Crianza: La importancia de los límites

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Por Silvina Inés Henin*

Luego de más de tres meses de aislamiento, las familias han ido transitando diversas situaciones o acontecimientos de toda índole y se han tenido que ir acomodando a sus posibilidades y a la capacidad de afrontar lo que iba surgiendo a cada momento.

Esto implica que se viva una especie de atemporalidad y que se haya pasado a vivir el día a día.  Lo cual ha traído y trae, cierto es, un desgaste en las personas.  Allí, en el mismo ámbito se trabaja, se juega, se mira TV, se hacen tareas, se baila, se cocina, etc.  Y podemos ver cómo los niños que antes corrían en la calle o en el parque, ahora corren adentro de la casa.

Se ha empezado a visualizar como un estancamiento de la energía, frente al poco movimiento por estar todos puertas adentro y una situación que se va prolongando en el tiempo; padres sobrecargados de ocupaciones y preocupaciones ante la incertidumbre y el miedo, en muchos casos a perderlo todo. Emergen entonces diversas sintomatologías como la irritabilidad, angustia, depresión, etc. la situación empieza a desbordarlos.  En esto debemos tener en cuenta que los niños detectan todas las emociones de los adultos y, si estamos nerviosos, tristes o deprimidos, lo toman como propio porque a esas edades confunden las emociones.

¿Cómo están reaccionando los niños, en este contexto?

A los chicos se les han cortado sus relaciones con el entorno.  Esto es un punto a pensar porque está claro que ellos no disponen de las mismas herramientas y recursos de madurez con las que contamos los adultos, por su corta edad necesitan de nosotros y del entorno para procesar lo que les angustia, enoja y entristece, también para compartir sus alegrías, sus juegos. Y el poder relacionarse con el entorno es la herramienta más fuerte de que disponen y hoy en día eso es penosamente imposible. Ellos también están cansados, desgastados, con las tareas en casa y sin poder hacer su vida como la tenían antes.

Van descargando sus angustias a su modo, ya que no lo pueden expresar muchas veces a través de palabras, ellos tienen su forma de demostrar sus preocupaciones o temores, mediante manifestaciones que suelen ser más ruidosas y otras más silenciosas. Y aparecen síntomas como berrinches, crisis de no querer hacer la tarea, algunos retroceden a períodos anteriores y se hacen pis o quieren dormir con los padres, trastornos del sueño, de la comida, desmotivación, etc., ellos tienen su manera de sobrellevar la situación.  También están los que se sobre-adaptan, dice Beatriz Janin, (psicóloga) que demuestran que está todo bien, todo perfecto, pero allí aparecen las psicosomáticas porque no pueden canalizar sus angustias.

La escuela, que a muchos les resultaba un peso o aburrimiento y pedían vacaciones, pasó a ser ahora el lugar extrañado, desde los encuentros con compañeros y amigos, amigas, etc., hasta la organización de clases, espacios de diversos aprendizajes.  El gran aclamado momento del recreo, lugar de encuentro para jugar y armar sus propias reglas, comprar la merienda y correr a ver a otros amigos, las maestras de años anteriores, etc.

Desde mi aporte psicológico ayuda pensar que todos hemos tenido situaciones difíciles que hemos atravesado en nuestra vida y creíamos que nunca iban a terminar y pasaron, lo superamos; esto generó en nosotros una fortaleza que hoy la volvemos a necesitar y es de donde debemos sacar fuerzas.

El vínculo con nuestros hijos ya está siendo sacudido por toda esta situación que es a la vez novedosa y dolorosa, que por momentos el ambiente se pone tan tenso que hasta puede estallar.

Entre tanto desborde que provoca el confinamiento a los niños: ¿les ponemos límites? ¿exigencias? ¿Les podemos decir que no a sus demandas?

Cabe aclarar que les concierne a los adultos instaurar primero su orden interno, para luego poder establecer las pautas y orden a los niños. Así podremos brindarles un mensaje claro, coherente y con el ejemplo.  Es decir, si nosotros estamos afianzados y podemos afrontar los hechos de manera madura, ellos saldrán consolidados

Aquí viene bien aclarar un poco el significado de para qué son los límites

Si bien suena como una palabra chocante: límites, limitar, coartar, ceñir, etc., poner límites es cuidar: cuidarnos y cuidar al otro para no dañarlo.  Enseñándole la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal, entre lo que se debe hacer y lo que no porque le hace daño. Y de esta forma le estaremos dando la autonomía y seguridad que necesita para crecer. Un niño inseguro y dependiente no será nunca protagonista de su vida, porque siempre estará dependiendo de los demás para actuar.

“Poner límites, no es lo mismo que ser autoritario…” nos dice la psicóloga Eva Rotemberg y no tiene que ver con el par obediencia/desobediencia.  “Los límites son una transmisión de pautas necesarias para que los niños puedan desarrollarse con autonomía” y en esto estoy totalmente de acuerdo, yo le agregaría LIBERTAD, ya que desde el momento en que uno le enseña a su hijo, lo que está bien y lo que está mal ya le está dando la libertad para elegir, qué hacer y qué no hacer que puede hacerle daño. Por eso es que hablo de límites como un cuidado que comienza cuando es pequeño y depende pura y exclusivamente de los padres (o de quien los tenga a su cargo) el niño es vulnerable, desprovisto de toda defensa, no cuenta todavía con los recursos ni la madurez psíquica que tenemos los adultos, que le de la independencia de buscar internamente herramientas para afrontar las adversidades, discernir entre o bueno y lo malo, lo que le hace bien o mal.  Se las debemos enseñar desde chico, aunque a veces no lo entienda y genere muchos berrinches. Porque quienes tenemos que estar seguros de que las pautas y límites serán fundamentales para su vida, somos los adultos.

Por ejemplo: cuando un niño de tan solo un año, edad en la que es un explorador, que ya aprendió a caminar, se siente tan libre que puede conquistar el mundo todo lo quiere explorar se le da por poner el dedo en el enchufe o por subirse a una silla solo. En este momento tenemos que estar ahí, para decirle que no lo debe hacer, pero no porque lo estemos coartando sino porque ¡lo estamos cuidando! Y se lo diremos con todo el amor que nos sale de adentro, porque ese es nuestro deber como padres acompañarlos a crecer; ellos en su intento por abrirse a un mundo nuevo, en el que sienten total dominancia, pero nosotros debemos estar ahí para advertirles cuáles cosas son las que puede hacer y cuáles no. Y cuando veamos que ya puede ser cuidadoso en sus acciones, le daremos independencia.

Ejemplos hay muchos, pero lo importante es que no dejemos pasar ese momento en el que estamos para enseñarles, para orientarles, para decirle las cosas con amor entre el juego y el orden.  Y para esto no es necesario agredirlos ni ponernos violentos. Si el niño nos ve firmes aceptará y acatará la pauta y nosotros veremos que le hemos enseñado algo nuevo que lo ayudara a crecer.

En estos momentos ¿es necesario poner límites?

Por supuesto. El tema es cómo hacerlo para que no se torne muy tormentoso ahora en cuarentena, debido a que el confinamiento ya está siendo un tormento para ellos. Entonces muchos padres se preguntan ¿qué debo hacer?

Hoy los niños necesitan un orden, ya que la situación del afuera se ha puesto cada vez más difícil y ellos, así como el adolescente se encierra en su cuarto, los más pequeños hacen berrinches, se rebelan frente a las tareas escolares (es lo más organizado que tienen), es ahí a donde ya están manifestando su descontento por la situación y muchas veces esto implica un caos en toda la familia.

Las recomendaciones giran en torno a dos puntos a considerar, para transitar esto lo más armonioso posible

1- Apelar a la flexibilidad: las crisis y berrinches son reales porque todos estamos vulnerables ante tantos días de aislamiento. Hay que darles tiempo a que se descarguen, darles esperanza de que esta situación va a pasar y van a estar bien; un mensaje de fortaleza por el momento hace que el niño se sienta escuchado entendido en su dolencia. Flexibilidad con las tareas, en tanto que se harán en otro momento si está bajoneado, pero que no las dejará de hacer. Lo mismo sucede con las tareas domésticas, que colabore le da una actitud de servicio de que está ayudando en la casa que es suya también (guardar su ropa, hacer su cama, ayudar en la cocina), igualmente con flexibilidad.

2- Brindarle momentos de afecto:  ya sea a través del jugar con ellos, ver películas, cocinar juntos, conversar, abrazarlos, son todas demostraciones que el niño necesita para saber que están juntos atravesando esta situación  y que no se lo dejará de lado. Siempre siendo los adultos quienes dirijan y administren la actividad (poniendo las pautas en el juego y límites a sus berrinches, ya que a través de esto se sienten contenidos).

Los niños necesitan ahora más que nunca de estos momentos, no será necesario todos los días, porque entendemos que estamos teletrabajndo en casa o afuera, pero sí cuando observamos que el ambiente se va tornando muy tenso o fastidioso, etc. porque para los niños, la sola presencia de los padres en casa no basta para sobrellevar este acontecimiento

Y finalizo con una frase que me parece oportuna a lo que venimos diciendo:

“Ser padre, ser madre no es un hobby, ni una actividad para las horas libres… se trata de un emprendimiento de tiempo completo…” Sergio Sinay. De qué se trata ser padre si no es para conducir una vida hacia su maduración, de brindar las herramientas para que un niño sea luego una persona capaz de disponer de ellas cuando le corresponda a lo largo de su vida. De qué se trata ser padres, si no es de inculcar los valores que lo harán ser una persona de bien y buen corazón.

La paz, el respeto y la tolerancia deben ser nuestros aliados en un momento como este y sobre todo saber que, si colaboramos y nos apoyamos, vamos a trascurrir de manera más llevadera este acontecimiento. Tratar de estar lo mejor posible, para cuando haga falta, disponible y que se pueda hablar.

Pensar los adultos que mantener una actitud positiva, un buen estado de ánimo y manejo emocional, serán la clave de una sana convivencia.

*Lic. Silvina Ines Henin – Psicóloga Especialista en niñez y adolescencia

Nota publicada en InfoChacu.com


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