La solidaridad es cosa de chicos

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No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende». Eduardo Galeano

 

¿Qué hacen los adolescentes en primavera? Cerca de 100 chicos, estudiantes de los colegios secundarios del centro de Resistencia, se reúnen durante la semana para organizar su finde. Ellos pueden elegir qué hacer, qué comer, qué comprar. Pero eligen compartir.

Son los chicos de la Red de Estudiantes Solidarios (RES) que se formó hace un año y un poco más, luego de que una inagotable lluvia de otoño que azotaba a los más necesitados los pusiera en el dilema. “Tenemos que hacer algo, profe”, escuchó Julio Moschen. Y así arrancaron. Visitaron un merendero, después otro y hoy son nueve los espacios en donde niños y niñas de una Resistencia postergada los esperan sabiendo que sus amigos nunca faltan.

Bohemia los conoce desde el inicio. En el afán de mostrar la otra cara de los jóvenes en los medios, plagados de malas noticias, delincuencia, drogas, estigmatización, y en el mejor de los casos, una nota de color en algún parque urbano, los encontramos en septiembre del año pasado y pensamos. ¿Cuánto durará? A lo sumo, hasta que este grupito termine 5° año, especulamos.

Error. Grosero error. Afortunado error. La RES nunca dejó de visitar los merenderos, no se conformó con uno o dos, tampoco con una merienda para cumplir. La clave quizás esté en la loca utopía juvenil, esa que no se queda quieta y, aunque sabemos que nunca se alcanza, sirve para caminar, como bien dijo Galeano.

Quisimos verlos en acción y los acompañamos al Centro Comunitario “Esteban Moreno” del barrio Cacique Pelayo de Fontana. Allí estaban, a la hora acordada, 20 adolescentes, 20 chicos del barrio y unos cuantos perros. Los acompañaban un par de adultos, Hada López fue la anfitriona. Ella es una maestra qom, da apoyo escolar en ese espacio. Pero este fue un sábado diferente porque el amor y la entrega colmaron el salón.  

María Sol va a 5° del María Auxiliadora. Nos cuenta que están haciendo una actividad de apoyo escolar sobre los derechos del niño: “La idea es trabajar los derechos puntualmente, porque muchas veces ellos no saben que los tienen, como a la salud, a la alimentación, a la higiene. Trabajamos a partir de dibujos”. Luca, del San José Obrero, cuenta que después de terminada la actividad pedagógica compartirían la merienda, que en esta oportunidad iban a ser flanes. “Nosotros los elaboramos, pedimos donaciones de cajitas de flanes y los preparamos en la semana”.

Sol y Luca detallaron la actualidad de la red: “Visitamos alrededor de nueve merenderos de las cuales tres son del Cacique Pelayo. En todos hacemos las mismas actividades”. Sofía –otra estudiante- se encarga de armar las actividades que después comparte con los demás miembros de la red. Todo está coordinado para que nunca dejen de estar presentes en los merenderos y en las comunidades que los esperan. El tiempo y la dedicación es lo que los distingue. El profe siempre lo resalta, dice Luca, “no queremos que los adolescentes estén en los medios por cosas negativas, queremos cambiar eso y mostrar que esto que hacemos es bueno y que los adolescentes podemos hacer cosas buenas”.

La forma en que se organizan es a través de las redes sociales. Facebook, Instagram y Twitter son sus medios de difusión de campañas de recaudación, de definición de puntos de encuentro y todo lo que implique orquestar las actividades de la semana. Es una red abierta, cualquiera se puede sumar, no hace falta que sean estudiantes de secundario. Incluso esta vez los acompaña la red “Qompartir”, un grupo de estudiantes universitarios que desde el año 2013 comparten experiencias con una comunidad qom de Villa Río Bermejito. De ellos hablaremos en una próxima nota.

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El profe

Julio Moschen es docente y es quien desde el inicio acompañó a los chicos en sus reuniones, sus campañas y nunca falta a los merenderos.  “Lo que marca la impronta de la RES es que la donación no está primero. No es importante lo que llevamos y lo que damos, sino lo que hacemos con ellos. Generar un vínculo y un espacio de encuentro”.

La red se vincula con las comunidades originarias desde el inicio. “El primer merendero que visitamos fue en el barrio Chilliyi, al lado del barrio Toba. Y el segundo fue en el Cacique Pelayo, en el sector uno. Este año nos expandimos al sector tres y la semana que viene empezamos con un tercer merendero en el barrio 500 Viviendas, pegadito al Cacique Pelayo”, relata el profe.

Le preguntamos cómo ve a las comunidades indígenas urbanas y respondió:  “Siempre lo digo, sufren una discriminación múltiple. Viven en las villas, son negros, son pobres y son indígenas. Y en la ciudad los discriminamos. No conviven con el resto, los tenemos de menos, no tenemos espacios públicos en común. Y si están en el mismo espacio están para pedir y nada más. Lo digo como docente, hay una ignorancia fenomenal al respecto”.

En plena acción

 

Y en este acortar distancias entre el espacio urbano y la periferia marginada, está el compromiso. “Están muy acostumbrados al abandono”, comenta Julio y da un ejemplo. En el mes de agosto se festeja el Día del Niño: “Todos se acuerdan de que existen los niños en los barrios pobres y les hacen fiestas, les traen regalitos, inflan los castillos, y eso está bien. Pero nosotros no hacemos eso, no hacemos nada extraordinario, porque estamos siempre”. En ese compromiso de estar viene el reconocimiento de las comunidades. “Ustedes siempre vienen”, les dicen, porque así sean cuatro, o diez o veinte, la RES llega igual.

“Siempre se da el encuentro y el vínculo, pero cuando lo sostenemos en el tiempo, hay algo más. Ya no es otro extraño, sino alguien que tiene nombre y rostro. Como diría Galeano, no son los nadies sino que son alguien con entidad. Cuando vamos llegando, los chicos salen corriendo a recibirnos, ya se conocen por los nombres y se genera algo fuerte”, cuenta el profe.

“Confieso que hay un límite que no sabemos cómo superar”, dice Julio. Se refiere a la ausencia de los adultos. “¿Qué nos pasa como sociedad adulta que no podemos dar un paso más? Nos quejamos de la sociedad materialista y consumista pero ¿qué planteamos de diferente”, se interroga mientras resalta la presencia de los veinte jóvenes y solo dos adultos.

Tejiendo vínculos

El sábado anterior a la llegada oficial de la primavera fue un día especial. Hicieron trato con Hada, que da apoyo escolar en el Centro Comunitario del barrio Cacique Pelayo, para compartir una tarde con los chicos del barrio.

Ella también es maestra de la Escuela Bilingüe Intercultural N° 62. Se conocieron con Julio hace un mes, en ocasión del II Seminario de Genocidio Indígena, que tuvo sede en el Domo del Centenario. Hace mucho tiempo dedica los sábados a los chicos de su barrio en su afán porque aprendan a leer y escribir y no dejen la escuela. “En principio en mi casa y ahora llegamos a este centro comunitario porque no está ocupado los sábados. Yo les expliqué – a la RES- cuál es mi manera de trabajar y qué es lo que no quiero. No quiero que les regalen cosas por regalar. Yo necesito que traten de mejorar su rendimiento en la escuela. Que aprendan a ganarse las cosas por su esfuerzo. Pero sobre todo me preocupa la deserción escolar. Los chicos faltan mucho y tienen problemas de aprendizaje”.

Esta deserción no tiene que ver con el idioma originario, sino con otros factores, como la falta de acompañamiento familiar, por ejemplo. “Yo también soy docente, tenemos súperpoblación de niños en las aulas”, comenta y resalta que “para enseñar a leer a un niño, necesitas que el trabajo sea personalizado”.

Por eso se alegró tanto de este encuentro. “Hay que empoderar a nuestros niños, con los adultos es más difícil cambiar ideas, pero trabajar con los niños y hacerles ver cosas distintas para ir mejorando su calidad de vida, aportando semilla por semilla para lograr que sean alguien en la vida, ese es mi sueño”.

“La solidaridad declamada no tiene sentido si no se la hace efectiva. Y se la hace efectiva poniendo el tiempo de cada uno”. Con estas palabras Julio Moschen les habla a los pibes. “No se trata de dar cosas, lo material sirve, pero no es lo principal. Si todas las veces llevás cosas te van a ver como el que lleva. Andá vos, sentate a jugar y a compartir”.

Y esta red tejida por estudiantes solidarios se extiende y se fortalece. Tienen la suerte de poder elegir y la certeza de que están en el camino correcto.


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