Amores libres: Cada quien donde quiera estar

Por el

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El amor romántico o idealizado tiene una base victoriana, mejor ejemplificado en la obra de Shakespeare, Romeo y Julieta, donde el motor y sentido del amor es el imposible. El pretexto que usamos para idealizar a la otra persona y la imposibilidad de concretar el romance es lo que lo prolonga en el tiempo y lo lleva a una lucha por estar juntos, a pesar de…

En la actualidad, el «a pesar de» nada tiene que ver con el contexto social de aquella época, sino más bien obsesiones que llevan a una o ambas partes de la relación a una dependencia tóxica que anula su individualidad. La diferencia entre el amor romántico y el amor contingente (nuevo concepto, aunque lamentablemente se cae una vez más en el vicio de las clasificaciones), se basa en ese mismo ideal. En el primer tipo no se busca una trascendencia en el tiempo, ni un apoyo mutuo, ni mucho menos el crecimiento personal; se basa en buscar, pese a todo suceso, el momento de estar juntos, enfocar la energía en destruir el imposible, que una vez disuelto, termina con el deseo, como motor fundamental, agotando así la relación, si es que anteriormente no los llevó a la locura, mediando todo tipo de violencia o artimaña para lograr dicho vencimiento del imposible.

En cambio, en el amor contingente se busca exterminar a las mal llamadas «mariposas de la panza» y  se construye una relación con la otra persona como ser individual, aceptando así sus virtudes como defectos, teniendo como valor fundamental la libertad. El acompañarse es voluntario y no existe impedimento para estar juntos, ya que es un deseo mutuo. En este tipo de relaciones, pueden darse por acuerdo entre dos o más personas siempre y cuando todas las partes estén al tanto y sin voluntad viciada deseen permanecer allí. Consiste en un acompañamiento sincero, basado en compromisos sentimentales reales.

Hay tanto concepto suelto dando vueltas y hay cada abanderadx que utiliza el término en vistas a cumplir su capricho personal según más le convenga…

El amor libre trata de voluntad, de la real voluntad de quienes forman parte de esta relación sexo-afectiva donde pactan en común el tipo de relación que prefieren llevar, dónde rompemos esquemas típicos de fidelidad, de celos, obsesiones. Por libre se entiende que quienes forman parte, tengan la total y plena capacidad tanto de sentir, comprender y sobre todo aceptar sin que de ello devenga el engaño, la mentira, la coacción de imponer algo de lo que no estamos seguros. Se trata de respetar a quienes formen parte. El problema surge cuando se utiliza este concepto para persuadir a la otra persona u obligarla a tolerar actitudes, acciones o hechos que no son de su agrado.

Se convierte en una imposición social el DEBER de libertad, distorsionando por completo el concepto mismo de libertad.

Es muy importante que saquemos la toxicidad de la relación. El amor libre NUNCA debe llevar a la locura, porque cuando empezamos a hacer lo que debemos y no lo queremos, en ese preciso momento, acabamos con la libertad.

No creo que exista un camino exacto para determinar cuál es el modo correcto de amar, pero al menos buscar la sanación del espíritu y la tranquilidad de la mente, mediando siempre el consentimiento, ya que no debemos olvidar que cada quien se encuentra donde quiere estar.


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