El humor en tiempos de feminismo

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Hace unos días, Érica Rivas realizó un descargo aclarando los motivos por lo que no participará en la obra teatral de Casados con Hijos: “Yo adoro, agradezco y disfruto a María Elena y estaba feliz de volver a encontrarme con ustedes haciéndola en el teatro”, dijo en su cuenta de Instagram y explicó que no fue su decisión bajarse del proyecto del Gran Rex y que no tiene compromisos laborales que le impidan hacerlo.

Entonces, ¿por qué la desquiciada María Elena no subirá a las tablas, al menos en la piel de Rivas?

“El paradigma cambió, y hay cosas de las que ya no nos podemos reír”, dijo la actriz. En esos términos lo planteó a los productores: “Siempre expresé mi preocupación y compromiso, no solo por mi personaje, sino por el mensaje general y las ideas que se exponen en los chistes”. Antes de la cuarentena, los productores le comunicaron que no integraría el elenco.

¿Qué quiso decir Érica con eso de que el paradigma cambió? ¿Por qué ya no podemos reírnos de los mismos chistes? ¿Cómo reconocemos los estigmas, las violencias instauradas desde el humor, el chiste fácil del estereotipo? ¿Qué procesos sociales estamos transitando y qué estructuras individuales tenemos que derribar para deconstruir el humor y reírnos en tiempos de feminismos?

Bohemia entrevistó a Patricia Rojas, Cecilia Cabrera y Mamacha Massin, tres humoristas chaqueñas, un poco para entender este proceso y un mucho para no resignar la risa y el disfrute en pos de la igualdad.

¿De qué nos reímos ahora?

Patricia Rojas, más conocida por su personaje en Instagram “La Chiruza Mamandra” entiende que el humor es lo último que se deconstruye. “El humor, en el país y en el Chaco, siempre se caracterizó por burlarse de las inseguridades de los demás, de aquellos sectores de la sociedad más vulnerables. Es una característica del patriarcado, la burla hacia la discapacidad, la homosexualidad, la mujer. Una carencia total de intelectualidad que tiene que ver con nuestra cultura nacional”.

Patricia Rojas, humorista

Por su parte, la standupera y escritora Cecilia Cabrera reconoce que “la visión patriarcal de la mujer está presente en el humor de mis compañeros de elenco, tanto arriba como abajo del escenario.  Cuando se plantean los temas de pareja en los monólogos, es cuando más aflora el machismo”.

En los procesos de producción de los monólogos de Sala 88, elenco del que forma parte Cecilia, se dan estos debates: “Cuando lo conversamos, mis compañeros varones me señalan que determinadas cosas les suceden en la relación y no es que ellos sean machistas. No logro hacerles ver que es una cuestión de posicionamiento también”, dice. El monologuista resalta sus propios defectos y en esa práctica suelen señalar los de sus propias parejas. “En algunas de las conversaciones que tuvimos al respecto, donde les señalé esta visión de la mujer que manifestaban y que en el stand up debería burlarse de sí mismos, uno de mis compañeros me dijo que él no hablaba de todas las mujeres sino de la suya. Al abordar las temáticas, aparecen los estereotipos de la mujer que ‘se hace’ la empoderada. Incluso, a veces, en conversaciones internas, dicen ‘no es que yo sea machista, pero…’ y a continuación viene un comentario de manual”.

Mamacha también habla de su experiencia en Sala 88. “Noté que mis compañeros veían como un obstáculo el feminismo, las mujeres estábamos muy sensibles y cualquier cosa nos tocaba”. El chiste fácil ya no funciona y hay que tener cuidado, aunque ella cree que no hay que irse para el otro extremo.

Recuerda cuando le reclamó a un compañero que en su monólogo utilizaba un reconocido caso de violencia de género. “Me parecía que dentro de un stand up no entraba como chiste, menos en estas épocas. Me parece bien que la mujer no sea cosificada, que no seamos objeto de risas, que se rían con nosotras y no de nosotras. Por supuesto, no permito que se hagan chistes con violencia de género y discriminación”.

Mamacha Massin, humorista

La delgada línea que permite que desde el humor se aborde la violación de una manera solapada y edulcorada, del tipo “si la violación es inminente, relajate y gozá” hoy provoca reacciones. Cecilia también trabaja estas cuestiones con sus colegas varones en los ensayos. “Mis compañeros tienen una actitud abierta en la mayoría de los casos. Aunque, hay ocasiones en las que se sienten censurados, limitados, sienten que a veces exageramos demasiado y ya no se puede hacer humor con ningún tema. Esto último lo interpreto como frustración, porque a pesar de la reflexión para deconstruirse, no siempre encuentran la manera de hacerlo”.

Sucede en todos los ámbitos de la sociedad, no sólo en el humor, cuando hay una feminista en la ronda, en la mesa, en la oficina, se convierte en una especie de observatorio atento a ver quién se manda con su comentario machista: “Ahora ya no les digo nada, entre ellos se lo señalan y se dicen: ‘no digas eso que Cecilia se va a enojar porque es re machista tu chiste’”.

Este cambio que plantean no tiene que ver con atacar el otro frente. Patricia entiende que “no se trata de dar vuelta la tortilla y poner en evidencia las inseguridades de otro sector, como el masculino”. No cree que la reconfiguración venga por ese lado. “Por ejemplo, el varón se reía de la forma de conducir de las mujeres. No se trata de poner en evidencia que muchos hombres conducen mal, sino de desmitificar esa característica que se consideraba propiamente femenina”, explica la actriz.

Pero la observadora feminista no se queda solo con poner el ojo en la misoginia, también lo hace con la discriminación por orientaciones sexuales, por discapacidades y por cuestiones raciales. Hay que contar chistes que causen gracia a todes.

Cecilia Cabrera, comediante

Las mujeres, los varones y el humor

“Las mujeres humoristas somos pocas. El humor estaba asociado históricamente al varón, la mujer tenía otros roles dentro de la actuación, sumisos, tiernos, dulces”, explica Patricia. “Como el humor estaba relacionado con el ridículo, la mujer no podía hacerlo porque ‘quedaba feo’”.

La llegada del género Stand Up a la Argentina está revirtiendo este concepto. “Los colegas en la provincia están cambiando un poco, pero primero tiene que haber un cambio de conciencia, porque si no es difícil que se genere otro tipo de contenidos dentro del humor”, dice Patricia. “Tenemos la suerte de que somos pocos y nos tenemos confianza como para criticarnos. Si hay una autocrítica por parte de los varones, no lo sé. Por mi parte, cuando escribo vivo tachando y volviendo atrás. Por eso no genero tanto contenido, porque necesito estar segura de que lo que yo digo no atenta contra la seguridad personal de nadie”.

Al respecto, Cecilia dice que “todos estamos en proceso de cambio y de ruptura con esquemas mentales rígidos y que generan desigualdad”, y agrega “me doy cuenta de que, a veces, yo misma reproduzco esos esquemas de pensamiento y es un reto hacerlo consciente y modificarlo”.

En este sentido, Mamacha -quien hace stand up hace poco más de seis años- cuenta que su trabajo en las tablas “siempre fue llevando la bandera del feminismo en tiempos en que no se luchaba por el feminismo”. Esta manera de hacer humor autorreferencial hace que pueda hablar de sus propias experiencias. “Yo estoy casada con mi Raúl Ernesto, como le digo, que vivió la mayor parte de su vida en el campo. Viene de una cultura machista, pero lo primero que hice cuando nos pusimos de novios fue establecer los parámetros de igualdad, ni que él me cambie, ni que yo lo cambie. Todo dentro del respeto. Así es que todas las anécdotas que tengo, son cosas que me pasaron y nunca tuve problemas. Yo siempre hice lo que quise, viví como pensé. Por eso siempre pude contar mis historias, porque tomé con humor las cosas que me pasaban”.

Reír en clave feminista

Patricia piensa su deconstrucción en términos psicológicos y teóricos y percibe que, desde lo personal, el cambio es más rápido. “Llevo muchos años haciendo esto y me cuesta más deconstruirme en el humor que en la práctica cotidiana. Empecé a ver que algunas cuestiones me molestaban, pero no dejaba de replicarlas o que me causaran gracia, eso se trasladó por último a mi trabajo. Cuando veo cosas filmadas de mi trabajo me quiero morir, me digo a mí misma: ‘No puede ser que yo haya hecho esta barbaridad’”.

“Cuando entendí que no hay que reírse de las inseguridades de los demás, hice un click. Traté de modificarlo, pero no se puede modificar ni el lenguaje ni el contenido en el humor si no hay un cambio de conciencia”, reflexiona Patricia. “Yo empecé mi proceso hablando de mí misma, riéndome de mis propias inseguridades, como mujer y ser humano, más allá de que el público se pueda identificar con los personajes”.

En este proceso de construir un nuevo humor, menos estigmatizante, alejado de discriminaciones y más respetuoso, Mamacha cree que “hay cosas que se tienen que modificar porque la vida y la realidad están cambiando”. Y, si bien ella manifiesta llevar bien esos cambios, entiende el temor de sus compañeros de que al hacer chistes alguien pueda sentirse afectado y reaccionar mal. Resalta el trabajo que hace Hugo Blotta, director de Sala 88, cuando decide cuidar mucho el tema del respeto. “Aprendí que uno se tiene que reír con el público”, concluye.

Ante la pregunta de si podemos reírnos del feminismo, sus extremos y tonalidades, Cecilia no cree que este movimiento sea objeto de risa: “Me reiría de mí como feminista en proyecto, porque me encuentro en contradicción permanente de actitudes, conductas y prejuicios que todavía reproduzco. Me reiría del feminismo si mi idea fuera sacarle solemnidad, como para que no sea una utopía imposible de incorporar a mi vida”.

Así como las ideas respecto de lo que causa risa y lo que no van tomando otros sentidos, los personajes que estas actrices construyen también van adquiriendo nuevos matices. “Yo aún no he compuesto un personaje que se pueda considerar feminista, pero sí trato de abordar el feminismo con mis personajes a través de esta postura, no burlarme de las inseguridades de las personas. Hay veces que no lo logro porque soy hija del patriarcado, una hija que se resiste”, remata Patricia.


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