Carece de madurez: “Robemos un banco”

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Por Mariano Quirós*

Cuando lo conocí —quince, dieciséis años atrás—, Tony Zalazar se hacía llamar Tony Poesía. Como a cualquiera, semejante extravagancia me empujó a observarlo con un cierto cuidado. No estaba ante un tipo cualquiera. Estaba frente a una persona más bien temeraria. Usar la Poesía, la palabra Poesía, para nombrarse a sí mismo podía significar dos cosas: o estaba frente a un pelotudo importante —que se cree muy importante— o, por el contrario, tenía delante simplemente a un poeta.

 

Lejos del pelotudo importante, lo que Tony Zalazar hacía era dotar a la poesía de mugre, de un cierto tufo, pero siempre revestidos de amor y belleza. Poesía en serio, sin remilgos y con respeto sincero. Así es cómo trata Tony Zalazar a la poesía y así, creo yo, es como hay que tratarla. Así lo exige, más bien, este momento nuestro.

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Dicen, y a esta altura por tanto que lo dicen supongo que es cierto, que escribir poesía es una de las actividades más complicadas, por supuesto más creativas, y sobre todo, más sufridas que se pueda concebir. Los poetas son románticos perdidos, gente sin porvenir, las personas más valientes del mundo. Roberto Bolaño dijo que, si le tocara robar un banco, él elegiría como compañeros de banda a cinco poetas. El robo de un banco, cualquiera lo sabe, es siempre desastroso. A no ser que fundes un banco —como dice el adagio atribuido a Bertol Brech—, no hay manera de que el robo llegue a buen puerto. Y son los poetas quienes encaran los desastres —en este caso el desastre de robar un banco— con mayor dignidad y lucidez.

Tony Zalazar es un poeta muy lúcido. Lo comprobé cuando leí su Ser de Ruido, esa especie de novela en verso libre que narra y versa las vidas urgentes de tres niños que se van haciendo grandes junto con el poema que, a su vez, ayudan a construir. Plagado de escatología, de bandolerismo y de barbarie, Ser de Ruido se erigía, sin embargo, como un soberano chorro de luz lírico, a la vez que fundaba una ciudad nueva. Porque Barranqueras —epicentro de la obra de Tony Zalazar— ya nunca será la misma ciudad después de Ser de Ruido y mucho menos después de lo que continuó a Ser de Ruido. La demostración de que en la miseria no sólo hay miseria, sino que ahí mismo están la ternura y un amor esplendoroso.

Lo mismo con el libro siguiente, con QuHerencia: la historia es más íntima, por eso también más cruda y más introspectiva. El poeta que se había mandado su gran historia de la ciudad de Barranqueras ahora revisaba su propia historia, con el mismo desparpajo, con la misma dulce impiedad. QuHerencia, lo digo yo que del tema no sé nada y por ende cuento con toda la autoridad del mundo para decirlo, es uno de los libros indispensables de la poesía chaqueña.

Hace unos años, Pablo Black y yo empezamos a pergeñar lo que imaginamos una colección literaria, realizada en y desde el Chaco, que incluyera la literatura que a nosotros —a Pablo y a mí— nos gusta leer. Tenemos suerte, tenemos gente que nos cree y que nos toma en serio. Y también tenemos la convicción de que existe muy buena literatura escribiéndose a nuestro alrededor. Porque hay buenas historias, íntimas, pequeñas y enormes, que esperan a que alguien se las apropie. O que alguien las devuelva. De esa suerte, de esa convicción, es que nació Colección Mulita.

Que haya sido Tony Zalazar quien encabezó la colección no es para nada azaroso. En Tony —en su literatura— están la desesperación, la urgencia, un intento por deshacernos del cinismo de la generación que nos antecede.

Los mejores narradores son aquellos que leen e incursionan en la poesía, dicen qué. Tony, como buen poeta, pegó ese salto —de la poesía a la prosa— con absoluta y bella irresponsabilidad. El mundo que había creado, Barranqueras, la Barranqueras de Tony, acrecienta en Carece de madurez los rasgos del Ser de Ruido: la escatología, el vandalismo un poco sin sentido —como todo buen vandalismo, claro—, en suma: la inmadurez. La poesía —digo yo y lo repito: sin saber nada del tema— debe hacer gala de inmadurez. En la inmadurez sobrevuelan la vitalidad y lo absurdo como algo bello.

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Me encanta el ritmo brutal y encendido que maquilla la melancolía de cada cuento en Carece de madurez. Hay una respiración constante que atraviesa cada historia. Tony es de aquellos autores capaces de travestirse y de ser también él, junto con sus personajes, un perdedor consuetudinario, y ganar así lo que un poeta gana con cada derrota: nada, que es lo mismo que decir: todo.

Como Bolaño, si un día me viera en la necesidad o en la mera aventura de robar el Banco del Chaco, no voy a dudar un segundo: le pediré a Tony Zalazar que se una a mi banda. Por supuesto que el robo va a ser un grandísimo desastre, pero va a ser un desastre hermoso.

*Escritor

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