La larga lucha chaqueña por ser provincia: la conquista de la ciudadanía

Por el

Primera parte. La historia del despojo de las tierras del Chaco. 

Es indispensable, desde la perspectiva de la pedagogía de la memoria histórica, abordar la comprensión del proceso de la Provincialización del Chaco, interpretando sus alcances-, para poder entender quiénes lo hicieron posible, por qué y cómo lo hicieron y contra qué intereses se enfrentaron. Para aprehender lo que tal acontecimiento representó como conquista de derechos ciudadanos, en el marco de su setenta aniversario el próximo 8 de agosto. Para entender todo lo que todavía nos falta por conquistar. 

Hay que comprender a la provincialización del Chaco, como un proceso histórico-político complejo y poco profundizado, en el que el 8 de agosto de 1951, fecha en que se promulgó la ley, es un momento crucial de ese proceso, largo, por cierto, de búsqueda y conquista del ejercicio de ciudadanía política de los habitantes del entonces Territorio Nacional del Chaco. 

Ahora bien, para abordar la comprensión de ese proceso, vamos a hacernos dos preguntas: 

En primer lugar, ¿cuáles son las razones de la larga persistencia, por más de setenta años, del territorio como entidad política y administrativa –del nuestro y del resto de los territorios nacionales-, y por ende, de la restricción de los derechos políticos de sus habitantes? 

En segundo lugar, ¿por qué se produjo la provincialización del Chaco en 1951 y cómo se llegó a ella? 

Para contestar tales preguntas vamos a seguir los estudios del Doctor Honoris Causa por la UNNE Marcos Altamirano, de la Doctora en Historia María Silvia Leoni, del Contador Roberto de Jesús Zalazar, el Doctor en Historia del Arte Rodrigo Gutiérrez Viñuales y de una destacada investigadora rosarina, la Doctora en Historia Martha Ruffini.

El Chaco había sido el primero de los territorios nacionales. Y en 1884, a través de la Ley N°1532 se produce la creación por parte del Estado Argentino de las nueve gobernaciones conocidas como “Territorios Nacionales”. Esta constituye una solución parcial, provisoria, presentada como transitoria, para incorporar definitivamente al país espacios que representan en extensión la mitad de la Argentina y cuya pertenencia y límites no estaban definidos. Pero en la práctica se tradujo en la coexistencia, en un mismo país, y por siete décadas, de realidades políticas profundamente diferentes. Por un lado, las que gozaban de autonomía y de derechos políticos de ciudadanía. Por otro, las de los territorios nacionales, cuyos habitantes no podían participar de las elecciones nacionales, es decir, elegir presidente, y en el plano local, ni gobernador del territorio, así como tampoco disponían de representantes parlamentarios a nivel nacional ni legislatura local. Los territorios nacionales, entonces, estrechamente dependientes del poder central, con autoridades carentes de autonomía funcional y presupuestaria –directamente elegidos por el ejecutivo nacional-, y con personas con derechos políticos muy restringidos, se diferencian mucho de la organización provincial autónoma del sistema republicano y federal argentino.

Este estado de derecho, profundamente desigual, se mantuvo básicamente, a pesar de reformas que se le hicieron, hasta principios de la década del 50. Se trató de “un republicanismo tutelado”. 

Es necesario destacar que el Territorio Nacional del Chaco sufrió en 1886 y en 1902 dos importantes pérdidas-despojos de sus tierras, en beneficio de la provincia de Santa Fe primero y de la de Santiago del Estero después. Porque el 13 de noviembre de 1886, el gobierno nacional promulgó la ley 1.894 -sancionada por el Congreso-, por la cual se disponía un nuevo límite con Santa Fe, trasladándose al paralelo 28°. Esta medida representó la pérdida de alrededor del 12 por ciento del territorio, desde Arroyo del Rey hasta el límite entre Florencia y Basail (en el denominado paralelo 28°), el que contaba con la mayor proporción de habitantes y colonias florecientes, como Avellaneda y Reconquista. Porque seis años después, el 7 de noviembre de 1902, el gobierno nacional a instancias del de Santiago del Estero -como antes, por iniciativa del santafesino-, sancionó la Ley N° 4.141 que dio a esa provincia una porción de tierra del oeste de nuestro territorio, también muy rico en bosques. En ambos casos, las apetencias de las corporaciones extranjeras por los bosques de quebrachos colorados, la ausencia de representación parlamentaria chaqueña y de gobierno autónomo, las ambiciones de las provincias limítrofes y la falta de voluntad política de los gobiernos nacionales para provincializar los territorios nacionales, obraron como causas que desmembraron más de un veinte por ciento de lo que fuera originariamente el territorio nacional del Chaco. 

En el primer caso, se trató de la extranjerización de las tierras públicas que eran nacionales, porque la provincia de Santa Fe había contraído en 1872 un empréstito con la firma inglesa Murrieta y Cía. Roberto Jesús Zalazar (2013) explica que tanto “en la armonización de la deuda como en el pago de sus servicios se registraron atrasos”. Entonces el “gobierno buscó solucionar esta situación mediante la entrega de bonos del tesoro al acreedor, los que posteriormente serían recibidos por ese estado en carácter de pago por la venta a la firma acreedora de tierras públicas”. 

De este modo, fue transferida a esa sociedad una enorme extensión de terrenos boscosos en los que abundaba el quebracho colorado, cuyas propiedades excepcionales en materia del curtido de pieles habían sido descubiertas recientemente” (p.39).

Gastón Gori, por su parte, en su célebre libro “La Forestal” escribe:

“La venta realizada a Murrieta y Cía, constituyó la salida más formidable de tierras del patrimonio público hasta 1881 y la entrega más grandiosa de quebrachales colorados que se realizara en el mundo. Santa Fe incorporó a sus límites parte de tierra nacional. Al trazarse definitivamente sus fronteras cuando aún no tenía su extensión actual, se realizó la transferencia de una fracción de su territorio a la firma inglesa. Santa Fe tiene hoy una superficie de 5.397 leguas cuadradas -acrecentada con respecto a 1881-, pero si tomáramos esa cifra actual como referencia, resulta que enajenó a Murrieta y Cía, más del 12 por ciento de toda la superficie con que contaba la provincia, y era la única que tenía ingente riqueza de quebracho colorado” (p.15). 

En conclusión, nuestro territorio nacional del Chaco pierde sus tierras y colonias más ricas, porque Santa Fe las necesitaba para entregarlas a una compañía inglesa, como parte de la deuda contraída en aquel empréstito de 1872. La ausencia de representación parlamentaria que velara por nuestros intereses facilitó dicha entrega como consumación de un gran negociado expoliador de tierras chaqueñas. Zalazar nos informa que la “propiedad de esas tierras fue cedida luego a la firma Santa Fe Land Company Limited por Murrieta y Cía. en carácter de aporte de capital a esa sociedad”. Después de varias fusiones con otras empresas, dicha compañía devendría en “La Forestal Argentina Sociedad Anónima de Tierras, Maderas y Explotaciones Comerciales e Industriales”. 

En el segundo caso, Zalazar explica que entre “1898 y 1903 el gobierno” santiagueño “vendió por medio de varios remates públicos una extensión superior a cuatro millones de hectáreas cubiertas de bosques” (pp.39-40).

“El adjudicatario era un “Sindicato de Capitalistas para la adquisición de tierras en Santiago del Estero”, entidad constituida en Capital Federal con el objeto de explotar las especies- en particular el quebracho- que allí abundaban.

La enajenación fue realizada por el gobierno santiagueño con inclusión de una parte considerable del territorio chaqueño” (p.40).

Por consiguiente, tal como había sucedido seis años antes, el gobierno de Santiago del Estero solicitó y obtuvo del gobierno nacional otra porción de apetecible tierra chaqueña, para venderlas en forma inmediata al capital concentrado. 

Vale recordar, además, que como consecuencia de la mal llamada campaña al desierto verde -oficialmente se llamó de pacificación del indio del Chaco-, tal como escribe Ramón de las Mercedes Tissera, se buscó “crear el desierto con el pretexto de abolirlo” y el latifundio fue el verdadero ganador de “la guerra contra el indio”.

“La Guerra contra el indio se había hecho para crear el desierto con el pretexto de abolirlo, para que la inmensa área libre de ocupantes celosos de su terruño, se valorizara en el mercado de ofertas de grandes predios. 

Los especuladores de tierra acopiaron la cosecha fecundada con sangre de indios y de soldados. 

5 millones 600 mil hectáreas de las actuales provincias de Chaco y Formosa, resultantes de tal campaña, se entregaron a 112 adjudicatarios particulares, entre los que prevalecen apellidos franco británicos; aunque también figuran nombres vinculados al quehacer oficial…”

Resulta indispensable identificar a los terratenientes adjudicatorios de esas tierras, así como también a los dueños y gerentes de las compañías extranjeras como La Forestal y el Ingenio de Las Palmas como los que se opusieron tenazmente a la provincialización. Porque mientras fuera territorio nacional no pagarían impuestos y tendrían vía libre para la más brutal explotación humana. 

En cuanto a los argumentos que se esgrimían para denegar la provincialización, éstos carecen de toda consistencia legal, dado que los principales obstáculos, según la ley de territorios 1532, que giraban en función de la cantidad de población (30.000 habitantes para la instalación de legislaturas y 60.000 para la provincialización), fueron tempranamente superados por el Chaco (y también por La Pampa, Misiones, Río Negro y Formosa) y desde 1916 en el caso de la Pampa y desde 1922 en nuestro caso, se habían presentado y se siguió haciéndolo, proyectos para lograr el status de provincia.

La respuesta fundamental a esta realidad de desigualdad manifiesta, hay que encontrarla en el modelo político conservador y de paradigma económico liberal que rigió el país entre la década del 80, del siglo XIX y mediados de los 40, en el XX. Se trata, pues, de razones políticas que explican por qué la mitad del país seguía sin ser autónoma ni habitada por ciudadanos plenos. 

  • 1. Altamirano, Marcos; Dellamea de Prieto, Alba N., y Sbardella, Cirilo Ramón: Historia del Chaco. Resistencia, Dione Editora, 1987, 335 pp.
  • 2. Leoni, María Silvia (2008). «Estructuras de participación, actores y prácticas en el Chaco en la primera mitad del siglo xx». En Iuorno, G. y Crespo, E. (ed.). Nuevos Espacios, Nuevos Problemas. Territorios Nacionales 1884-1955. Neuquén: CEHEPyC, Universidad Nacional del Comahue − Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, págs. 131-152. Leoni, María Silvia (2012a). «Vínculos entre la política nacional, regional y local. La designación de gobernadores en los Territorios Nacionales». En Leoni, M. S. y Solís Carnicer, M. (comp.). La política en los espacios subnacionales. Provincias y Territorios en el nordeste argentino (1880-1955). Rosario: Prohistoria, págs. 167-184. Leoni, María Silvia (2012b). «La prensa en la política territoriana. Estampa Chaqueña (1929-1943) entre la denuncia, la convocatoria y la propuesta». En Arias Bucciarelli, M. (coord.). Catorce provincias y nueve territorios nacionales. Argentina, 1860-1950. Buenos Aires: Prometeo, págs. 43-66.
  • 3. Zalazar, Roberto de Jesús (2013). Del Territorio a la Provincialización. Resistencia. Editorial Contexto.
  • 4. Gutiérrez Viñuales, Rodrigo (2001). La Provincialización del Chaco, El histórico proceso de un anhelo (1884-1951). Buenos Aires: Fundación Cedodal. En: http://www.ugr.es/~rgutierr/PDF2/LIB%20005.pdf
  • 5. Ruffini, Martha (2007a). «La consolidación inconclusa del Estado: los Territorios Nacionales, gobernaciones de provisionalidad permanente y ciudadanía política restringida (1884-1955)», Revista SAAP, vol. 3, núm. 1, págs. 81-101.
  • 6. Tissera, Ramón de las Mercedes. Cuando gobernar era despoblar, artículo publicado en la revista Todo es historia, dirigida por Félix Luna. En: http://usuarios.arnet.com.ar/etissera/ file:///C:/Users/Tete/Dropbox/MELONI/textos/Cuando%20gobernar%20era%20despoblar%20Tissera.pdf

*Escritor, docente y editor.



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