Ríos en la mira: Graves contaminaciones al Paraná, Negro y Paranacito

La comunidad de La Juntada de los Sábados, integrada por ciclistas y remeros chaqueños que comparten la felicidad de recorrer casi a diario, nuestros montes y ríos viene tomando contacto con una serie de irregularidades ambientales que los preocupa y ocupa. Sus motivaciones son el deporte, la aventura, la historia y el cuidado de los cursos de agua y ambiente de la región. Por eso, en este 22 de marzo, día mundial del agua, el grupo busca la toma de conciencia social sobre tres grandes preocupaciones actuales: la mortandad de peces en el Paraná en febrero pasado, la contaminación con coliformes en el Paranacito y la situación histórica de inoculación del Río Negro.

Acostumbrados a disfrutar de sus aguas, conocedores del ecosistema de nuestros ríos, La Juntada de los Sábados tiene autoridad moral por lo menos para sentar bandera sobre estas irregularidades ambientales que los preocupan y pretender que comiencen a vislumbrarse políticas de Estado tendientes a minimizar el impacto ambiental que sufren los cursos de agua en la actualidad.

Peces muertos en los ríos

La comunidad se autodefine como colectiva y abierta, dejando espacios para aquel que se quiera sumar a la planificación de las diferentes actividades. Así es que vienen tomando contacto con distintos especialistas. Días atrás, el doctor en Bioquímica Humana de la UBA e investigador del Área de Biología Molecular del Instituto de Medicina Regional de la UNNE, Horacio Lucero, fue invitado a exponer ante la inquietud que generó la mortandad de peces hallados en diferentes afluentes del Paraná e incluso en las aguas del propio río.

pecesmuertos

En su charla sobre “Dudas y certezas de la contaminación por agroquímicos”, Lucero referenció el informe de Damián Marino, investigador del Conicet y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP), que el año pasado expuso ante los diputados provinciales. Marino informó sobre los resultados de los estudios que revelaron la presencia de residuos de agroquímicos y metales pesados en las aguas de los ríos Paraguay y Paraná. Reveló detalles que verifican el impacto del “modelo agroproductivo” en la cuenca del río Paraná, un recurso hídrico fundamental para el país. Explicó que la cuenca, en su tramo superior, tiene “concentraciones de distintos insecticidas de uso agrícola”; mientras que desde la cuenca media hacia la baja existe “contaminación múltiple” con algunos metales y principalmente con glifosato. “Son los sitios más afectados. El glifosato es una molécula dominante. El Paraná está en problemas”, resaltó en una crónica reproducida por Diario Norte, en aquel momento.
El informe sostiene que, si se contrastan los valores obtenidos por las investigaciones con los niveles guías (referencias aceptadas en el país y en el mundo), las muestras superan a esos niveles en endosulfan, clorpirifos y cipermetrina. “La publicación científica validada a nivel internacional, dice que todas las muestras de agua superaron para, al menos alguno de los plaguicidas, el nivel guía recomendado para toda la biota acuática. Y recomienda articular políticas inmediatas para el manejo de los plaguicidas en la cuenca”, según repasó el catedrático, aunque su advertencia no generó medidas estatales para revertir la situación, hasta el momento.  

La gran mortandad de peces ocurrida en el Paraná y afluentes en febrero pasado despertó varios interrogantes para Lucero, quien también citó otra investigación similar realizada en España: “Ríos Hormonados”. El trabajo arrojó, en líneas generales, que “las cuencas hidrográficas más contaminadas son aquellas en las que se desarrolla una agricultura más intensiva: se transportan a través del agua y la atmósfera (deriva de plaguicidas) y contaminan tanto las aguas superficiales como las subterráneas”, relató.Por lo tanto, “el uso de plaguicidas cerca de las aguas superficiales somete a un elevado riesgo al ecosistema acuático, a sus especies y a los organismos que dependen de él”, expuso el científico de la UNNE.

Según comentó Lucero, “en general, los insecticidas y los fungicidas son particularmente peligrosos para la fauna acuática y los herbicidas para las plantas. Aunque también se han observado efectos secundarios de los herbicidas en las especies animales y viceversa. El fitoplancton, las plantas acuáticas y las algas, que son particularmente sensibles a los herbicidas, tienen un papel clave en los ecosistemas acuáticos ya que proporcionan oxígeno disuelto para todas las demás especies. Sin oxígeno disuelto, los peces y otros organismos mueren por asfixia”.
Por lo cual, concluyó que “la fauna acuática es particularmente sensible a los plaguicidas porque experimentan una exposición crónica”.

El 11 de febrero de este año, Diario Norte relataba que “miles de peces aparecieron muertos en el Canal Florentino, a unos 10 kilómetros al sur de la localidad cordobesa de El Fortín, en el departamento de San Justo”. Luego aparecieron situaciones similares en Chaco y otras provincias del Litoral. Las impactantes imágenes con los peces flotando en el agua deambularon por medios y redes sociales, generando desazón. Desde la Administración Provincial del Agua (APA) argumentaron que “la creciente de los ríos y excesivas precipitaciones provocaron alteración en el medio de los peces, disminuyendo el oxígeno” remarcando que la causa de muerte no fue producto de contaminación con sustancias agrotóxicas.

Ante esta situación Lucero planteó una serie de certezas:
Existe presencia de plaguicidas en sangre y orina de personas que siempre vivieron en ciudades. Existe presencia de plaguicidas en el Río Paraná de nuestro país. Existe una llamativa mortandad de peces en diferentes provincias de nuestro país. Existe gran preocupación en la población y también indiferencia. Existe una nefasta historia de agroquímicos prohibidos por ser cancerígenos y que se siguen comercializando.

Y plantea los siguientes interrogantes:

¿Los peces tienen agroquímicos en sus tejidos? ¿Se debería investigar otros factores de estrés además de las explicaciones oficiales?¿Se está haciendo algo respecto a la contaminación del Paraná expuesta por el doctor Marino el año pasado en Diputados? ¿Se puede actualizar la normativa ambiental al conocimiento científico?
Se puede actualizar, ampliar y unificar los programas de vigilancia de plaguicidas en aguas? ¿Se puede hacer cumplir la ley mediante el poder ciudadano?

Interrogantes que esperan respuestas en el compromiso de la sociedad civil en exigirlas y en las políticas públicas que privilegien la salud por sobre las ganancias agroindustriales.
Contaminación cloacal en el Paranacito
En esa misma reunión en el Club Municipales, punto de encuentro habitual de La Juntada, Marcelo Marín, bioquímico, doctor de la UBA e investigador del Instituto de Biología Molecular de la UNNE expuso sobre una investigación que realizó de manera personal, empujado por su compromiso con la preservación del ambiente. Allí expresó que “está demostrado que se está contaminando por descargas cloacales, el sistema hídrico conformado por el riacho Arazá, el arroyo Tala y el río Paranacito; además del humedal del sistema Paranacito, que sigue hasta la provincia de Santa Fe, el cual es considerado actualmente como sitio RAMSAR, es decir que conforma un ambiente de diversidad biológica de importancia internacional”.
El investigador adelantó que, a pedido de un grupo de vecinos preocupados, “el Laboratorio de Aguas de la APA ha analizado muestras en distintos puntos de este sistema y establecido valores de contaminación por líquidos cloacales y domiciliarios que exceden ampliamente los valores límites aconsejables, tanto para el uso de esas aguas como balneario, en este caso Paranacito, como para la calidad de un humedal”.
Las muestras analizadas son de los años 2015, 2016 y las últimas de febrero de 2017, variando los valores en más o menos pero no el hecho de ser indicadores de calidad no permitidos para este sistema hídrico, según los datos aportados por el propio organismo oficial.

Paranacito

De acuerdo a lo que explicó Marín a los miembros de La Juntada, “estos altos valores de contaminación cloacal y domiciliario provienen de dos fuentes específicas: 1) Riacho Arazá que a su vez recibe el escurrimiento de los canales Calle 16-Soberanía Nacional y descarga de camiones atmosféricos, y 2) Río Paraná por derivación del riacho Barranqueras”. La descarga cloacal sin tratar al riacho Barranqueras en Puerto Vilelas, que descarga al Paraná y por este al Arazá y luego al arroyo Tala, confirman ambas fuentes de contaminación.
Marín no sólo se ocupó de certificar lo expresado sino también trasladó los resultados del informe a autoridades provinciales de los poderes Ejecutivo y Legislativo, a quienes advirtió acerca de las soluciones posibles. Sostiene que las opciones son “evitar la contaminación, hecho que se puede lograr pero no es de fácil implementación por lo menos a corto y mediano plazo. La concreción del Plan Director de Cloacas del Gran Resistencia apunta a esa dirección, pero no evitará la descarga de líquidos de los camiones atmosféricos (aproximadamente diez por día), porque los sistemas de pozos negros y cámara séptica se siguen construyendo en numerosos barrios de viviendas de la ciudad. Esta planta de tratamiento tampoco evitará el ingreso del Paraná y su impacto directo en el Paranacito”. Otra de las opciones planteadas fue “impedir la entrada de agua contaminada hacia el sistema Tala, Paranacito -aunque sostuvo el investigador que- “esto ya se ha intentado hacer en enero de 2016, pero sin éxito”.
También el bioquímico contó que “desde la APA surgió un proyecto para frenar el problema de contaminación con líquidos cloacales, que fue transmitida en agosto del año pasado a los vecinos en la última reunión, pero que hasta el momento no fue ejecutado, aún cuando ya en septiembre de 2017 contaba con detalles geográficos precisos de los puntos de cierre e incluso con un presupuesto ($ 525.651,96) para nada oneroso en ese momento”.
Está claro que tanto el informe de Marino como la posición del La Juntada de darlos a conocer, buscan concientizar a la población sobre un problema gravísimo. “La contaminación puede detenerse -insiste el profesional- pero es necesario el compromiso de vecinos que gestionen y pidan explicaciones a las autoridades competentes, en este caso al Ministerio de Ambiente y APA. El proyecto existe, no hay más que ponerlo en práctica. Me pongo a disposición de quienes lo requieran, mi celular es 362 4613840 y mi correo marinhector39@gmail.com. Nuestro Paranacito no puede terminar como nuestro río Negro. Ambos conforman un sistema frágil y sin capacidad de autodepuración de efluentes orgánicos, como sí tiene el río Paraná”, concluyó el investigador, sin dudas comprometido con la sustentabilidad de nuestros ríos.

La crónica e histórica contaminación del río Negro

Jorge Castillo, de la Comisión de Recuperación del río Negro (Fundación Ambiente Total, magister en Gestión Ambiental y en Ciencias del Ambiente y la Salud, integrante además de La Juntada de los Sábados, también hizo su aporte acerca de la histórica contaminación del río Negro. “Desde hace 40 años venimos trabajando para recuperarlo, el que en su serpenteante recorrido por gran parte de nuestra provincia aporta agua para riego y para ser usada –previa potabilización- para consumo humano, ofreciendo magníficos sectores de playas, bosques de galería y barrancas, aptos para la recreación y la vida en contacto con la naturaleza y actividades turísticas”.

Sin embargo, Castillo manifestó que “lejos de aprovecharlos, la tendencia es negarlos, y jerarquizar el avance sobre línea de ribera y la construcción de barrios que solo consiguen aumentar los riesgo de inundación, al reducir la capacidad reservoria del cauce de contener el agua en épocas de creciente, y generando mayores riesgos a la población que se asienta en sus márgenes”.

tragadero

La Comisión de Recuperación del río Negro nació el 16 de febrero de 1979, tras la proyección de la película “Río Negro Pre-Mortem”, realizada en oportunidad de una grave contaminación por estancamiento de sus aguas, que afectó al río y que produjo una enorme mortandad de peces en toda su cuenca. “Pretendimos entonces -cuenta Castillo- concientizar a la población acerca de la necesidad de recuperar ese curso de agua. Organizamos charlas y excursiones a lo largo del río, y estimulamos los deportes náuticos, como una manera de que los jóvenes y adultos tengan acceso y lo conozcan para que aprendan a amarlo”.
A pesar de esto, los atropellos al río fueron y siguen siendo constantes. Cuando se dieron las inundaciones de 1982, la “urgencia” por defender la ciudad y “con el pretexto de levantar terraplenes que impidieran el acceso del agua, se rellenaron vastas extensiones de terrenos bajos y antiguos lechos de lagunas y meandros del mismo río Negro, con lo que disminuyeron drásticamente los espacios aptos para que el agua se expanda sin afectar a la población. Esa tendencia sigue vigente y marca una modalidad a la que funcionarios provinciales y municipales no saben (o no quieren) poner límite”, sostiene Castillo que insiste en que “desde esa época a la fecha, se han inaugurado decenas de barrios ilegales y algunos “legales” (pero ilegítimos, todos) los que se adueñaron de la línea de ribera (que siempre es pública; jamás privada). No hubo organismo del estado que parara el acto delictivo; más bien lo alentaron”, sentencia el ecologista.
MUERTE DE PECES EN EL RIO NEGRO
Periódicamente, hay gran mortandad de peces en el río Negro. Esto se debe siempre a múltiples factores: la lluvia, principalmente, es la que aglutina en poco tiempo y de manera contundente todos estos factores, ya que tras largas sequías, el agua caída arrastra sustancias suspendidos en el aire y los restos residuales de desechos químicos acumulados y descompuestos provenientes de fábricas clandestinas de baterías, chacharitas y estaciones de servicio y lavaderos ubicadas en la vera de río Negro, y por supuesto, los agrotóxicos; restos orgánicos (sangre y vísceras de animales provenientes de mataderos; que fermentaron con el sol y/o se degradaron y entre otras cosas aportan líquidos cadavéricos, altamente contaminantes y riesgosos para la salud). Hubo épocas que los remeros encontraban piezas anatómicas de amputados, arrojados impunemente junto con residuos comunes. La basura domiciliaria flota primorosamente contenida en bolsas de polietileno o a veces sueltas en descomposición”.
Parece escandalosa la denuncia de Castillo, pero sin temor a exagerar él y otros miembros de La Juntada, dan fe de la contaminación permanente del río. Incluso hay inoculantes históricos como “las chancherías que se encuentran en las orillas. Los cerdos en esas zonas –siempre clandestinos, por lo tanto sin control alguno bromatológico- se alimentan de basura domiciliaria (antes, por lo menos, los mismos camiones recolectores de basura de la Muncipalidad llevaban “como favor” su carga pestilente y mortífera), fueron denunciados por la Comisión de Recuperación del río Negro, y por lo menos en tres casos logramos que la Justicia de Faltas de la Municipalidad y otras dependencias municipales los sancionen”, explica Castillo. Sin perder de vista los pozos negros deficientes y letrinas que existen a lo largo de todo el río Negro que “son un factor crucial y aumentan junto con la población ribereña y el aporte de barrios que no cuentan con servicio de cloacas y que jamás los tendrán, por cuestiones de niveles”.
Los camalotes y embalsados en general tienen una capacidad de carga limitada para absorber parte de estos contaminantes, pero de la misma manera, al retenerlos o -ya superada su capacidad- convivir con los mismo, se transforman en una “usina” de polución. Según explicó Castillo, “esto enferma a las plantas acuáticas y acelera su reproducción, produciendo los clásicos taponamientos y compactación, que también consumen gran cantidad de oxígeno y contribuyen grandemente a asfixiar a la fauna íctica. Cuando las lagunas del sistema fluvial-lacustre del río Negro rebalsan por efecto de las lluvias, toda esa carga purulenta y mortífera de algunas se vuelca masivamente al curso y también los alevinos y peces que se reproducen en otros espejos de agua impolutos. No tienen salvación. Toda esa carga, transportada por el río Negro, desemboca junto al río Tragadero en la zona del Club Náutico de Barranqueras, a pocos metros de la toma de agua de SAMEEP, y por ende, también llega a las localidades del interior servidas por el sistema de acueductos”.
La solución a todo este desastre no es difícil y necesita de muy buena voluntad de todos: contaminadores, la autoridad de policía del agua y ciudadanos que necesitan tener el río Negro y su ecosistema de manera adecuada y digna. “La Comisión de Recuperación del río Negro intenta siempre mantener una alianza saludable y funcional con todos -concluyó Castillo- aunque no siempre responden positivamente los concejales y los funcionarios de la APA, ni el Poder Judicial, y tampoco los vecinos ribereños”.

La juntada1

En el día del agua, La Juntada de los Sábados, nos abre los ojos. Nos direcciona la mirada hacia nuestros ríos intentando la admiración en ellos tal como lo vive esa comunidad. El objetivo es defenderlos, cuidarlos. Los ciudadanos empoderados, conscientes del espacio que ocupan, solidarios con quienes lo habitan, sustanciarán esa pretendida valoración. Para exigir políticas públicas que privilegien la salud de los pueblos y los ecosistemas necesarios para vivir saludablemente.


 

 

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