Luz verde a la clandestinidad: El aborto no es legal, pero es legítimo

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En la madrugada del 9 de agosto, el Senado argentino rechazó por 38 votos a 31 el proyecto de legalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), que obtuviera la media sanción en junio en Diputados. Después de 10 años de militancia feminista, el “ahora que estamos juntas” se hizo masa y en cuatro meses de debates en la legislatura, la palabra aborto pasó de ser tabú a estar boca de todos.

Con este resultado, el proyecto de IVE no se podrá tratar hasta que comience el nuevo año parlamentario, el 1° de marzo de 2019. El panorama no es alentador para el próximo período, la conformación del Congreso será la misma y además es un año electoral.

En la sociedad, millones de personas se movilizaron. Con las consignas de los pañuelos verdes por la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito por el lado de los movimientos feministas, mientras los sectores religiosos cristianos impulsaron la cruzada celeste bajo la consigna “Salvemos las dos vidas”.

El cambio social y cultural es el resultado de este proceso que, por el momento, no logró los resultados esperados por la militancia feminista, pero deja claro que la aprobación es cuestión de tiempo, de poco tiempo.

“La presión de sectores conservadores políticos y religiosos logró primero imprimirle al tratamiento un ritmo más lento y luego ir sumando voluntades al rechazo con el correr de las semanas”, escribe Página 12. 

Buenos Aires, frente a Congreso. 8 de agosto de 2018

El año verde

“La lucha por el aborto legal, seguro y gratuito en el país tiene más de una década, pero hoy es cuando, al calor de la sororidad organizada, llegó por fin al Congreso y quedó instalada para siempre en la agenda política, social y cultural de la Argentina”, dice Marta Dillon en Caras y Caretas.

“En este 2018, que será recordado también por las corridas cambiarias, el feminismo le expropió al dólar su color; el verde ya no es el color de la especulación financiera, el verde ahora es aborto legal y esas dos palabras se dicen con orgullo, con certeza de estar demandando por un derecho, con la seguridad de que a la clandestinidad y a la vergüenza no se vuelve nunca más”, expresa la periodista.

Respecto de la otra fuerza, los celestes, Dillon manifiesta que “los militantes antiderechos encuadrados y sostenidos por dogmas e instituciones religiosas, principalmente la Iglesia Católica con sus escuelas, universidades y centros de salud financiados también por el Estado, no lograron aportar ningún otro eje de debate más allá de la defensa de una vida humana desnuda de todo salvo de material genético, ignorando olímpicamente que ese debate está fuera de eje porque el aborto ya es legal por ciertas causales en Argentina”.

Por su parte, la investigadora del Conicet Dora Barrancos, una de las referentes más notables de los estudios de género de Argentina, analiza el proceso y dice: “La batalla por el aborto es una batalla ya ganada. Es irreversible. Se habrá conquistado con la presencia de las mujeres en las calles”.

“Por primera vez estamos ante un feminismo de masas”, afirma la especialista. “Lo central en este derrame hacia las nuevas generaciones y el hecho de que no tenga una sistematicidad teórica, sino puramente experimental. Estoy convencida de que la mayoría de esas niñas no han leído una sola línea de teoría antipatriarcal. Porque lo que hay es una experiencia de hecho, una conquista de la libertad, en relación con todas las batallas que se perdieron antes. Eso, en combinación con el surgimiento de un movimiento como el Ni Una Menos, que puso en estado de reflexión vertebral a varias generaciones de mujeres, que es básicamente a quienes interpela”, plantea Barrancos en entrevista para Caras y Caretas.

 

Colegio San José Obrero- Resistencia, Chaco. 14 de junio de 2018

Seguirán en las calles

“Ganamos”, tituló Mariana Carbajal en su artículo de Página 12 de hoy: “Hay una realidad que no se puede obviar porque hay un cambio innegable en la sociedad y es que el movimiento de mujeres incorporó el aborto a la agenda política, por lo tanto los especuladores tendrán muchos problemas para evitarlo y, como ocurrió durante décadas, no podrán barrerlo debajo de alguna alfombra”.

Seguiremos viendo pañuelos verdes en las mochilas de colegio, en los puños, atados en el pelo, en las plazas, en los monumentos, en el espacio público que es tomado simbólica y empíricamente. Millones de mujeres seguían manifestándose hasta lograr un resultado que se sabía adverso pero que ni la lluvia ni el frío logró desarmar la presencia en las calles.

En el Congreso, la grieta partidaria desapareció. Las diferencias trasvasaron ideologías partidarias, quizás porque se trata de una ruptura más profunda, la del sistema patriarcal. En las calles, la diferencia generacional fortaleció el movimiento. Las tradicionales activistas feministas, sus hijas, sus nietas, y las hijas y nietas de “noveles” feministas se encontraron. Pero la nota la siguen dando las adolescentes y jóvenes. Ellas destaparon la olla en las mesas familiares: “¿Abortaste mamá?, ¿y vos abuela?” preguntaron sin pudor. No tiene más de 25 años, no pueden ser diputadas, pero hablaron en el Congreso, con una solidez discursiva que avergüenza a más de un legislador. Serán diputadas en un tiempo no muy lejano, y en sus manos estarán esos grandes cambios legales que desde su posición iniciaron hoy.


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