Tania y Qaramta: la esperanza de repoblar de yaguaretés el Chaco argentino

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Hace un año, un ejemplar de yaguareté adulto dejó sus huellas en el Parque Nacional El Impenetrable. Esas pisadas significaron mucho más que el hallazgo de un animal casi extinto, el sueño de volver a tener un monte chaqueño poblado de esta especie nativa se acercó un poco más.

La Fundación Rewilding Argentina, que tiene  una estación de campo en el parque de El Impenetrable, culminó recientemente la construcción de un enorme corral destinado al encuentro de Qaramtá y Tania, el macho salvaje y la hembra cautiva que alimentan la ilusión. Sebastián Di Martino, director de Conservación de la Fundación, explicó que desde hace un año se encuentran trabajando con esta especie prácticamente extinta en el Chaco. Se cree que quedan menos de 20 ejemplares en la región chaqueña argentina. “Uno de estos ejemplares hace un año dejó sus huellas en el parque, pudimos capturarlo y ponerle un emisor con conexión satelital que nos permite saber casi en tiempo real donde está el animal”.

Es un típico ejemplar de yaguareté chaqueño, al que los lugareños le pusieron de nombre Qaramtá, que en lengua qom significa “el que es difícil de destruir”, “el que no puede ser muerto”. Camina enormes distancias en busca de hembras que, hasta donde sabemos, no se registran en la región.

Tras hallar las huellas, la fundación trajo a una hembra desde Iberá, llamada Tobuna. Si bien, ella ya no está en edad reproductiva, sirvió para atraer a macho silvestre y poder capturarlo para ponerle el emisor. “Pero queríamos ir un paso más allá e intentar que Qaramtá se reproduzca, algo que aparentemente hoy por sus propios medios en vida silvestre es imposible debido a la ausencia de hembras”, dijo Di Martino.

Qarantá, el macho salvaje que dejó sus huellas hace ya un año en el Parque Nacional El Impenetrable

Entonces cambiaron a Tobuna por Tania, una hembra joven que también integra el proyecto de reintroducción en Iberá, Corrientes.  Qaramtá recorre un extenso territorio de 90 mil hectáreas entre Chaco y Formosa. Pero siempre vuelve a visitar a Tania, sobre todo cuando ella entra en celo. En estos momentos, la hembra está en un corral pequeño y la relación entre ellos es reja de por medio. Esta semana se terminó de construir dentro del parque, con el permiso de Parques Nacionales y trabajando en forma conjunta con el Gobierno del Chaco unos corrales muy grandes y complejos que van a permitir intentar por primera vez cruzar un macho silvestre con una hembra cautiva.

Tania, la hembra de cautiverio traída de Iberá

El trabajo de construcción de esta obra estuvo en manos de habitantes de la zona. Ellos son una pieza clave, no solo porque conocen el monte como nadie más, sino porque serán los encargados de transmitir a su comunidad la importancia de cuidar esta especie nativa. Con la infraestructura lista, queda esperar que se produzca el encuentro. Habrá que esperar el próximo celo de Tania, momento en que entrará a un corral de una hectárea y media, con monte nativo en el interior. Esperar la visita y el ingreso de Qaramtá y una vez que esté adentro se le cerrarán unas puertas en forma de guillotinas para así quedar cautivo, pero en un corral muy grande, para que no sienta el encierro. Permanecerán juntos lo que dure la temporada de celo, alrededor de 10 días.

El yaguareté argentino está en peligro crítico de extinción, vivía en una extensión muy amplia, llegando incluso hasta el norte de la Patagonia. Hoy se estima que quedan unos 200 o 250 ejemplares en el país. Chaco es en donde más comprometida está la situación .

“Es un intento osado que nunca se hizo antes, tenemos mucha confianza en que funcione, ellos se llevan muy bien, pero va a ser un proceso largo porque nunca han estado juntos, tienen que conocerse”, comenta Di Martino. “En Iberá hemos cruzado varias veces ejemplares de cautiverio y en general durante el primer celo no llegan a copular. En el segundo copulan, pero la hembra puede no quedar preñada. Son procesos muy a largo plazo”. El proyecto de Iberá comenzó en 2010, luego de diez años están listos para liberar los primeros ejemplares.

Cruzar un macho silvestre con una hembra en cautiverio es algo único: “Solo conocemos un proceso de recuperación de estas características, el del lince ibérico, una especie a punto de extinción en Europa, solo quedaban algunos ejemplares en España, y también utilizaron machos silvestres para cruzarlos con hembras de cautiverio”, comentó Di Martino.

La Fundación Rewilding Argentina y el equipo de El Impenetrable

Las hembras de yaguaretés entran en celo cada 30 o 35 días, y Tania parece ser bastante regular, aunque hay celos más fuertes que otros. Y si llegara a quedar preñada, será un ciclo de tres meses de gestación. El hecho de que las hembras entren en celo tan seguido da varias posibilidades de prueba. Otro factor importante es que el macho salvaje se anime a entrar al lugar: “Puede pasar que no entre en el primer celo y que se anime recién en el segundo. Es cuestión de paciencia, de poner la cabeza en el largo plazo”, explica el referente de la fundación.

Lo cierto es que estas visitas reja de por medio han dado buenas señales. Tania está en el parque desde fines del año pasado: “No creemos que se rechacen entre ellos porque se ven todo el tiempo y sobre todo cuando Tania entra en celo, él se pasa esos días alrededor de su jaula. Por su parte, ella tiene el comportamiento que se espera, se refriega, se muestra sumisa, se pone patas arriba. Y él se muestra muy tranquilo, no demuestra agresividad”.

Di Martino enfatiza en que hay que trabajar mucho con las comunidades locales en concientizar sobre el valor que tendrá que los yaguaretés repueblen el monte chaqueño. El objetivo es lograr que el depredador deje de ser visto como una amenaza y pase a ser una oportunidad: “Hay comunidades que mueven el turismo gracias a los programas de observación de la fauna, particularmente del yaguareté. Tal es el caso de Pantanal en Brasil”.

El desafío es no solo lograr que el yaguareté se recupere, sino que aprendamos a convivir con esta especie tan preciada y con otras también. Apostar a la diversidad ambiental, creer que la convivencia es posible, cuidar nuestras especies nativas hará de nuestra tierra un lugar más armonioso y respetuoso.


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