza muchos más antibióticos que la medicina humana, y se trata de antibióticos estructuralmente similares a los empleados en las personas. La mayor parte de los antibióticos que se administran a animales terminan en el ambiente, en la medida en que estos animales excretan hasta el 90% de los antibióticos en sus heces.

“La amplia utilización de antibióticos en la cría intensiva impacta negativamente en la salud animal y humana, porque contribuye a la proliferación y propagación de colonias de bacterias resistentes que se diseminan tanto en cursos de agua (superficiales y subterráneos) como en suelos, generando un gran riesgo sanitario”, advierten los autores.

Damián Marino, doctor en Química e investigador de la Universidad Nacional de La Plata y el Conicet confirma esta aseveración. En declaraciones a Radio Nacional Resistencia, el científico reveló que desde hace cinco años abrieron una línea de investigación sobre antibióticos de uso veterinario en el ambiente, “que lo usa tanto la cría porcina, la avícola como los feedlots”.

“Con lo que hoy hay en Argentina, no con lo que va a venir, hemos encontrado distintos antibióticos en ríos de distinto cauce, en algunos puntos del río Uruguay, del río Paraná, en el delta del río Paraná. Esto ahora ya está presente en el ambiente”, afirmó.

“En la concentración y en el número de animales se generan grandes emisiones de excretas en un solo lugar y eso termina afectando, por ejemplo, cuerpos de agua donde tenemos agua para consumo, para recreación, por el ingreso de nutrientes y este tipo de antibióticos”, añadió.

También planteó que “el otro gran problema es tener los sistemas de cría que son demandantes de estos insumos y lo que generan los microorganismos, las bacterias de estos animales se vuelven resistentes a los antibióticos y terminan apareciendo en el ambiente bacterias resistentes a antibióticos y que tienen alta probabilidad de llegar a las personas, como la salmonella y la escherichia colli”.

“Beneplácito”

A pesar de estos cuestionamientos y señales de alerta, los diputados provinciales del Frente de Todos, Juan Manuel Pedrini y Nadia García Amud presentaron un proyecto de resolución ante la Legislatura chaqueña para expresar “beneplácito” con motivo de la firma del convenio de cooperación, entre el gobierno del Chaco y la empresa de capitales chino – argentino Feng Tian Food.

RC consultó a ambos legisladores respecto de los fundamentos de esta iniciativa. El que respondió fue Pedrini. El diputado enumeró cuatro motivos: “En primer lugar, desde hace años se viene hablando de la necesidad de convertir nuestros granos en carne. En segundo lugar, la generación de empleos directos e indirectos. En tercero, la radicación de inversiones y en cuarto, la generación de divisas”, detalló.

J.M.Pedrini

En cuanto a los cuestionamientos que se le realiza al proyecto, Pedrini fue muy directo. “Me parecen exageradas y alarmistas. Lo mismo hicieron años atrás en La Leonesa con plantaciones de arroz. Decían que envenenaban al pueblo con glifosato y hoy crían pacú, en los supuestos campos envenenados”, recordó, en referencia a las denuncias realizadas por vecinos del mega emprendimiento de la familia Meichtry, dueños de la firma Pacú Teko (se puede leer sobre el caso aquí y aquí).

Capitanich también salió a defender el proyecto de manera inusualmente dura. “Los que opinan lo hacen desde el desconocimiento”, afirmó en una entrevista con el portal Nea Hoy. Y tildó a los cuestionamientos de “ideologizados”.

“Cuando se produce un proceso de ideologización respecto a ciertas cuestiones ambientales, no se trata de tener sustentabilidad, sino de una estrategia política. Conocemos muy bien a los actores y sabemos para quién juegan, es muy fácil decir y hacer desde una oficina”, dijo el gobernador.

“Si queremos llegar al extremo del ambientalismo deberíamos eliminar los vehículos, aviones y barcos. Todo el tiempo recibimos ataques cuando los que destruyen el ambiente son los países centrales que emiten gases y extinguieron a las comunidades originarias y que alimentan estas campañas a los que producimos con sustentabilidad”, añadió. (También realizó declaraciones en este sentido en un reportaje con CHACO DIA POR DIA que se puede ver aquí a partir del minuto 31:56)

“No creo que haya que tomar en cuenta las opiniones de personas que están enredadas en conflictos de interés”, respondió ante estas afirmaciones la periodista, Soledad Barruti.

“Ellos responden a los intereses que tienen que defender que, en este caso, son los negocios que se asientan a pesar de todas las alarmas que existen en todo el mundo y de todas las cosas que están ocurriendo en todo el mundo alrededor de estos establecimientos. Todos los días hay noticias sobre el desastre que las granjas industriales provocan. Entonces, no me parece atendible como comparar las publicaciones científicas, las opiniones de investigadores serios y la realidad con todas sus pruebas, con un funcionario que está respondiendo a intereses. Ni siquiera me parece serio responderle”, añadió la también autora de los libros Mal Comidos y Mala Leche.

“Lo importante es el debate argumentativo y fundamentado, sin caer en meras ‘calificaciones’ ni posiciones extremas”, apuntó por su parte, la dirigente de CANPO, Ana Nicora.

“Sabemos que estamos en un sistema capitalista y que será difícil torcer el brazo de los poderes constituidos para ir hacia una transformación que muchos estamos intentando. Sabemos de críticas que dicen: ‘Es fácil ser ambientalista con la heladera llena’, como sabemos de las decenas de familias criollas y originarias que padecen secuelas irreparables de los desmontes y las lluvias de agrotóxicos. Tampoco creemos en que haya que buscar ‘un punto medio’, sino más bien buscar un pacto socio-económico ambiental sustentable, y en este marco articularse a las necesidades de otras economías nacionales e internacionales, no al revés”, remarcó.

Foto Somos Monte. Acción en plaza 25 de Mayo. 9.11

PPA

¿Por qué China, principal productor de carne porcina a nivel mundial, necesita granjas de cría industrial de cerdo fuera de sus territorios para luego importarlos a su país?

Para responder a esta pregunta hay que retrotraerse dos años. China sufre, desde 2018, una epidemia viral que afecta al ganado porcino. La misma se denomina Peste Porcina Africana (PPA) y provocó una catástrofe a nivel sanitario.

Para intentar frenarla, el gobierno conducido por Xi Jinping tuvo que sacrificar entre 180 y 250 millones de cerdos en el último año, casi el 50% de su producción. Ante este panorama, las opciones para sostener el consumo de proteínas de cerdo en la mesa de las familias chinas era la de conformar mega granjas en países que no estén padeciendo esta pandemia y que, a su vez, necesiten de dólares frescos para afrontar sus abultadas deudas externas. Ahí es donde aparece Argentina.

Las primeras noticias sobre un posible acuerdo entre ambos países se dieron en enero de este año. A comienzos de ese mes, la firma farmacéutica Biogénesis Bagó anunció que el país asiático proyectaba invertir U$S 27.000 millones “en los próximos 4 a 8 años”, con el objetivo de impulsar la producción y exportación de carne de cerdo hacia ese país y otros destinos del sudeste asiático. En este sentido, se informó que existía la posibilidad de pasar a producir de 6 a 100 millones de cerdos en un período de entre cinco a ocho años.

Como recuerda el Informe técnico denominado “Impacto de las Mega granjas Porcinas en la Salud Socio ambiental”, realizado en octubre de este año por el Instituto de Salud Socio ambiental y la Universidad Nacional de Rosario, no fue sino hasta el mes de junio que se “filtró” en los medios la existencia de un boceto de memorándum de entendimiento entre Argentina y China, que esbozaba una posible inversión a 8 años de 200 granjas tecnificadas con las cuales se alcanzaría la producción de 93 millones de cabezas porcinas por año.

Recién el 6 de julio, a partir de la difusión de un diálogo entre el Canciller argentino Felipe Solá y el Ministro de Comercio chino, Zhong Shan, se confirma que Argentina estaría en condiciones de producir 9 millones de toneladas de carne de cerdo anuales para abastecer las necesidades de China. Esto implicaría multiplicar catorce veces la producción actual, teniendo en cuenta que en 2019 el total de carne porcina producida en el país fue de más de 629 mil toneladas, resultante de faenar más de 6,8 millones de animales.

Al defender el proyecto de mega factorías porcinas, el funcionario de cancillería, Jorge Neme, se refirió en diferentes conversatorios públicos al hecho de que Argentina no solo cuenta con grandes extensiones de territorios, sino que, en algunos de ellos, según Neme, “no hay nada”.

Luego del surgimiento de resistencias por parte de diversas organizaciones sociales y académicas por las consecuencias negativas de este megaproyecto, el discurso oficial se modificó, reduciendo los números a 9 millones de cerdos distribuidos en 25 instalaciones que equivaldrían a una producción de 900 mil toneladas de carne porcina.

Justamente, estas resistencias obligaron el 31 de agosto pasado a Cancillería a posponer el acuerdo con China hasta este mes de noviembre debido a la cuestión ambiental. Según explicó la cartera que conduce Felipe Solá, se incorporó un artículo donde “se asegura el respeto de las leyes de protección ambiental, los recursos naturales y la bioseguridad”.

La última información sobre el tema de las mega granjas se publicó el 8 de noviembre. En una entrevista brindada al diario BAE Negocios, el embajador argentino en China, Luis María Kreckler, aseguró que, debido a las controversias generadas, esta cuestión quedó fuera de la agenda gubernamental y se trasladó a un posible acuerdo directo entre privados.

“El tema no está siendo dialogado. Está dentro de la agenda del sector privado argentino y chino, lo que no quiere decir que en el futuro sea impulsado por los gobiernos. Los tiempos ahora los manejan los actores privados”, sostuvo.

¿Hay alternativa?

Un grupo de más de 30 mil pequeños y medianos productores porcinos presentó una iniciativa para la cría sustentable de cerdos, como una alternativa al proyecto de mega granjas.

Según publicó el portal Agenda PyMe, la iniciativa consiste en un programa de promoción para el sector y estructurar un Ente para la Comercialización de la Carne Porcina (EACCP) que genere las condiciones logísticas, financieras y técnicas para impulsar la producción y exportación.

“La factibilidad de criar cerdos en condiciones de bienestar animal y con respeto del ambiente, es una ventaja que solo tenemos los criaderos de pequeña y mediana escala y eso nos permitiría obtener el tipo de producto diferenciado de la carne de mega granjas porcinas que los consumidores del mundo están desconfiando cada día más y que en un plazo no muy lejano se dejará de consumir, a pesar de su precio ‘barato’”, destaca la propuesta.

“El hecho de disponer un producto diferenciado, permite pensar incluso en seguir creciendo en la exportación a China hasta después que ellos recuperen sus piaras, que es otra diferencia significativa con respecto al producto industrial de las mega granjas que no tiene futuro después de la recomposición de stock de China”, añadieron.

Además, señalaron que, por la lógica productiva, gran parte de los alimentos de estos cerdos (sobre todo reproductores) será mediante pastoreo, recupero de “perdidas de cosecha”, subproductos de industria alimentaria y rechazo de producciones frutihortícolas, entre otros, balanceado con otros insumos que les garanticen la calidad nutricional adecuada a los animales. “De esta manera se disminuiría la cantidad de alimentos de calidad para consumo humano, que se le da a los porcinos, lo cual constituye un dilema ético en un mundo donde 800 millones de personas pasan hambre”, recordaron.

Pedro Peretti, productor y dirigente agrario del Movimiento Arraigo, también se mostró en desacuerdo con el proyecto de 25 mega granjas, al que tildó como un “negocio para muy pocos” pero consideró que hay un modelo alternativo.

Este modelo al que hace referencia Peretti consta de 2.000 chacras mixtas, de 200 madres cada una, diseminadas a lo largo y el ancho del territorio nacional. “Es un proyecto más grande en volumen, más sustentable desde lo ambiental, que genera Arraigo (del bueno) y más aconsejable desde lo político para un gobierno popular como el nuestro”, indicó en un artículo publicado en Página/12.

Además, señaló Peretti, todos los insumos para hacer las granjas son en pesos, con lo cual se puede resolver con el sistema financiero local sin recurrir al endeudamiento externo. También indicó que este tipo de producción debe combinar: tamaño de la explotación, volumen con medio ambiente, población (arraigo) y distribución de renta y riquezas.

“Hoy la producción agropecuaria en general y el cerdo en particular se puede hacer con productores o sin ellos. Que haya chacareros en el ejercicio profesional de la actividad agrícola es una decisión política del Estado. Pues el volumen productivo se consigue igual sin ellos. Se puede sembrar toda la soja, el maíz y el trigo, criar todas las vacas o atender todos los cerdos sin un solo chacarero”, sostuvo.

Y añadió: “Los productores somos necesarios desde el punto de vista social, político, económico, cultural, geopolítico, pero no productivo. El capitalismo, a partir del desarrollo científico técnico, resolvió la cuestión de la productividad sin depender del chacarero. Eso es así. Pruebas sobran y están a la vista. Por eso decimos que no hay agricultura familiar chacarera sin una alianza con el estado y la sociedad. Esta debe decidir quién quiere que le produzca los alimentos, si miles de productores o un puñado de mega empresas concentradas e integradas verticalmente”.

(*)Periodista

Esta nota fue publicada en RC (Resistencia Crónica)



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