Justicia para dejar de ser víctimas

Por Al Fin Justicia*

Las denuncias por abusos sexuales contra niños y adolescentes en clubes de futbol encienden la alarma sobre un flagelo que daña infancias en los lugares más comunes y “seguros”.                                                  

 A partir de los primeros testimonios de niños que se encontraban alojados en el pensionado de Independiente, la investigación judicial avanza en otros clubes deportivos como Temperley; y recientemente se sumaron denuncias por abusos cometidos entre los años 2004 y 2011 en el Club Atlético River Plate.                                                              

En principio, pareciera ser que la Fiscal Garibaldi, quién recepcionó la denuncia y posteriormente los testimonios de las víctimas por los abusos cometidos en Independiente está decidida a desmontar toda una red de explotación sexual.

El rol que asuma la justicia será fundamental para que las víctimas se sientan amparadas y otras que todavía no han podido hablar lo puedan hacer.                                                                                                            

Muestra Nunca es Tarde Hablá 01

Para ello los actos judiciales que se lleven a cabo tendrán que despojarse de toda una cultura adultocéntrica y patriarcal que está presente en el sistema judicial como así también en todas las instituciones que conforman nuestra sociedad: familia, Iglesia, etc.

Conocer las particularidades de este delito es una obligación de jueces y operadores del derecho porque desde el desconocimiento se puede provocar daños inconmensurables en la vida y en la dignidad humana de niñas y niños.   

 

Un crimen contra la infancia

La Jueza Graciela Jofre sostiene que “Abusar de un niño es matar su alma. Un niño es una fuente inagotable de creatividad y libertad, y es una semilla de cambio.                                                                                                             

Los niños que han sido víctimas de abuso sexual  y no han podido encontrar “justicia” en sus vidas al delito más horrendo cometido sobre la integridad humana (porque el abuso destruye cuerpo y espíritu de un niño) nos confronta con todo el sentido del Derecho y Justicia en esta sociedad”.

El dolor y espanto que provoca que niños y adolescentes que sueñan con una carrera futbolística, hayan sido dañados por adultos que debían cuidarlos y en quienes seguramente confiaban; nos interpela como sociedad acerca del rol que ocupa la infancia y qué actitud debemos tomar ante este delito.

Como sociedad nos cuesta hablar sobre la existencia de este delito porque es perpetrado por aquellos que tienen por función la protección y el cuidado de quienes son sus víctimas.                                                               

Una de sus principales características es el silencio y la impunidad. ¿Cómo un niño/a puede hablar, contar, poner en palabras el acto más atroz? ¿Cómo enunciar una verdad en un mundo de adultos a los que hay que respetar? Ese mundo lo ha traicionado y herido en su cuerpo y emociones.                                                                                                                

No hay plazos para poder hablar. Es más, quizás nunca se pueda. Pero la herida estará presente, la angustia, la culpa, la tristeza, el miedo, la soledad, la confusión, ese inmenso dolor.

El tiempo entonces se transforma en un facilitador de la impunidad y quebraba la posibilidad de justicia como reparación.

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El Respeto a los Tiempos de las Victimas

Las víctimas necesitaban que la posibilidad de hablar y denunciar este presente en el trayecto de toda su vida.                                                       

Abordar esta problemática  no es sólo enfrentar un delito, es mucho más que eso, es hacer frente al poder ejercido por un adulto hacia un niño/a, es enfrentar el torcimiento de la relación de resguardo que debiera primar en un adulto hacia un niño/a.

Esta marca indeleble en la vida de las personas es la que se pone en juego en los procesos de justicia.

Recientemente en nuestra provincia se tuvo conocimiento de la confirmación en su cargo de la Fiscal Daniela Meiriño, quién archivo fundamentalmente por razones de “prescripción” dos denuncias por abuso sexual en la infancia contra  Daniel Pacce,  y su esposa, Noemí Alvarado (EXPTE Nº 21453/2016-1 y EXPTE Nº 30631/2016-1).

Se trata de Rosalía y Belén, quiénes pudieron denunciar lo padecido en su infancia siendo adultas.

En este caso, la justicia no accedió a escuchar esa verdad que se mantuvo sepultada durante tantos años, pero que cambio sus vidas para siempre.

Sin embargo, todavía está en sus manos poder abrir una investigación, para que el  crimen no siga intacto, ejerciendo su condición y también para proteger a otras víctimas.                                                                             

 

*AL Fin Justicia para niñas, niños y adolescentes víctimas de abuso sexual 

 

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