Tareas de cuidado: ese trabajo oculto y no pago que sostiene a un sistema económico injusto

Por el

«Eso que llaman amor, es trabajo no pago» es un concepto que desde hace años viene trabajando la genial filósofa italiana Silvia Federici. 

Pensemos juntxs: la propia economía hegemónica reconoce que las tareas de cuidado implican el 16% del PBI de nuestro país. Sin embargo «es trabajo no pago» realizado mayoritariamente por mujeres. 

La directora de Economía, Igualdad y Género, Mercedes D’Alessandro, afirmó que “las tareas domésticas y de cuidado consideradas como un todo son la actividad que más aporta a la economía: los cuidados representan un 16% del PBI, son tareas que en su mayoría realizan las mujeres de manera gratuita y, según nuestros cálculos, las mujeres argentinas le dedican más de 96 millones de horas diarias a estas tareas, sin ningún tipo de remuneración pero con un gran costo en términos de tiempo”. Eso declaró a Tiempo Argentino la funcionaria en septiembre, cuando se conocieron los datos del informe “Los cuidados, un sector económico estratégico. Medición del aporte del Trabajo doméstico y de cuidados no remunerado al Producto Interno Bruto”, elaborado por la dependencia oficial. 

Entonces ¿qué pasaría si un día las mujeres del mundo decidimos no realizar más esas tareas de cuidado? ¿Qué pasaría si dejamos de cuidar, de criar, de acompañar, de remisear hijxs de una actividad a la la otra, de organizar todo para que el hogar funcione, si dejáramos de comprar, elaborar y poner a disposición de las familias los alimentos de todos los días, etc, etc? 

La teoría del iceberg claramente lo grafica. Ese trabajo productivo que no es ni reconocido, ni valorado, ni mucho menos monetizado es el que sostiene el otro trabajo que sí es reconocido: el que hace el CEO de una empresa, el obrero de construcción, el docente, el funcionario público y todxs los que forman parte de la economía formal. Todxs necesitan que alguna mujer haya hecho y siga haciendo cada día ese trabajo en el hogar, aunque esa misma mujer además siga trabajando fuera del hogar para obtener algún trabajo remunerado al igual que otrxs en la familia.

Echar a rodar la ética y los principios del cuidado

Nadie es o fue en su vida verdaderamente autónomo/a. Todxs necesitamos de las «tareas de cuidado» siempre y no solo durante el crecimiento. Ahora bien, si podemos reconocer que hay un 16% del PBI que se genera y no se paga, algo debe cambiar. Algo comienza a pasar desde el Estado, algunas políticas públicas como contar por primera vez en la historia económica de Argentina, con un Presupuesto con perspectiva de género tanto en la Nación como en la Provincia, sumado a otros programas puntuales, son un buen paso. Sin embargo, en tanto problema social nos concierne a todxs (gestiones + ciudadanas y ciudadanos). 

Algunas urgencias como la creación de sistemas nacionales de cuidados, redistribución de forma justa de los mismos en el hogar, impuesto a la riqueza, un ingreso ciudadano universal, redistribución equitativa de las licencias por maternidad/paternidad y cuidados de enfermos, son necesarias como políticas públicas desde un enfoque de género de la economía que pongan de manifiesto la urgencia de universalizar la ética y los principios del cuidado.

La etiqueta “economía feminista” nació ligada a la academia (anglosajona), integrada a la Asociación Internacional de Economía Feminista, surgida en 1992. Sin embargo, esto nunca habría sucedido de no ser por el impulso de la Segunda Ola del feminismo. Resulta conveniente pensar en una interacción y retroalimentación permanente y necesaria entre estos y otros “centros del saber y la política”, y la militancia feminista con la originalidad del discurso que se crea en la libertad lograda fuera del establishment. 

La doctora en Economía Amaia Pérez Orozco es sumamente clarificadora: “Para la economía feminista, una constatación básica es que la ausencia de las mujeres de la teoría no ha sido casual, sino la forma de crear un conocimiento que legitima la desigualdad. En consecuencia, para hacer mejor economía es preciso ponerse gafas de género, mirar desde una posición sensible a las desigualdades. Con las gafas puestas vemos dimensiones que los paradigmas androcéntricos dejan fuera de manera sesgada e interesada (el mundo del trabajo no pago) y constatamos relaciones económicas significativas que no se quieren ver (la desigualdad entre mujeres y hombres tanto en el mercado como fuera del mismo)…”.

La teoría y la realidad se van construyendo simultáneamente. No son procesos ni inocentes, ni neutros; lo que se presenta como teoría económica hegemónica está plagada de sesgos ocultos, negados, reflejo de relaciones de poder y subyacen a un sistema económico que es profundamente injusto, insostenible en un sentido multidimensional y, en última instancia, una forma de economía pervertida. 

Para la economista española es crucial “en este momento de tránsito reabrir el conflicto sobre los significantes y los significados, sobre el mundo que sostienen unos determinados conceptos” y propone que “frente a esa teocracia mercantil es urgente la confluencia de miradas críticas que arranquen desde fuera de los mercados: el ecologismo social habla desde la intersección entre vida humana y no humana. Los feminismos que se centran en los cuidados hablan desde la vida humana en su hacerse cuerpo diariamente. Las apuestas por el buen vivir/vivir bien nacen de cosmogonías indígenas que dan un vuelco a los discursos (neo)coloniales. En ese sentido, el estrabismo productivista ofrece claves para la comprensión de los procesos de valorización y acumulación de capital, pero ni contiene el conjunto de la explicación ni mucho menos puede jugar un rol de liderazgo porque, precisamente, su anclaje son los mercados”. 

La teoría de “Hombre Champiñón”

La falsa autonomía de cierto sector masculino de la sociedad ampara la idea de lo que Amaia Perez Orozco denomina el “Hombre Champiñón” u homo economicus. Un ser capaz de autosatisfacer sus necesidades de manera individual, sin necesidad de cuidado o apoyo alguno, que la doctora en  Economía afirma es irreal, “no existe”. 

Lo que sí sucede es que las mujeres asumimos las tareas de cuidado que sostienen a estos “varones blancos, heterosexuales sin discapacidad” dentro del mismo sistema económico oficial que lo retroalimenta. Pero ese mundo constituido por personas independientes, ni tan jóvenes ni tan ancianos, que no necesitan ni necesitarán de cuidados ¿existe realmente? Claro que no. 

Ya no hay tiempo, este es un “conflicto a vida o muerte”. Los cuidados son una condición indispensable para que exista la vida humana. Y todxs dependemos de ellos en algún momento de nuestras vidas. Y es la división sexual del trabajo, sin el velo del asexualismo, que distribuye el trabajo de manera desigual entre tareas, tiempo, ingresos y oportunidades. Evidentemente, visibilizar la no existencia del supuesto hombre independiente e individualista capaz de producir solo, es uno de los conflictos que plantea la Economía Feminista como un comienzo para desandar la redistribución de las tareas de cuidado.  

La figura del iceberg es clarísima, muestra al “otrx oculto”, visibiliza que el único trabajo que existe no es el pago, sino que también lo es toda actividad que sostiene la vida humana y hace que ese “hombre champiñón” pueda ir a trabajar cada mañana. Gracias a la distribución social y sexual del trabajo injusta y estereotipada, la economía del cuidado es una herramienta indispensable para el sostenimiento del sistema económico. Este reconocimiento otorga valor económico en sí mismo a la actividad de cuidado.  Y debiera ser reconocida por la economía ortodoxa, es la forma necesaria de deconstruir un sistema económico injusto y perverso que ya no podemos soslayar como sociedad.

Hace dos años: Análisis académicos sobre los cuidados

Corina Rodríguez – Argetnina. (2018), en el marco del Primer Congreso Latinoamericano de Estudios de Género y Cuidados investigadoras/es de la región compartieron su mirada sobre:
el (o los) concepto de cuidados desde el que trabajan, la situación de los cuidados en su país y la relevancia de la constitución de una Red Latinoamerciana de Estudios de Género y Cuidados.

*Periodista.



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