Arquitectura hostil: Cuando las ciudades se vuelven contra los ciudadanos

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Últimamente, vemos como cada vez más gente duerme en las calles en Resistencia. Si tus ojos no se acostumbran a estas escenas diarias podrás llegar también a otras conclusiones todavía más dolorosas. Las ciudades se vuelven contra esas personas.

La condición de indigencia a la que llegaron los expulsó primero a las calles y ahora los gobiernos de turno, en diferentes ciudades de todo el mundo, se ocupan de alejarlos del uso del espacio público.

Se están instalando defensas de diversos tipos contra las personas sin hogar. Si decir “defensas” y “contra” les parece exagerado, sólo hay que mirar a algunos de los más polémicos ejemplos en el mundo, que en adelante compartiremos a través de imágenes e información publicada en el blog Ecosistema Urbano.
Un caso que adquirió bastante notoriedad por su carácter rudo y descarnadamente agresivo es el de los pinchos de cemento de China. Estas puntiagudas pirámides, que aparecieron a principios de julio de 2012 bajo algunos viaductos, despertaron reacciones de todo tipo. Curiosamente, ninguna institución se mostró dispuesta a admitir su autoría y responsabilidad sobre ellas, hasta que fueron reconocidas y retiradas por el ayuntamiento debido a la presión social.

 

Otro caso de resonancia es el de las púas metálicas de Londres, concretamente las que aparecieron en la entrada del edificio residencial oficial.

Ya hace varios años también empezaron a aparecer en Europa bancos individuales o separados por un supuesto apoyabrazo y fijados al suelo, de apariencia completamente inocente pero que en realidad son una perversión del mobiliario urbano: aunque pocas veces admitido, el objetivo es que la gente no pueda dormir en ellos.

Un claro ejemplo en nuestro país es el de la gestión del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) que hace un tiempo estrenó un recambio de bancos en plazas públicas y en Estación Constitución, con el fin de invisibilizar la pobreza. O por lo menos que la gente no pueda acostarse en ellos ya que los atraviesan unos apoyabrazos que los dividen en tres partes. Mientras los números de la indigencia crecen en el país las brillantes mentes que conducen las políticas públicas en las ciudades, pretenden atacar el problema sacándolos de escena.

 

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Casos más cercanos

Pero no hay que ir a mirar muy lejos para notar que la pobreza desparramada en las calles es un desparpajo que muchos no están dispuestos a permitir. No porque duela, no porque no indigne tanta desigualdad, no porque se pretenda que la hambruna y la falta de hogar de muchas personas se termine y por ende desarrollen políticas públicas tendientes a buscar una inserción social de esta gente abandonada por todos. La pobreza, con su olor a humo y mugre, molesta a propios y extraños. A quienes gestionan y a quienes pagan impuestos y se atribuyen derechos de no soportar esas postales.

En Resistencia, bulevares, esquinas o toldos de algunos comercios e instituciones sirven para guarecerse de la intemperie a quienes, por distintos motivos y escasas oportunidades no tienen dónde vivir.

Un ejemplo muy visible fue la la esquina de López y Planes y 9 de Julio, en el edificio del InSSSeP, donde de todas las noches podía verse unas 12 personas amontonadas. Muy juntos para darse calor y poder dormir, tapados con algunas frazadas y cartones intentaban descansar en el lugar. Hasta que a fines del mes de julio se comenzó a ver una estructura de metal que tapaba la zona y en pocos días apareció un reloj que además indica la temperatura, (servicios fundamentales para el ciudadano de bien), adornado con un ploteo publicitario del Instituto de Seguridad Seguros y Préstamos.

Muchos pensarían inmediatamente ¿en qué lugar se guarecerían ahora esas 12 personas? ¿con qué objeto de repente aparece esa estructura que antes no fue pensada? ¿molesta a los ojos de la gente la pobreza? ¿las gestiones de estado acompañan paralelamente el tratamiento de las causas de la pobreza o el propósito es solo esconderlos?

Son muchos los interrogantes y pocas las certezas. Pero lo cierto es que las doce personas que generalmente se ubicaban en ese lugar “fueron trasladadas a un centro de contención social ubicado en Villa Prosperidad, de Resistencia”, según lo publicó chacodiapordia.com, e inmediatamente se colocó una suerte de placa de metal, para evitar que vuelvan a instalarse.
Lo que más profundamente indigna es que”los vecinos de la zona denunciaron que algunos de las personas sin techo que dormían allí, ocasionaban disturbios que molestaban a los residentes de ese sector de la ciudad”.

 

El quiebre en los lazos de solidaridad

Para intentar tener una lectura del ámbito académico, consultamos a la arquitecta Andrea Benítez, una de las investigadoras del Instituto de Investigación y Desarrollo en Vivienda de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la UNNE, integrado hace unos años al Instituto de Investigación y Desarrollo del Territorio y el Hábitat Humano que también conforman otros científicos del CONICET y de la Universidad.
El Instituto de la UNNE ya tiene 50 años de investigación orientado al análisis del hábitat popular. Pero desde el “2007 se amplió al análisis de políticas habitacionales y progresivamente se fue incorporando más fuertemente la cuestión urbana ambiental, además de las viviendas particularmente. Manejamos un concepto de hábitat denominado multidimensional en el sentido que incluye la cuestión, jurídica (derechos), sociocultural, ambiental; no únicamente el hábitat como casa”, explica la arquitecta mientras nos introduce al objeto de estúdio de años.
“Desde el año 2013 comenzamos a trabajar desde un concepto llamado Área Urbana Deficitaria Crítica (AUDC), a partir de una propuesta del Dr. Miguel Barreto (que es quien dirige el proyecto más amplio en el cual analizamos esto) donde no trabajamos ni en enclaves de riqueza, ni en enclaves de pobreza ni en enclaves que tengan una determinada forma de promoción habitacional específica, si no justamente áreas de la ciudad donde se pueden visualizar distintas formas habitacionales interactuando, incluso con grupos socioeconómicos diferentes, con costumbres distintas, pero que comparten una misma problemática urbana, ambiental, de infraestructura. Esta noción de AUDC para nosotros fue de gran apertura surgido de diferentes proyectos de investigación, que nos permitió ver, entre otras cosas lo que entendemos como fragmentación urbana. Las AUDC permiten ver de manera clara cómo interactúan las estrategias de producción de ciudad vinculadas al mercado, las estrategias desde el Estado de resolución de conflictos, y las estrategias desde los mismo grupos sociales auto-organizados para la propia producción de su hábitat. A mi me interpela mucho esto, porque el concepto de fragmentación urbana problematiza, no tanto las diferencias de las clases sociales en el espacio, sino el debilitamiento de los lazos sociales entre distintos grupos (como explican Milton Santos o Ane Marie Prevot Shapira). La ciudad clásica moderna pensada en términos de mixtura social, de integración, universal; se fue perdiendo progresivamente y actualmente se tiende como a los autoencierros tanto de las clases más acomodadas, como de las clases medias y de las más humildes. Y se produce un quiebre en los lazos de solidaridad social”, explica la investigadora.
Según la profesional esto lleva unos 20 años avanzando en la urbanización de ciudades: “se trata de una tendencia que se da desde la emergencia de lo que se denomina la ciudad global. Es decir desde que se profundizan las estrategias de lógicas de comercialización mundial, desde la profundización de estrategias de mercado en el mundo”.

“… el concepto de fragmentación urbana problematiza, no tanto las diferencias de las clases sociales en el espacio, sino el debilitamiento de los lazos sociales entre distintos grupos…”

Para la investigadora, estamos ante una “sociedad hostil”, amplía la mirada y sin alejarse del concepto de “arquitectura hostil” supone y hace prevalecer las intenciones sociales: ciudadanos y políticas públicas incluidos, “porque efectivamente rige como una idea de sospechar todo de todos y de construcción de peligrosidades, de depositar en los otros que son un poco diferentes a mi, una peligrosidad latente. Todo muy respaldado por una sobrevaloración de la inseguridad. Se incrementa la idea de un mundo inseguro que hace que la gente se repliegue en las casas y en sus grupos de iguales. Y así vemos como iniciativas vinculadas a lo colectivo, a lo solidario se van perdiendo” indica y se explaya. “Esto se visualiza en el fortalecimiento de barreras arquitectónicas, en límites que permiten estipular quienes somos los de adentro y los de afuera. Incluso no necesariamente ante la existencia de barrios legalmente cerrados, sino que efectivamente se van construyendo barreras que van dividiendo los espacios y permiten diferenciar claramente quienes son los que comparten un estilo de vida y quienes no”.

Un gran barrio con fragmento social

Particularmente una de las áreas testigo que han analizado es la que está en torno del Club de Golf, constituida por una enorme cantidad de barrios como por ejemplo el Mujeres Argentinas, que es de promoción estatal. “La primera cosa de diferenciación que surge con el barrio lindante fue el nombre, llamándose Barrio Parque Golf Club, habitado por personas de un poder adquisitivo alto, que tiene un límite prácticamente virtual con el green del club de golf, que es un alambrado muy sutil que permite la integración con el club y su visualización plena.”
Hay otros barrios que integran la zona y son estudiados por los investigadores, una gran zona donde se permite ver la gran segregación de clases sociales y donde se pueden observar estos casos de fragmentación o distanciamiento entre grupos sociales. El ejemplo más claro aquí es “el gran y altísimo muro que rodea al Club de Golf hacia el barrio Mujeres Argentinas y hacia un asentamiento irregular que hay, que impide completamente la visual desde el club hacia los barrios y viceversa”. Esto es percibido por los vecinos como una pérdida pero “lo justifican con expresiones del tipo de “son los dueños, pueden hacerlo” y a su vez desde el club argumentan sus justificativos en que es para “evitar perjuicios con las pelotitas”, detalla Benítez como argumentando en detalle que las barreras arquitectónicas no son otra cosa que el producto de una segregación social cada vez más pronunciada y odiosa que profundiza desigualdades.

“…una tendencia que se da desde la emergencia de lo que se denomina la ciudad global, desde la profundización de estrategias de mercado en el mundo…”

Pero la sociedad es un todo integrado por diferentes sectores, donde sobresalen aquellos que toman decisiones e implementan políticas públicas. “A esos procesos de fragmentación también contribuyen algunas prácticas estatales como el trato diferente de unos y otro grupos sociales. Incluso las preferencias de las mismas personas refuerzan la fragmentación. Los de mayor poder adquisitivo no mandan a sus hijos a la escuela del barrio, por más que estén en el área de influencia. Quienes pueden elegir optan por las escuelas del centro, argumentando claramente que no socialicen con los chicos de los asentamientos”.
La exclusión desde el Estado es una metodología que algunos acompañan, pero que sin embargo seguirán encontrando detractores. “Incomoda ver el resultado de políticas tendientes a profundizar la desigualdad. Incomoda aún más esta expresión infantil, fetichista de atacar la expresión y no atacar las causas. Muchas de las personas que vemos durmiendo en la calle, en situación de calle, podemos inferir que no están insertas en el mercado laboral y que ya fueron expulsados o ni siquiera tuvieron la oportunidad de estar. Hacerse cargo de esto sería atacar las causas”, indica la investigadora que si bien reconoce que en Resistencia existe una “intención” de lograr una ciudad integradora con el uso “político” de los espacios públicos, aún hay mucho por mejorar en cuanto a las barreras arquitectónicas y la fragmentación urbana.
El espacio público: lo que es de uso de todos, aquello que pertenece y es común a todos. Es una definición que claramente supone el uso del mismo para cualquier persona. Sin embargo hay que entender que “el espacio público es el espacio político. Donde se produce el encuentro social, la socialización por excelencia.Lo que tiene es la dimensión política: en este sentido no es lo mismo que algo pase en el espacio doméstico que en el espacio público”.

Una cultura del control y la exclusión

Por eso es fundamental una sociedad empoderada en contra de tendencias mundiales excluyentes, basadas en parámetros económicos y elitistas.
Todo un mundo de creatividad aplicada a la repulsión a la exclusión de los pobres, de los ancianos, de las personas discapacitadas.
En los casos comentados aquí, el mobiliario o las barreras se hacen parcial e intencional, y bajo una apariencia inocente está apoyando una cultura del control y la restricción. Como si si se viese a los ciudadanos como potenciales criminales y se los encarcelara de antemano restringiéndoles inadvertidamente su libertad de usar el espacio público.
Las ciudades, lugares del desarrollo de la gente y para muchos “su lugar en el mundo”, se vuelven contra sus ciudadanos.
Según el filósofo francés Michel Foucault, “el poder designa relaciones entre sujetos que de algún modo, conforman una asociación o grupo; y para ejercerlo, se emplean técnicas de amaestramiento, procedimientos de dominación, y sistemas para obtener la obediencia”.
El resultado de todas estas acciones es eliminar, desde el impedimento físico, cualquier comportamiento no deseado por quienes tienen el control de las ciudades. Y como sostienen las fuentes consultadas “eso es represión, represión física, psicológica y cultural. Represión, a veces muy velada y rara vez demasiado explícita, por parte de los que intentan crear un mundo urbano artificialmente simplificado, monofuncional y controlado, donde sea imposible crear y vivir algo nuevo, donde ser diferente no sea opción”.
Y si los gestores de turno y los grupos sociales siguen abordando sus problemas desde el miedo, defendiéndose de los síntomas de un modelo socioeconómico, sin actuar sobre sus causas, no podemos esperar ciudades para ciudadanos libres, sino estructuras estancas, excluyentes y con impedimentos para el desarrollo de las personas y habitantes cercados imposibilitados de crear y crecer.


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One thought on “Arquitectura hostil: Cuando las ciudades se vuelven contra los ciudadanos

  1. Avatar for Proyecto Bohemia

    Juan Carlos Contreras

    Interesante análisis. El cual refleja, según mi humilde opinión, la hipocresía de la sociedad, la que se observa en muchos aspectos.
    Trabajadores despreciando los paros, desocupados actuando contra los “piqueteros”, mujeres contra mujeres, hombres contra hombres, etc…
    Las violencias contra el prójimo se maquillan con explicaciones livianas, la estética se privilegia a la humanidad, el ganar la razón se impone a la empatía. Las violencias se acumulan y aumentan en total correspondencia a la miopía social.
    Pretendemos ser sin importarnos el anulamiento de los demás seres.
    Y esto no es algo limitado a un nivel socio-económico o clase social.

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