Delfina Rossi: Sumar perspectiva de género a la economía

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La economía política ha sido históricamente un terreno difícil de transitar por las mujeres, pero el contexto actual está legitimando voces feministas como la de Delfina Rossi, docente universitaria, economista y política argentina, referente del partido Buenos Aires 3D. Visitó Resistencia en una nueva edición del ciclo de charlas “Todas las voces”, impulsado por el municipio el pasado 7 de diciembre en el Consejo de Ciencias Económicas. La acompañaron en el panel Laura Pegoraro y Daiana Duarte.
La especialista puso énfasis en pensar la economía feminista desde lo popular para entender cómo la crisis afecta a las mujeres no solo desde la construcción binaria entre lo productivo y lo reproductivo, sino también desde la distribución del ingreso: “La famosa ley de equidad de género poco tiene que ver con reducir la brecha salarial. Nosotras ganamos en promedio un 27% menos que los hombres. No hay que hacer una ley que diga que tenemos que cobrar igual por el mismo trabajo porque nuestra Constitución ya lo dice. El problema es que nosotras trabajamos mucho menos en el mercado formal -remunerado-, porque trabajamos más en la casa y en el cuidado de la familia”.
En el contexto actual las mujeres estamos relativamente incorporadas en el mercado de trabajo en términos estadísticos. “A nivel país estamos como Italia o España, pero participamos en el mercado de trabajo en puestos feminizados”. ¿Por qué ocurre esto? “Porque parece que, como parimos, somos mejores cuidando los chicos y los adultos que los hombres. Entonces nuestro trabajo tiene más que ver con el amor y la reproducción social. Automáticamente el amor se traslada a la sociedad, ocurre una magia que hace que nos paguen menos”, ironizó.
Algo diferente ocurrió cuando las mujeres se incorporaron al mercado de trabajo como una consecuencia de la precarización laboral y de que con un salario la familia ya no podía vivir: “No fue una medida revolucionaria feminista el hecho que nosotras ingresemos en el mercado laboral, fue una consecuencia de la opresión del sistema capitalista que necesitaba más trabajadores baratos. Claro que luego con la independencia económica ganamos autonomía, pero la incorporación de las mujeres se hace en un contexto de recesión. Los hombres iban perdiendo puestos de trabajo formales en el proceso de desindustrialización y las mujeres se incorporaban en puestos de trabajo altamente feminizados y precarizados”.

La economía y el aborto legal

“Fue un error no haber aprobado el aborto en su momento, lo digo abiertamente y hasta se lo comenté a Cristina”, dijo categóricamente. El aborto legal, seguro y gratuito se traduce en el hecho de “dejar de decirnos a las mujeres que porque somos gestantes tenemos que garantizar la reproducción social, y eso genera un quiebre en todo el patriarcado”, explicó.
La división sexual del trabajo que se traslada al mercado laboral nace del hecho biológico que las mujeres paren. Dicho de otro modo: “La división sexual del trabajo donde nosotras somos las encargadas del cuidado del hogar, hace que nos incorporemos al mercado laboral en situaciones desventajosas”. El hecho de poder decidir libremente sobre ser o no sujetas de reproducción social, pone en jaque la lógica patriarcal.

Casitas de cristal

La metáfora de las casitas de princesa, con paredes y techos de cristal en donde se alberga a las niñas desde pequeñas, perdura cuando las mujeres ingresan al mercado laboral.  Cuando las feministas hablan de paredes de cristal, refieren a aquellos puestos de trabajo altamente feminizados en donde también los techos son de cristal, ya que no se les permite acceder a puestos de mando. “No conseguimos llegar a lugares de poder y por supuesto, en el camino de esas casitas de princesa, seguimos enganchadas a ese suelo pegajoso que son las tareas de cuidado del hogar y reproductivas”, dice.
Para graficar esta afirmación, la especialista citó un artículo reciente de Clarín titulado “Brecha de género: Aunque las mujeres están más formadas, les cuesta más que a los hombres conseguir trabajo”. El mismo revelaba que sólo el 9% de las pequeñas empresas está en manos de mujeres y el 10% de los cargos directivos son ocupados por mujeres, entre otros datos relevantes. “Este es el techo de cristal, si bien somos las mujeres las que en mayor número egresamos de las universidades – aludió a datos recientes del nivel de egresos en las universidades del nordeste argentino- no accedemos a los puestos de poder”.

Mujeres y crisis económica

En su exposición, Rossi volvió varias veces al eje de que la crisis económica afecta más a las mujeres. “La crisis autoinducida por este gobierno, no solo neoliberal sino también conservador, tiene mayor carga que nunca sobre las mujeres. Somos las que estamos en aquellos puestos laborales más precarios y, por más que seamos trabajadoras asalariadas formales, estamos debajo de la línea de pobreza por ingreso”.
“Una empleada del Estado tiene un salario promedio de $18 mil, para estar por encima de la línea de la pobreza hay que ganar arriba de $22 mil. El Estado genera trabajadores pobres, sabiendo que en su mayoría -la planta de trabajadores estatales- está compuesta por mujeres”.
A esta realidad se le suma un discurso desde el propio gobierno que dice que “los trabajadores son ñoquis, que no tienen que hacer paro, siendo el propio Estado el que quita derechos porque además de que le saca rango ministerial a la salud y a la educación, las transferencias a las provincias en términos de infraestructura no están, al contrario, cayeron dramáticamente”, enfatiza. En un contexto de crisis, “el gobierno tiene la desfachatez de decir que hay que repartir menos”.
“¿Qué pasó en la sociedad argentina para que avale que le digan que no hay plata para los medicamentos del SIDA, que no hay plata para los preservativos, que no hay para la leche, ni para los anteojos a los pibes de las escuelas? Si un chico no lee a los 7 años, van a decir que es revoltoso, lo van a excluir del sistema escolar, después no lo vas a poder reinsertar y además, la culpa es de la madre. Súmale la perspectiva de género a todo esto”.

Macrismo y hegemonía cultural

Desde su perspectiva, entiende que este gobierno ha logrado un cambio cultural de despolitización que hace que la sociedad crea que es ella la responsable de la crisis y no las políticas de Estado implementadas. Si bien entiende que “hay una parte que cree que la culpa es del gobierno anterior, el macrismo hizo una transformación fantástica de la hegemonía cultural. Que aprueben un presupuesto sin tanta presión en la calle, sin revueltas populares, diciendo que le van a recortar derechos y de que eso es lo que se necesita para que el FMI nos dé plata, la verdad, es que hay que sacarse el sombrero”.
“El macrismo está haciendo su esfuerzo para explicarnos que no sabemos hacer nada, que mejor que nos gestione el FMI en una oficinita del Banco Central. Este es un relato del sentido común macrista”, subrayó.
Con estos términos categóricos, instó a considerar que la crisis económica es autoinducida y que este es el punto de partida para ayudarnos a entender que “lo personal es político”. Aquí es donde encuentra la alternativa, “hay salida a la crisis económica y es una cuestión de voluntad política”.
Ahora bien, ¿cómo explica este conformismo de las clases medias? “Suele suceder que cuando los gobiernos populares incorporan a las masas a través del consumo, se choca contra lo que llamamos la restricción externa, con la necesidad de dólares. Entonces la clases medias y los industriales se ponen nerviosos, faltan dólares y hacen alianzas políticas con los sectores de derecha”.
“Es una responsabilidad nuestra pensar en una salida a nuestra crisis económica que sea superadora a experiencias anteriores, que no sólo incorpore a los sectores populares que van quedando afuera, sino pensar en la estabilidad de modelo macroeconómico que vayamos a proponer, para no caer en esa restricción externa”.


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