Olivello es el mensaje

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Por Bruno Martínez

El Subsecretario de Prevención y Seguridad en Abordaje Territorial del Chaco, sargento ayudante Gustavo Olivello, fue el brazo político de la represión que encabezó este miércoles la División Infantería en los alrededores de Casa de Gobierno y que terminó con dos dirigentes sociales detenidos y la subsecretaria de Derechos Humanos, Nayla Bosch, violentada por un uniformado.

Si bien todos los caminos apuntaron, otra vez, hacia él, hay que decir una cosa: en el amplio universo de la escena pública chaqueña y del gobierno provincial, Olivello significa muy poco. No es ni el peor ni el mejor policía. Ni es el más formado. Tampoco tiene denuncias gravísimas, ni su legajo es intachable. Él, en sí, es uno más del montón.

Lo que sí es Olivello: un policía que se hizo famoso por insultar y detener de manera arbitraria a un reportero gráfico en 2010 y por comandar un estrafalario grupo motorizado denominado GEMO que se dedicaba a realizar razzias e inflar megaoperativos para atacar delitos menores.

De su currículum, sin embargo, se puede inferir que es alguien a quien no le molesta ensuciarse las manos, dentro del amplio margen de discrecionalidad que otorgan las leyes. Y que tampoco le disgustaría ser la cara visible de las políticas de mano dura. El artefacto vivo a través del cual se harán operativas las órdenes para vigilar, reprimir y desalojar. Tan sólo un medio para algunos fines.  

Todo esto sumado a otra cosa más: su ambición. En uno de sus tantos monólogos en primer plano transmitidos en vivo por Facebook, reveló su intención de comenzar a futuro una carrera política. Se deduce que intentará ocupar el espacio semivacío que tiene hoy la derecha chaqueña, con el exvicegobernador, Juan Carlos Bacileff Ivanoff, mudo y alejado de la escena pública. Si uno mira con atención, hace un repaso de la dinámica del voto local y las opiniones en las redes sociales, esta idea no parece descabellada. El famoso “voto antipiquete”.

Es por eso que, en realidad, Olivello, quien vende un gran humo al afirmar que viene a “resolver el problema de los cortes de calle”, es sólo la cara visible de la fase represiva iniciada desde el gobierno provincial. Y el gobernador, Jorge Capitanich, es quien la comanda. Olivello es el mensaje.

El viernes pasado, el periodista Héctor Alegre le preguntó a Capitanich por qué contrató a Olivello. La respuesta de Capitanich fue la que siempre da cuando no quiere ser concreto: una larga explicación del contexto de las cosas que gira hacia una tangente y luego hace un rulo en el espacio.

Finalmente, no respondió por qué. Pero dijo algo interesante para quien sabe escuchar. De sus palabras surge que el gobierno provincial no cuenta hoy con los fondos necesarios para paliar la fuerte crisis social y económica que atraviesa la provincia, producto, en gran medida, de la pandemia actual, agravada por la estela de decadencia que dejaron los cuatro años de gestión de Mauricio Macri.

Reconoció que esto, sin dudas, genera tensión social y reclamos de todo tipo. Incluso bloqueos de tránsito. Pero que la joda, acá, se terminó. “El diálogo siempre está abierto, pero los recursos son limitados y debemos administrar el orden público”, remarcó.

Publicada en Resistencia Crónica


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