Buscando al librepensador

“Mi libertad destranca la cárcel de mis huesos.”

Por Lourdes Polo Budzovsky*

Nos han dicho que la libertad es la capacidad que tiene el hombre de elegir sus propias cadenas. Nacemos con ella, es innata a nosotros, sin embargo con el correr del tiempo la limitamos, nos limitamos y limitamos a otros de ella, y es la historia misma la que no ha hecho más que demostrarnos que al hombre le es absurdo adorar la libertad de otros. El ser humano es imperfecto, somos conscientes de ello. Un sabio maestro me ha enseñado que nacemos pero no estamos hechos.

“El hombre piensa, pero las emociones lo impulsan; quiere, pero el corazón es mudable y los humores también y no siempre sabe si quiere lo que quiere, o lo que los otros le ordenan querer.”

Si nos preguntamos una vez más ¿qué es la libertad? Cómo la reconocerías. Difícil tarea. No hay dudas que la libertad y la esclavitud son condiciones del ser, y que puede transcender, incluso, cualquier estructura de poder. Todo depende de uno mismo. Recuérdese los héroes que han caído al descubrir la verdad que sus inquietudes llamaban, buscando sacar a la humanidad de la superstición y que han resignado su vida por su condición de librepensador.

Así la historia nos regaló las cenizas de Servet y Giordano Bruno como también nos ha hecho partícipe de la trágica rebeldía de Galileo. Sin ir más lejos, la historia Argentina también ha derramado sangre desde sus orígenes, levantando banderas de lucha por la libertad y han dejado heridas que todavía cuestan sanar. Sin embargo, debemos optar por darle relevancia a la voz derecho en relación al valor libertad. Porque no hay más derecho que el de ser libres.

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¿Y cómo somos libres? Pensando. Dejar de regocijarse en ese anhelo por la libertad, dejar de ser objeto para ser sujetos pensantes, inquietos y buscar en la sabiduría la respuesta a nuestras inquietudes. Pues no hay dudas, quién es sabio es por lo tanto libre, independiente de las eventualidades, de las circunstancias, de lo externo. Animado a ser sin miedos y para esto necesitamos inexorablemente ser hombres críticos, porque como bien Marx ha escrito, “la crítica no es una pasión sino la pasión de una cabeza” y su esencia es la indignación siendo su labor esencial la denuncia que implica revelar relaciones sociales de injusticia, siendo entonces la crítica el supuesto de toda praxis de transformación porque “la crítica es la conciencia de la opresión”, justamente, lo que nos falta en nuestro actual reloj, abrumado por una cultura del objeto, donde el YO se somete a lo ajeno y depende de él.

Aristóteles ya lo advertía en su Moral a Nicómano: “Un modo de vida, muy vigente, en toda época y lugar, es el de la gente que cree que la felicidad es el placer y he aquí por qué sólo aman la vida de los goces materiales”. Quien escoge este camino está eligiendo ser una vez más esclavo. Esclavos de una cultura poco rica, en la que los valores sociales cada vez son menos y en donde muchos eligen ser los que otros les determinan. Pero, insisto, está en nosotros elegir el camino de la virtud, ser pensantes y observar críticamente nuestro alrededor, cultivando la libertad, algo tan propio que es casi imposible arrancarle a quién lo posee, pues como Horacio Ferrer nos lega en algunas líneas de Libertango “Ser libre no se compra ni es dádiva o favor”.

*Abogada, Asociación Pensamiento Penal Chaco

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