Organizar desde la comunidad

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Abordaje por Covid en el Gran TOBA

El conglomerado de barrios con mayoría de población indígena que constituye el Gran Toba, registró la mayor concentración de contagios por Covid 19 del Chaco. La subsecretaria de Salud Comunitaria de la provincia, Carolina Centeno, a cargo del operativo sanitario ambiental, ofrece en esta entrevista un relato pormenorizado del trabajo comunitario e interdisciplinar dispuesto en esos barrios.

¿Cuáles son los puntos centrales del operativo sanitario por Covid 19 implementado en el Gran Toba?

Cuando llegué al Barrio, el 12 de mayo, me hice cargo de las acciones de coordinación en el Gran Toba. Pero ya se venía trabajando, desde ocho días antes, con cuadrillas sanitarias que iban casa por casa testeando a las personas que presentaban síntomas. Además se había definido al Centro Integrador Comunitario (CIC) del Barrio Chilillí, como el lugar preciso para las atenciones. Dispusimos equipos interdisciplinarios, de salud mental, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales, que salen a rastrillar al barrio y que trabajan con los referentes en el diálogo con la comunidad. Nuestro propósito es trabajar un proyecto colectivo y comunitario con fuerte impronta territorial. Una construcción que se pueda desarrollar en conjunto con los referentes y líderes comunitarios, tanto hombres como mujeres. Que contemple, por un lado, sensibilizar, conocer e indagar qué piensan las personas acerca del Covid. Para tener una noción acerca de lo que estaban viviendo, cómo el Covid se inserta en un barrio con necesidades básicas insatisfechas, con hacinamiento, con pobreza, con marginación, y que también desnuda muchas cuestiones estructurales e históricas de postergación. Por otro lado, organizar el esfuerzo sanitario y coordinar las acciones entre diferentes ministerios, porque la decisión había sido instalar un cerco sanitario, lo que implica cerrar todos los accesos al barrio.

¿Cuál es el territorio que abarca el Gran Toba?

Gran Toba se le llama al conglomerado de barrios que conforman el Copap (una manzana), el Barrio América, el Barrio Chilillí (dos manzanas), el barrio Crescencio López (dos manzanas), el Barrio Camalote (dos manzanas y media) y un asentamiento que se llama Berta Cáceres (una línea de casitas muy precarias alrededor de una cancha de fútbol) y el Toba, que es el más largo (todo lo que es Pasaje Wainolec y Cruz Roja).

¿Qué decisiones y medidas se deben tomar al momento de aislar a un barrio entero?

Se cerraron todos los accesos y se dejó solo una entrada y una salida. Los accesos están monitoreados por la policía, lo que implica que se pida documentación, tanto permisos como DNI para ingresar y para salir del barrio. El cierre sanitario implicó pensar cómo hará la gente que vive en el barrio para cubrir sus necesidades. Por ejemplo, articular con el Ministerio de Desarrollo Social para garantizar las entregas de módulos alimentarios y de limpieza. Otra medida importante fue la llegada del banco móvil, porque los cajeros están por fuera de todo lo que es el conglomerado. En lo que se refiere a infraestructura, el gobernador consiguió que la Nación también llevara adelante una reparación histórica, a partir de la cual ya se está pavimentando el ingreso por calle 13, además se construirá un polideportivo, un nuevo centro de salud, una iglesia, un centro de prevención de adicciones, todo el pavimentado del barrio y la planificación de 200 viviendas.

¿Cómo se implementó el aislamiento sanitario de las personas con Covid y cómo se garantiza la atención de las demás personas que deben atenderse en el mismo lugar?

Lo primero que hicieron las cuadrillas sanitarias fue organizar un polo donde quedara el centro de salud, destinado a la atención de todo lo que no fuera Covid. Y en el asentamiento Berta Cáceres, del conglomerado Gran Toba, armar el módulo sanitario y la carpa con los módulos accesorios, como un predio donde montar la atención para los casos de Covid. De esta manera se evita que se crucen las personas, porque muchas veces ocurre un contagio cruzado. La atención Covid, o sospechosa, en un lugar, y lo no-Covid en otro. Dentro de lo no-covid se contempla el control de embarazos, control de enfermedades crónicas no transmisibles, vacunación de niños, métodos anticonceptivos, entrega de leche, todas la prácticas sanitarias. Así separamos a las personas y hacemos los testeos y las evaluaciones clínicas dentro del barrio. Eso nos permite garantizar que a una persona que se detecta como sospechosa se la tamice y, una vez que se la tamiza, se habla con ella, con sus familiares y se visita el domicilio para ver las condiciones de aislamiento que pueden implementar.

¿Cuáles son los factores que dificultan el cumplimiento de la cuarentena estricta? ¿Qué respuesta tienen de las personas del barrio?

La emergencia por Covid hay que entenderla contextualizada en las viviendas, en la falta de acceso al agua, en los problemas cloacales, el hacinamiento. Cuando ingresamos al barrio había un gran flujo de personas movilizándose, la mayoría sin tapabocas. Cuando alguien da positivo y vamos a su casa, vemos las condiciones que existen para lograr un verdadero aislamiento domiciliario sin que se produzcan contagios intrafamiliares. Muchos no tienen acceso al agua potable y claramente la falta de acceso al agua es un limitante para el lavado de manos, entonces ahí es donde hay una carencia que el Ministerio de Salud no puede resolver. Sí, en cambio, podemos ayudar a conseguir el agua para esa familia, ayudar con desinfectantes, lavandina, alcohol en gel, porque si bien no existe la posibilidad muy frecuente de usar agua, existen otras formas de limpieza que no son de reemplazo, pero que sí pueden ayudar.

¿Hay participación de la gente del barrio en este proceso?

Trabajamos junto a cinco voluntarios de la comunidad y permanentemente se van sumando referentes, que son quienes nos ayudan a ordenar la consulta, a recibir a las personas, a establecer cómo se ingresa al predio, todo lo que hace al acondicionamiento, desde el alcohol en gel en las manos a colocar un tapabocas. Ayudan muchísimo con el conocimiento del barrio, nos acompañan cuando necesitamos ir a un domicilio, nos ayudan a ingresar a las casas. A su vez se trabaja con los agentes sanitarios indígenas en la entrega de tapabocas, en explicar a las familias de qué se trata la enfermedad; explicar lo que implica el tema del contagio a una persona que es positiva y que se siente medianamente bien, cómo cuidar a los grupos vulnerables o de riesgo. Explicarles la importancia de no visitar a sus abuelos, que no haya movimiento de personas, que no migren de casa en casa. Todo eso supone un diálogo constante.

¿Fue posible llevar adelante la agenda que te habías planteado al inicio de la gestión o la emergencia implicó cambiar todo?

La Secretaría de Salud Comunitaria y Entornos No Violentos se asume como un espacio que repiense la lógica de organización sanitaria, del sistema de salud propiamente dicho. Pasando a una lógica de salud colectiva y comunitaria que tome en cuenta la perspectiva de derechos, de géneros, intercultural. Ahora estamos desarrollando lo que es salud mental en contexto de pandemia, capacitando en diversidad y salud. Se iniciaron, aunque se interrumpieron, las capacitaciones en perspectiva de género a través de la Ley Micaela. Lo que sí ha quedado un poco trunco es la propuesta de avanzar en la creación de dispositivos específicos en las regiones sanitarias que permitan canalizar el seguimiento de las mujeres víctimas de violencia. Todo eso sigue en los planes, pero se está trabajando con un poco más de lentitud, sabiendo que el trabajo en el interior no puede ser presencial y entonces el armado de equipos cuesta un poco más. Pero las cosas se siguen desarrollando, con otros tiempos, con las dificultades que plantea la virtualidad.

Entrevista publicada en el mes de junio /2020 en MODOMATRIA Revista Digital de la Secretaría de Derechos Humanos y Géneros.


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Categoria: Políticas Públicas, Salud | Tags: , , , , | Comentarios: 0

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