Dos mujeres, muchos encuentros

Resistencia espera a más de 60 mil mujeres este fin de semana en el 32° Encuentro Nacional de Mujeres. Calles y plazas estarán colmadas por mujeres de todas las edades, grupos sociales e identidades de las más diversas. Será un encuentro inédito en el mundo por lo autoconvocante, horizontal y autogestivo. De los temas que se debatan en los talleres saldrán nuevos proyectos de ley para tratar la problemática específica de las mujeres en nuestro país.

Desde Revista Bohemia quisimos hacer foco en las visiones de dos mujeres chaqueñas de distintas generaciones que participan de los encuentros y que hoy integran la Comisión Organizadora: Tere Cubells, quien fuera una de las mil mujeres que estuvo en el primer encuentro por el año 86, y Valentina Mariani, una joven que estuvo en el encuentro de Rosario de 2016 y este año la sede Chaco la llamó a integrarse a la organización.

Dos generaciones

“Un poco de casualidad llegué al encuentro del 86. Tenía 26 años y fui con mi hija de 2 meses”, recuerda Tere que, desde aquel momento en donde se cruzó con mujeres luchadoras de aquella época, quedó enganchada con las temáticas que “siempre tuvieron que ver con la realidad de las mujeres”. En aquel entonces, los tópicos del encuentro eran unos pocos y giraban en torno a la mujer y la política, la sexualidad o el gremialismo. Y así como la variedad de temas se fue ampliando hasta llegar a los 71 talleres de este encuentro, se fue ampliando también la participación de las más diversas realidades de mujeres de todo el país.

logo Instituto Moro

Para Valentina este es su segundo encuentro. Hoy tiene 26 años, la misma edad que tenía Tere cuando se inició en la militancia por los derechos y la igualdad de las mujeres. Valentina también milita. Lo hace en la Marcha de las Putas Chaco, movimiento de protesta contra las violaciones y agresiones sexuales contra las mujeres. Desde este sector, impulsan uno de los talleres que se agregaron este año llamado “Cultura de la violación” y trata sobre el modo en que la cultura patriarcal justifica los abusos sexuales, poniendo el foco en la víctima y exonerando al victimario.

“Un shock de emociones”, es la frase que usa Valentina para hablar de los encuentros. “A pesar de que venía militando hace 3 o 4 años en organizaciones feministas, y de haber sido criada por una mamá feminista, yo no tenía idea de qué eran los encuentros. El año pasado cuando fui por primera vez, quedé impresionada ante tantas mujeres juntas debatiendo, tantas agrupaciones con sus diferentes luchas. Tuve la sensación de seguridad que genera estar entre tantas mujeres, de volver a las doce de la noche en Rosario en un colectivo lleno de mujeres y saber que no te va a pasar nada”, relata.

Pero ahora la sensación es otra, porque desde la Comisión Organizadora ocupa un lugar diferente: “Al principio nos peleábamos todo el tiempo, ahora nos llevamos bien todas. Y este grupo de mujeres va a quedar, no nos separamos más”, asegura Valentina.

La sociedad chaqueña

Más allá de que en los diferentes puntos del país en donde ha tenido lugar el encuentro, las sociedades lo han aceptado en mayor o menor medida, para Valentina este es un encuentro necesario. “Resistencia está mostrando un acercamiento al feminismo. Participa de las marchas por la desaparición de mujeres o femicidios y por las luchas por el aborto legal. A las marchas íbamos 10, después fuimos 20, 50, 100. La última marcha por Maira Benítez ya fue bastante masiva”, dice.

Los talleres

“No es un slogan que participar de un encuentro sea un antes y un después”, asegura Tere y afirma que “lo más importante es compartir experiencias, dolores y alegrías”. Todo lo que se discute en los talleres luego pasa a los estratos legislativos y ejecutivos. Recuerda Tere que, en el 86 el tema central era la ley de la patria potestad compartida. “Hoy parece hasta gracioso, sin embargo, en ese entonces las mujeres no teníamos el derecho de salir del país con nuestros hijos sin el permiso del marido. Después vino la ley del divorcio. Todos esos temas que ahora parecen remotos no lo son. Realmente este es un semillero”.

Otro de los temas centrales de todos los encuentros es el del aborto legal que comenzó a tratarse en el encuentro de 2003.  También constituyen temas centrales y banderas de marchas la violencia de género y los femicidios. El taller de “activismo gordo”, nuevo en este encuentro es “básicamente es la lucha contra la gordofobia y lo que ello implica a nivel social, cultural, laboral, desde la industria médica, el intento de normalización y medicalización de los cuerpos, la censura de los cuerpos gordos”, explica Valentina.

Un poco de historia

En 1985 un grupo de mujeres militantes e intelectuales argentinas participó en la Clausura de la Década de la Mujer en Kenia, África. Cuando regresaron, pensaron en la necesidad de autoconvocarse y allí nacieron los encuentros en 1986, y no pararon.

Pero, si bien nace de las luchas de estas pioneras, “algo muy importante se empezó a ver en los últimos encuentros: la participación masiva de las mujeres de los barrios”, resalta Tere. “La riqueza viene, sin quitarle mérito a las grandes luchadoras feministas, de la mano de tantísimas mujeres que vienen de los distintos sectores sociales a parar en las escuelas”. Innumerables mujeres se vienen con lo puesto, porque la necesidad de juntarse y debatir es tan grande que nada impide llegar. Porque “mujer que participa de un encuentro no vuelve igual”, asegura Tere.

La marcha

La marcha del encuentro es “la fotografía de una película de tres días”, dice Tere. Son 40 cuadras de bote a bote de mujeres que se apropian del espacio público tantas veces negado. Si bien, el recorrido se debate en plenario de la Comisión Organizadora en todos los encuentros, siempre hay críticas. “Este año decidimos no pasar por la Catedral porque sabemos que hay mujeres que eligen expresarse en contra de la iglesia, pero también hay mujeres mayores, con niños, embarazadas, con capacidades diferentes. Vienen mujeres de los barrios que muchas veces no se imaginan encontrarse con conflictos, mujeres de los pueblos originarios (que esta vez se suman detrás de la Comisión Organizadora a marchar). No queremos arriesgarnos a que les pase algo a ellas, o que las detengan y no saber dónde están”, explica Valentina. “Queremos incluir a esas mujeres que no van a ir a pintar la Catedral, pero también respetar a esas mujeres que lo quieren hacer, que quieren ponerse en tetas o lo que sea que elijan para expresarse. Porque tampoco es la idea rechazar a esas compañeras que pintan la Catedral, al contrario, queremos que todas podamos ser parte de la marcha”.

“Las marchas siempre han sido importantes, pero el encuentro ha crecido. Ahí está la riqueza de la marcha: Mostrar que no necesitamos pasar por determinados lugares que, si bien tenemos muy claro que son el símbolo del patriarcado, de la misoginia y de muchos o casi todos los problemas que tenemos las mujeres, somos responsables de todas las mujeres y queremos que participen todas”.

 

 

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