“Nuestra sociedad nos educa en la violencia y en el poder de uno sobre otro”

Las luchas de género han sido estigmatizadas desde sus comienzos. No alcanzan aún los más de 300 años de historia y tres olas feministas para avanzar sobre los prejuicios de una sociedad que oculta con silencio cómplice, violencia, injusticias, discriminación y odio; no sólo hacia las mujeres, sino hacia los sectores vulnerables más diversos.

Pero en las últimas décadas, múltiples organizaciones feministas están tomando notoriedad en los espacios sociales. La provincia del Chaco fue sede del último Encuentro Nacional de Mujeres y albergó a casi 70 mil mujeres que debatieron y marcharon durante tres días en la ciudad de las esculturas. El grito de lucha tomó fuerza y siguió ocupando las calles y las plazas, aun con un gran sector social incómodo ante el avance de estos colectivos que incluyen en la noción de género ampliado a las comunidades LGTB (designan colectivamente a lesbianas, los gays, los bisexuales y las personas transgénero e intersexuales).

Bohemia charló con María Elena Romero y María Petean, dos integrantes de “La Marcha de lxs Putxs Chaco”, una organización contra la violencia sexual, el acoso callejero y los patrones del patriarcado. “La lucha feminista es amplia y abarca muchos temas porque tiene que ver con un cambio estructural”, dicen y explican que este año dedicaron sus acciones a abordar cuestiones como el consentimiento y la cultura de la violación, tema que esta organización planteó en el Encuentro Nacional de Mujeres como uno de los 71 talleres que se habilitaron para el debate.

 

Como movimiento internacional, La Marcha de las Putas o Stulwalt, surgió en Toronto, Canadá en 2011, en respuesta a los dichos de un policía quien declaró que “las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser violadas”. El nombre de la organización busca reivindicar la libertad de las mujeres de vestirse y llevar sus vidas sexuales como decidan, sin que la sociedad justifique las agresiones con excusas acerca de su vestimenta o actitudes determinadas.

Contra el abuso en la infancia

En el mes de noviembre, la Red Nacional de Visibilización contra el Abuso Sexual a Niñas, Niños y Adolescentes, emprendió una campaña por el “Día Mundial para la Prevención del Abuso Sexual en la Infancia”. La Marcha de lxs Putxs Chaco tomó esa bandera y organizó una campaña gráfica, además de una jornada con cuentos y música en vivo en la Plaza España de la ciudad de Resistencia.

María Petean, junto a otras integrantes de “La Marcha…”, fue la creadora de la campaña “Los verdaderos Monstruos”, una serie de calcomanías que nombran cifras y estadísticas sobre abusos en la infancia. “Lo monstruoso crece en las sombras y se alimenta del silencio”, dicen en su página de Facebook.

logo Instituto Moro

Desde 2005, Argentina cuenta con la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes. Este marco legal permitió que muchos adultos puedan contar lo que les pasó en sus infancias y hacer las denuncias puesto que ahora es un delito imprescriptible. “Es importante respetar los tiempos de la víctima, se puede tardar años en asumirlo y en poder contarlo”, dicen desde la organización.

Hace no mucho salieron a la luz un par de denuncias de abuso contra un catequista de un colegio religioso de la capital chaqueña. Al consultarlas sobre este tema, María y María Elena explicaron que hay dos cuestiones a tener en cuenta para abordar la problemática: “Por un lado hay respetar los tiempos de las víctimas, porque hablamos de niños. Pero también hay que protegerlos. Esta una ciudad chica y hay que cuidar el entorno de la víctima. No se trata de ocultarlo sino de protegerlo”.

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Monstruosas estadísticas

En nuestro país, una de cada cinco niñas es abusada antes de cumplir los 18 años. De cada 100 casos denunciados, sólo se esclarece con sentencia firme uno, quedando así 999 delitos denunciados impunes.

El abuso sexual en muchos casos es producido por un familiar o persona de confianza del niño o niña. De hecho, en el 75% de los casos el agresor es un familiar. El 53% ocurre en el hogar de la víctima, el 18% en el hogar del agresor y el 10% en la casa de otro miembro de la familia.

El 47 % de las víctimas tiene entre 6 y 12 años. 28 % de las víctimas tiene de 0 a 5 años. El 25 % de las víctimas tiene entre 13 y 17 años. 75 % de los casos, el agresor es un familiar, de los que 40 % de los casos es el padre y el 16 % de los casos es el padrastro. El 89 % de los agresores son de género masculino y el 7 % de los agresores son de género femenino.

Ante estos escalofriantes datos, “es bueno que se empiece a hablar, porque en la realidad se sigue silenciando, porque es tabú”, afirman. Y si a nivel familiar no se habla, “mucho menos en otras instituciones, precisamente porque no se cuentan con las herramientas o estrategias”, explican y resaltan la importancia de reforzar la ESI (Educación Sexual Integral) en las escuelas públicas de nuestro país. “Es importante que los niños tengan conocimiento de que son dueños de su cuerpo. No queda claro en la infancia cosas como que cualquier adulto puede venir y besar a un niño o una niña o tocarlos porque son niños”.

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El rol de los adultos

Uno de los ejes de esta última campaña fue la idea que los adultos son los responsables de denunciar los casos de abuso de los cuales tengan conocimiento. En tal sentido, desde La Marcha… resaltaron la importancia de la AUH (Asignación Universal por Hijo), ya que este sistema planteó la obligatoriedad de llevar a los chicos a la escuela pública, respetar el calendario de vacunación y los controles sanitarios. Entonces es ahí donde agentes del Estado pueden encontrarse con estas situaciones de abuso que fueran silenciadas en el entorno familiar.

Cultura de la violación

Hay una cultura que permite que las monstruosidades ocurran: “No comprendemos bien por qué, pero hay una estructura que lo permite. Hacemos hincapié en que la bestia no es la persona, sino que las monstruosidades se están dando en estos sistemas que habilitan cosas y que prohíben otras. Justamente, descuidan a los más vulnerados que en este caso son niñas, niños y adolescentes. Pero en otros somos las mujeres, los extranjeros o tal vez los adultos mayores”.

“Hay cuestiones estructurales que se tienen que debatir en la Justicia, en la sociedad, en la familia, en la educación y en el Estado. Existen otras estrategias, a veces hay que encontrarlas, otras veces crearlas desde el inicio, pero se puede”, afirman.  Porque de nada sirve excluir a una persona, porque luego viene otra. “Nuestra sociedad es la que nos educa en la violencia, en el no consentimiento, en el poder de uno sobre otro”.

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