Yo escucho chamamé

Por el

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Por Jorge Tello*

 

Yo, los fines de semana, siempre que pueda, mientras preparo mi comida dominguera, escucho chamamé, lo confieso…
Escucho, porque cuando era chico y mi numerosa familia se metía al algodonal a cosechar, se ponía en la radio chamamé, y siempre con algún tema rastrero se escuchaba un sapucay.  Y no se sabía de donde venía, vos veías sombreros agachados nomas sobre el algodón bajo un sol abrazador.

Chamamé1

Escucho porque cuando los domingos éramos chicos y mi vieja cocinaba, su radio emanaba chamamé y como abrazándola por ahí sin darse cuenta, mientras picaba la cebolla, su cuerpo se mecía cadencioso y dulcemente a su ritmo.
Mi vecino, tío Eladio, cosechero, músico, albañil y laburador de varios oficios de toda la vida, temprano los domingos arrancaba y e iba alternando, chamamé y polca…porque entre ellos, los hermanos, se comunicaban en guaraní y nosotros quedábamos mirando sin entender si era alegría o enojo.
Escucho chamamé porque mi viejo, santiagueño hasta las cepas y amante de las zambas y la chacarera, solía caer con algún casete de chamamé y se lo entregaba al Ofe, siempre los domingos…»Gaucho Cantor y guitarrero” (1985) de los Cardozo, sonaba mientras se servía el fideo con estofado.

Chamame6Escucho Chamamé porque mi tío Jara y mi tía Amalia, venían los domingos y mientras él preparaba el fuego con su sombrero de ala, su toalla envuelta al cuello, su cuchillo en la cintura y su jarrita de vino, ese asado era garantía, de que iba a estar muy bueno. Cuando yo pasaba por el patio, él respetuosamente me decía:  “hijo, ponele un chamamé en tu vitrola para tu tío viejo…” y yo medio desganado iba y colocaba algún chamamé y era como automático, lo espiaba por la ventana y cuando salía el primer acorde, “le mandaba” su sapucay… se ve que la música y su tierra le iba penetrando en su sensibilidad.

Porque ese tipo, grandote, capaz de entrar al algodonal a las 4 de la mañana, no levantar su cabeza hasta salir de la línea, ese que sol le calaba y se ponía colorado bajo el calor bien chaqueño que te penetraba el alma con su abrazo, ese que salía a llevar sus bolsas de su colecta bañado en sudor, ese mismo, cuando escuchaba un chamamé lagrimeaba como una criatura y miraba el cielo como si una bendición le había llegado en ese segundo; en ese momento él, se «hallaba».
Cuando pongo esa música los traigo a todos a mi casa, por un ratito los tengo a todos por ahí dando vueltas.
Los domingos, sí… yo escucho chamamé, lo confieso.

*Reportero grafico, responsable de Es Chaco

Para disfrutar de una amplia galería de fotos del Festival Nacional del Chamamé (clic)


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