Memorias del agua

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(Foto: Jorge Tello)

El desastre que vivió Resistencia y otras ciudades del interior provincial con las inundaciones durante este mes de enero de 2019 quedará en el recuerdo emotivo de los comprovincianos y habitantes de la región. Resulta difícil calificar ese tipo de episodios porque, si bien el fenómeno estuvo ocasionado por las intensas y copiosas lluvias, que son inclemencias climáticas, no se trata sólo de fenómenos “naturales”: algo estamos haciendo los humanos cuando intervenimos la tierra para que sucedan.

De hecho, al transitar por las zonas anegadas, sobre todo en el interior profundo donde uno entiende que la gente no sólo pierde su casa o sus pertenencias sino que además está perdiendo su trabajo de todo un año o de toda una vida, con tener sólo un poco de empatía se percibe el dolor desde lejos. Es difícil imaginar la vuelta a casa de quienes, literalmente, perdieron todo.

La planificación urbana y rural son responsabilidad del Estado, de eso no hay dudas. Pero también hay responsabilidades individuales. A los niños les enseñan en la escuela a cuidar el ambiente pero parece que hay un momento en la vida en el que se olvidan esos aprendizajes. Durante mucho tiempo guardamos papelitos en bolsillos y carteras hasta que volvemos a tirarlos en cualquier lugar. O vuelven, las responsabilidades en este sentido son individuales.

En esos momentos, evocamos la letra de tantos chamamés tan sentidos para los habitantes del nordeste argentino, en especial el que hizo conocida a Teresa Parodi en la década del ‘80: Apurate José. “Esta vuelta a las aguas me da más miedo, todo el bicherío la está anunciando como nunca fue (…) ya junté los críos y el atadito en el terraplén”, dice en la primera estrofa. Todo un cuadro.

Cualquiera que viva en la zona sabe que no es sólo una sensación. Aunque la canción describe una suba del río, y en el caso chaqueño esta vez haya sido por el récord de precipitaciones sumado a la pérdida de absorción de los suelos por la deforestación, se trata de lo mismo: somos los humanos los responsables del famoso cambio climático y, en todo caso, de sus consecuencias.

Desde que tenemos memoria escuchamos decir que Resistencia es una palangana, que como no se va a inundar si fue construida sobre lagunas. Lo que no se asume es que, aunque eso sea así, los habitantes de este suelo no somos los mejores cuidando nuestro espacio vital. Más de uno habrá visto cuando un vecino tira una botella descartable por la ventanilla de un auto, desagües y alcantarillas tapadas, bolsas de residuos en cualquier esquina, hasta pañales descartables desparramados por ahí.

La planificación urbana y rural son responsabilidad del Estado, de eso no hay dudas. Pero también hay responsabilidades individuales. A los niños les enseñan en la escuela a cuidar el ambiente pero parece que hay un momento en la vida en el que se olvidan esos aprendizajes. Durante mucho tiempo guardamos papelitos en bolsillos y carteras hasta que volvemos a tirarlos en cualquier lugar. O vuelven, las responsabilidades en este sentido son individuales.

Se trata de un problema que debería tener respuestas desde los gobiernos. En general, las propuestas de campaña contemplan políticas para el campo y los productores agropecuarios. Pero no sólo es la soja la culpable, también las fumigaciones desmedidas, el desmonte, la ambición y el afán de lucro descontrolados, entre otros factores.

Foto: Es Chaco

Por eso creo que la solución no sólo es política sino también cultural. Puede llevar años, pero no podemos seguir mirando para el costado sin acusar recibo de los llamados de atención. No tenemos permitido olvidar, todos debemos conservar la memoria del agua tanto para enfrentarnos a las urnas como para caminar por la calle. Es nuestro deber como ciudadanos.    


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