No es un caso de violencia de género

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Nahir mató a su novio adolescente. Está detenida por homicidio doblemente agravado por la relación de pareja y por el uso de arma de fuego. El caso genera opiniones confusas sobre si se enmarca en violencia de género o no. El análisis desde la óptica de expertos nos ayuda a entender mejor y crecer como sociedad.

Nahir Galarza, tiene 19 años estudiaba Derecho en la Universidad de Concepción del Uruguay, como tantas otras chicas de su edad. Pero ella confesó haber matado a su ex novio el viernes previo al año nuevo en Gualeguaychú y por eso está arrestada, con prisión preventiva, según lo estableció la justicia entrerriana.

La joven había sido dada de alta del área de psiquiatría del Hospital Centenario de la ciudad, donde permanecía internada pero ya fue trasladada a la Comisaría del Menor y la Mujer, donde quedará alojada hasta que se realice la audiencia de imputación.

El fiscal a cargo de la causa, Sergio Rondoni Caffa, adelantó que pidió la prisión preventiva de la chica porque “hay riesgo procesal” y le imputó “homicidio doblemente agravado por la relación de pareja y por el uso de arma de fuego”, delito que prevé en un futuro juicio oral, la pena de prisión perpetua.

Al respecto, recordó que el Código Penal considera que “existe relación de pareja hayan o no convivido”, aunque dijo que establecerá fehacientemente cuál era el vínculo una vez que se realice el peritaje de los celulares de ambos jóvenes.

El caso genera profunda indignación social, no sólo por lo aberrante del hecho sino también por la edad de los jóvenes y la violencia que implicó. Pero también ha generado una serie de opiniones en redes sociales y medios de comunicación, que provocan confusión respecto de la violencia de género.

Con una análisis profundo y claro, la experta en la temática Mariana Carbajal acaba de publicar en el diario Página12 un artículo titulado “Dos disparos que nos interpelan” donde expresa que “por el abordaje de algunos medios, parece un caso esperado, hasta deseado, casi como una forma de revancha frente a tanto feminismo en las calles que denuncia las violencias machistas en sus distintas caras. ¿Hay mujeres violentas? Claro que sí. ¿Hay hombres que sufren esa violencia? Por supuesto. Las mujeres no son buenas por naturaleza como los hombres tampoco son violentos por naturaleza. Las mujeres no son en esencia, puras y santas. Pero no es un caso de “violencia de género al revés”. El punto es que la violencia que sufren algunos varones de parte de sus parejas mujeres no constituye un problema social –por su magnitud—y no afecta a un grupo poblacional históricamente discriminado y subordinado, como es el caso de las mujeres.

Es cierto que aquellos varones que sufren violencia en relaciones de pareja pueden sentirse avergonzados y no piden ayuda ni denuncian, porque el propio patriarcado les enseñó a ser fuertes, valientes, machos. El patriarcado es una trampa para mujeres y para varones. Por eso luchamos para que se caiga. Lo dijo con una claridad conmovedora la hermana del joven asesinado, también ella, adolescente: “La lucha feminista contra la violencia de género busca también visibilizar la violencia de mujeres hacia hombres, situaciones que no son denunciadas por las burlas impuestas por el patriarcado. Hoy le tocó a mi familia, y voy a luchar con más fuerzas que nunca porque nunca más pase algo así, que se genere conciencia acerca de las relaciones tóxicas y cuán importante es alejarse de ellas…”.

A la contundencia del análisis de la periodista, podemos sumar la lectura más técnica pero no por eso menos elocuente de la Jueza Sandra Saidman, integrante de Asociación Pensamiento Penal (APP), quien en su cuenta de Facebook aclaró, en un texto precedido por el hashtag #matóalnovioconelarmadelpadrepolicía lo siguiente: “La violencia de una mujer hacia un hombre, cualquiera sea su expresión y hasta la más extrema como el homicidio y aún en el marco de una una relación de pareja existente o finalizada, NO ES VIOLENCIA DE GÉNERO.

Lo que distingue a la violencia de género de cualquier otro tipo de violencia es que el acto violento está basado en una situación de desigualdad inmerso en un sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres y como consecuencia de la sociedad patriarcal.

Claro que existen casos de violencia de mujeres hacia hombres pero no hay un sistema establecido de relaciones de poder de la mujer sobre el hombre; como si ocurre a la inversa y esta discriminación se manifiesta -sabemos bien- de forma social, económica, cultural, etc.

En los supuestos (los menos) en los que un hombre es víctima de violencia por una mujer, hay que sacar el género del caso y juzgar cada hecho con su contexto y sus motivaciones propias.Tema aparte el uso del arma del padre policía”, concluye el post que género un sinnúmero de comentarios muchos agradeciendo la explicación esclarecedora y otros bastante menos, como el de un señor que preferimos no exponer su nombre pero que planteó la siguiente expresión: “Pero quien es el PELOTUDO que dice que no es violencia de género. Femenino contra masculino o masculino contra femenino. No den más vueltas , la chica lo mató y punto. Es fácil esto. A cumplir la condena y no den más vueltas”, como si esto estuviera en discusión más que en términos de la justicia. Validaciones de estas características demuestran el desconocimiento que aún, pese a la lucha y el esfuerzo de organizaciones, existe en nuestra sociedad plagada de opiniones desprovistas de veracidad.

Contrariamente a esa visión de un varón, otro, el abogado Paulo Pereyra, integrante también de APP indicó la necesidad de diferenciar el caso, de uno que se enmarque en violencia de género al sostener que “es histórica la cosa, no puede haber violencia de género contra un hombre/varón. Porque ni histórica ni estructuralmente fue sometido, ni negado. Por el contrario, el varón siempre fue jerarquía. Y es eso, justamente, lo que se pretende desandar”.

Aún con algunas posiciones desde lo técnico del derecho o el análisis experto en la temática de género, se nos hace necesario insistir ante tanto desconocimiento y sobre todo para deconstruir un ideario patriarcal en el que hemos crecido y al que padecemos aún mujeres y hombres.

Quizá por esto duela aún más “el caso de la adolescente que mató a su novio”. Porque nos falta mucha deconstrucción para evitar la muerte. Porque surgen herramientas como la Educación Sexual Integral que debe ser implementada sin tapujos en las escuelas del país “para prevenir los noviazgos violentos, desarmar los mitos del amor romántico, los amores tóxicos, posesivos, que cosifican al otrx”, como pide Mariana Carabajal en su columna. Hasta podríamos soñar con agregar además de la educaciòn sexual, la educaciòn emocional en colegios, que puede ayudar a prevenir este tipo de situaciones y contener a personas – adolescentes – que están en una etapa difícil de afrontar.

Porque la historia de opresión a sectores vulnerables como negros, pobres, mujeres; no se vuelve en contra de los varones. Pretende y busca deconstruir el machismo, que no es antónimo de feminismo. Porque el crecimiento personal y social está en cada uno de nosotros.

 


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