En la cancha, en la política y en la cocina

Por el

¿Sabías que Argentina consiguió clasificar a un Mundial después de 12 años sin participar? ¡Mujeres tenían que ser!

En abril de 2018 las jugadoras de la Selección Argentina de fútbol femenino consiguieron el tercer puesto en la Copa América en Chile lo que significó una verdadera proeza resultado de la lucha de las propias jugadoras, casi en soledad, a pesar de los pocos días de entrenamiento, a no tener sponsors ni apoyo de la Asociación Argentina de Fútbol, amén de los maltratos permanentes de la dirigencia de un deporte que hasta ahora era patrimonio casi exclusivo de los varones.  

Luego de estar dos años sin entrenador, en 2017 hicieron paro reclamando que se les pagara los míseros 150 pesos que la AFA destinaba al pago de viáticos para que fueran a entrenar a Ezeiza. Cansadas de no ser escuchadas, de ser maltratadas y discriminadas aprovecharon la oportunidad de reiterar su reclamo con aquella famosa foto oficial del equipo en la que las chicas posaron con las manos en las orejas exigiendo ser escuchadas. Solo pedían condiciones dignas de trabajo, entrenamientos en canchas de pasto natural y no sintético, botines que no estuvieran gastados, ropa deportiva adecuada y no de talles más grandes, usada o las sobras de los planteles masculinos.

«Nosotras entrenamos la misma cantidad de horas que cualquier hombre. Como mínimo queremos un sueldo en blanco» pedía una de las futbolistas. «Si pelea una o dos es difícil. Necesitamos estar todas».

El mundial de las guerreras trasciende la disciplina deportiva del juego de la pelota, ese territorio casi exclusivo de los hombres, desde el cual se construyen, reproducen, refuerzan y perpetúan masculinidades hegemónicas y narrativas patriarcales respecto de un ser y sentir nacional que se nos fue vedado a las mujeres porque eso era «cosa de hombres».

Las chicas entrenan a la par de los varones para jugar profesionalmente al fútbol, pero también cuando vuelven a sus casas, lavan los platos, limpian el piso, cambian pañales, cocinan, cuidan de los niños, ancianos y enfermos, estudian o trabajan, entre otras cosas. Sí, tareas de cuidado no remuneradas y entrenamiento para un juego pagado por ellas mismas. 

Pienso en ellas y me pregunto si alguno de los jugadores varones de la selección nacional hará lo mismo en sus casas después de entrenar. Probablemente el salario que percibe como jugador le permite contratar a alguien que lo haga en su lugar, y  casi con seguridad será una mujer la contratada, porque en definitiva «para eso están las mujeres» según el discurso del patriarcado dominante en la sociedad en que vivimos.

Las Guerreras no bajan los brazos. Ellas marcaron el inicio de un cambio trascendental en la cultura futbolera argentina, enarbolando más banderas de otro fútbol posible, un juego que no tiene distinción de género, donde la retribución y las condiciones laborales son justas y equitativas. Las Guerreras devolvieron la esperanza a las pibas que sueñan con ser futbolistas y representarnos a todes en un mundial. Las Guerreras somos todas.

En la política

El sábado 22 de junio pasado cerraron las listas de precandidatos a cargos electivos nacionales, y si bien en nuestro país rige la paridad como requisito para el armado de las listas electorales, pareciera que la agenda política electoral solo tiene los ojos fijos en octubre, y en ese sentido todo lo que se instale en la opinión pública será utilizado para la campaña. Así ocurre con temas como la interrupción voluntaria del embarazo, los pañuelos celestes, los índices pobreza, el desempleo, la caída del consumo, el fondo monetario internacional, el riesgo país, etcétera, etcétera, etcétera… 

La clase política se pelea por encarnar al paladín de la justicia en los temas de coyuntura nacional en pos de cooptar los votos de los distintos sectores, como ejemplo de lo dicho basta recordar la promesa de campaña del presidente Mauricio Macri en la campaña de 2015 que pregonaba “pobreza cero”.

Hoy los varones siguen teniendo la lapicera a la hora de decidir candidaturas y se evidencia con el hecho de que poquísimas mujeres ocupan el primer puesto en las listas, lo que denota una lectura errónea de parte de los dirigentes políticos que miran, pero no ven y que oyen, pero no escuchan, pues con tales decisiones se invisibilidad la lucha del movimiento feminista cuya magnitud es imposible desconocer.

Las candidaturas expresan el proyecto de provincia o país en el que queremos vivir. No basta con candidatas y candidatos que “hablen lindo con palabras de igualdad”, o que participen del movimiento “ni una menos”, o que se manifiesten a favor o en contra del aborto.

La equidad de género sólo es posible cuando hay autonomía política, participación ciudadana e inclusión social, en definitiva, mujeres empoderadas que tienen la posibilidad de ejercer sus derechos y un estado que les garantice tal posibilidad.

Todos, todas y todes queremos vivir en una sociedad justa. Para eso necesitamos que nuestros representantes (hoy candidateándose a serlo), máxime si se trata mujeres, tengan indefectiblemente perspectiva transversal de género, porque la condición de mujer atraviesa a todos y cada uno de los temas que hacen a la discusión política y a la agenda pública.   Como sociedad cabe preguntarnos qué podemos hacer, como ciudadanos y ciudadanas debemos cuestionar las razones para elegirlos, debemos exigir propuestas políticas con perspectiva de género, es imperioso y urgente que nuestros representantes conozcan lo que nos pasa a las mujeres, que como las Guerreras, o cualquiera de muchas mujeres, sufrimos la inequidad y la injusticia por la única razón de ser mujeres…

Y como mi curiosidad es infinita, me surge otra pregunta que la comparto con ustedes: Cuáles serán las posiciones, opiniones y propuestas de nuestros candidatos y candidatas a cargos electivos respecto de las cuestiones de género, de las problemáticas que nos aquejan a las mujeres, a las mujeres que son niñas, a las mujeres que son niñas y `pobres, a las mujeres pobres que no pueden acceder a la salud por ser pobres, a las niñas pobres que no pueden acceder a la salud sexual y reproductiva en condiciones de igualdad con las demás mujeres que no son pobres….

Tal vez colectivamente podamos encontrar las respuestas a estos interrogantes, pero ese será tema de la próxima columna….

#QueremosFeministasEnLasListas.



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