De las cenizas, Aron

Por el


Por Aron Indra Lezcano Galvez

Cuenta una antigua leyenda egipcia, que un ave con el poder de renacer de las cenizas habitó en la ciudad de Heliópolis. Podía curarse a sí misma con sus lágrimas y hacerse así más fuerte.

En cada renacer, el ave se hacía más sabia e inteligente. Dicen que el ave Fénix tiene, además, el poder de habitar en el alma de cada ser vivo, haciéndolo morir y renacer cientos de veces. Dicen que sigue viva, transformándose día tras día. Muriendo y renaciendo una y otra vez.

Mi nombre es Aron, y creo que fénix habita en mi alma. Nací en un cuerpo hermoso, pero con el cual no me identificaba. Y viví mucho tiempo creyendo estar en un cuento del que no quería participar.

Mientras escribo, prendo un cigarrillo. No tengo muy en claro cuándo sucedió, pero ya de pequeño era un extraño en mi propio cuerpo. Nací en Santa Fe, pero viví la mayor parte de mi vida en Chaco. Crecí de la mano de una mamá soltera y tengo un medio hermano. Nada de lujos. Lo justo y necesario.

A temprana edad mi cuerpo y alma fueron abusados por alguien cercano. El abuso del cuerpo tarda menos en sanar que el del alma. Ese deja cicatrices que te acompañan toda la vida. Quizás por eso de pequeño fui muy introvertido. Amaba jugar a las figuritas y andar en bici con los varones, con los que me sentía muy identificado. Me hacía llamar Nori entre los chicos, porque me representaba más que Nora, el nombre que me asignaron al nacer. No me juntaba con nenas. ¿Para qué?, si nunca encajaba.

Imagen Diversia

Cuando era hora de guardar la bici, pasaba mis tardes entre clases de música y dibujo. Es la suerte o desgracia de aquellos que tienen padres músicos. Así conocí a temprana edad la magia de Freddie Mercury y Pink Floyd, escuchando los Long Play de mi hermano.

Ya en la escuela, todo era difícil. Las chicas no se juntaban conmigo porque era una persona rara. Pero también lo era para los varones. Un chico con cuerpo de nena es algo difícil de explicar. Así que cada día moría de dolor y volvía a renacer. Día tras día. Noche tras noche. Una y otra vez.

Y como si esto fuera poco, como si a mi vida no le faltaba el condimento para hacerme sufrir, llegó la adolescencia. De un colegio a otro. Primero un técnico, luego un bachillerato para finalizar en un libre para adultos. Nada de cumpleaños, nada de boliches. En ningún lugar del mundo encajaba. ¡Cuánto daño pueden hacer los adolescentes con sus palabras sin quererlo! ¡Cuántas veces una sola palabra alcanza para atravesar el cuerpo y sangrar el alma! Y ahí estaba yo, un ser masculine no binarie dentro del cuerpo de una mujer, muerto en lugares donde otros aman vivir, muriendo y renaciendo día a día, haciéndome más fuerte con cada lágrima derramada.

Y pasó ese tiempo, ya con varios otoños cargando en mi espalda, varios renacer y con la fuerza que me dieron las lágrimas derramadas, me independicé. Estuve en pareja con una mujer quién, con el tiempo, se reconoció varón trans. La vida quiso que hace poco dejara esta tierra, pero fue quien me hizo padre del corazón con 24 años, dándome la posibilidad de criar a Esmeralda, hoy una hermosa mujer de 18 años.

Trabajé con mi hermano en un taller de electrónica y hasta que llegó mi propio emprendimiento. Conocí a mi primera pareja. El primer bálsamo que tuvo mi corazón. Y luego vino otra, y otra. Con alguna de ellas me tocó ser padre de sus hijos. Una hermosa experiencia. Volví a ser padre del corazón de mellis y de una hermosa criatura que, desde el autismo, ve la vida de otra manera.

Soy cheff, chamanista (siempre busco sanar), rescato animales, amo mucho la vida y la respeto. Milito en un grupo que se denomina Masculinidades Trans y No Binaries de Chaco, donde hablamos de las nuevas masculinidades y la no binariedad, entre otros temas

Hace casi un año comencé el proceso de transición. El cuerpo en el que habito debió morir para que renazca Aron, el ser masculine no binarie que siempre fui. El mes pasado recibí mi DNI con el cambio registral de género. Estoy a cargo de mamá, ya que mi hermano partió hace 10 años de este estadío, antes de lo esperado. Soy técnico electrónico de oficio y vivo de ello.

El sol está cayendo tras la ventana. La copa, ya casi vacía. Lentamente la noche llega casi en silencio. Muere lentamente para renacer una y otra vez, como fénix. Y mientras todo se hace silencio, enciendo otro cigarrillo y busco en spotify aquel tema de Queen que me ayudó a resurgir de entre las cenizas con más fuerzas: I want to break free.

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