El Coronavirus y yo

Por el

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Capítulo 4: Sólo se trata de volar

Amablemente Marta se ofreció a llevarnos al aeropuerto. Insistió, a pesar de nuestra negativa y de pedirle que llamara un taxi para irnos por nuestra cuenta. Pero Marta dijo que nos olvidáramos del taxi, que no era ninguna molestia para ella. Que de todas maneras debía ir hacia aquella zona. Así que cargamos las valijas en su auto chino e iniciamos nuestro regreso.

Durante aquella semana en el Hotel Baler habíamos cultivado una cálida relación de amistad con su padre. José, un español de pura cepa, sociable, cordial y conversador que, si no era el mundo, siempre encontraba algo para arreglar. Recuerdo su emoción cuando en una de esas noches de tertulias y vinos, al contarle que trabajábamos con la música, nos relató que en su hotel solía alojarse un gran músico argentino, que cada vez que venía a Barcelona elegía el Baler para descansar. 

Vista hotel Baler

– A ver si ustedes lo conocen -Se levantó con urgencia y fue hasta la conserjería. Volvió del mostrador hojeando un pequeño álbum de fotos. ¡Aquí está! -dijo, y nos mostró la instantánea en la que se lo veía, con su esposa, sonriente junto a Litto Nebbia y su compañera Alexandra. Lo miré fijo y le dije.

– José, usted cree en las casualidades? 

– Pues mira, mi abuelo solía decir que este mundo no es más que un pequeño hervidero de misterios.

Le conté que justo aquella tarde el hombre de la foto, con quien tengo el gusto de trabajar, me había enviado un correo para saber cómo estábamos y que se encontraba de gira por México. El músico mexicano “El Mastuerzo”, que compartía la reunión esa noche nos contó que había estado con Nebbia antes de viajar hacia Barcelona. 

– Mira esto no es una casualidad, es causalidad, así decía el viejo -dijo José-. Mira, yo apenas si pude ir a la escuela, pero tuve un abuelo sabio como un búho, que no me hizo falta leer tantos libros -agregó sonriendo. Volvimos a brindar por la amistad, ¡¡¡y que la risa nos librará del virus!!! -mientras yo escaneaba la foto con mi celular.

Le dejamos a Montse, la esposa de José y mamá de Marta, un disco del poeta Aledo Luis Meloni y Coqui Ortiz, un humilde presente en agradecimiento a tanta generosidad.  Cuando subíamos al auto de Marta me dio cierto alivio sentir que, en apariencia, mi gripe comenzaba a retroceder. Aunque persistía esa molestia en mi garganta y un leve ardor en la espalda. Si bien la fiebre no había avanzado, ante la amenaza, llevaba a mano unos comprimidos de paracetamol en la mochila. Me había dado una buena ducha y tomé un té bien caliente con limón antes de salir. Por supuesto llevaba mi bicarbonato listo en el bolsillo. Ante la escasez de mascarillas en las farmacias de Barcelona, para viajar más tranquilos, habíamos confeccionado unos barbijos con papel de cocina y unas bandas elásticas que nos enseñó el querido amigo Pedro Strukelj, que tan bien nos había atendido y que estuvo pendiente de nosotros durante toda la estadía en la ciudad.  

Barbijo con papel de cocina

Nuevamente arrancó a llover con más intensidad cuando el auto ya se deslizaba por la avenida Gran Vía hacia el aeropuerto. Sonaba un tema del grupo Vetusta Morla en la compactera de Marta. Inevitablemente me hizo recordar a la anciana tortuga de “La Historia Sin Fin” y me figuré que algunos de los líderes de este mundo ya merecían estar chapaleando en su pantano de la tristeza. 

Marta interrumpió mi divague para preguntar cómo era Resistencia. Esbocé una respuesta rápida contando que era una ciudad joven, ciento cuarenta años, que absorbimos migrantes italianos, españoles y otros expatriados europeos que se mezclaron con los pueblos originarios, criollos y mestizos. Que nuestro clima era muy caluroso y húmedo, pero con mucho frío en invierno. Tal vez por resultado de todo aquello éramos una capital fenicia y cultural al mismo tiempo. Creo que somos una ciudad acogedora, aunque tenemos un joven ensayista llamado Pablo Black, que escribió que Resistencia no es una ciudad para turistas, sino más bien para un cierto tipo aventureros sombríos. Tenemos lo nuestro, pero no somos Barcelona, claro. 

– Bueno, pero aquí también hace mucho calor, hasta cuarenta grados y, pues la humedad es tremenda, ¡¡¡¡que me libre Dios!!! -dijo Marta. 

– ¡Digamos entonces que somos como Barcelona! -Ambos nos reímos de aquella conversación incidental con gusto a sala de espera. 

Sentí que este viaje de regreso comenzaba a tener leve sabor a espera, ansiedad y angustia. Llegamos y Marta nos despidió con sus buenos augurios. Por favor cuida de José, que este mundo precisará alguien como él que se encargue de arreglarlo -le dije- y nos alejamos corriendo, escapando de la lluvia, hacia la nave principal del gran aeropuerto El Prat.

Aeropuerto de Barcelona

Como habíamos llegado temprano tuvimos que esperar a que habilitaran el check in, así que buscamos un lugar en cercanía de unos sanitarios donde acomodamos nuestros petates. Se notaba poca cantidad de gente, consecuencia de la merma en el tráfico aéreo por la pandemia. El aeropuerto olía a hospital vacío con todos sus negocios cerrados, salvo la farmacia, un local de revistas y una de comidas rápidas. Aprovechando la espera me entretuve con la lectura de tapa de algunos diarios españoles. 

Todos destacaban que ese día España cerraba sus fronteras y que habían alcanzado los diez mil infectados y trescientos nueve muertos en todo el país. Peligran más de sesenta mil puestos de trabajo en Cataluña, decía otro título. Caí en la cuenta que Barcelona, de 90 infectados y ningún fallecido el 8 de marzo, cuando llegamos, pasaron a 1900 infectados y 41 fallecidos en tan solo una semana. Las proyecciones asustaban. 

Aeropuerto Barcelona

Treinta países de la Unión Europea cierran fronteras. De buenas a primeras los títulos de los diarios de ese lunes parecían presagiar el principio del fin. Este virus había despertado el germen dormido de las desigualdades, que ahora mostraba su peor cara entre tantos ataúdes. Aquel mundo sin fronteras, sin estados, ese gran mercado común y poco regulado que habían soñado y planificado algunos liberales globalizadores del capitalismo de fin de siglo, se estaba dando “la ñata contra el vidrio”, como dice el tango. Daba la sensación de que Francis Fukuyama sería una víctima más de este virus. Me lo imaginé un tanto anciano y con miedo a ser infectado, temiendo quizá el fin de su propia historia. 

Lugar en donde comprábamos comida y vinos

Vimos un movimiento como de una jauría ansiosa al momento en que habilitaron el check in y nos acercamos a la fila, despacio. Se percibía que todos querían ganar el lugar de adelante, como si existiera un peligro de quedar abajo de aquel vuelo. En pocos segundos se armó un tumulto de argentinos amontonados sin ton ni son. Nadie respetaba distancias, todos hacían preguntas de cualquier tipo. No se entendía cómo en tan poco lapso ese grupo minúsculo de personas había sido capaz de generar un perfecto caos. Bienvenido, ya estamos entre nosotros -dijo mi amigo, y decidimos alejarnos un poco y esperar que a la fila se despoblara.

Cuando subimos al avión, el capitán avisó que debíamos esperar algunos minutos pues había mal tiempo en Madrid y los vuelos se estaban reprogramando. Rápidamente creció un murmullo de preocupación en todo el pasaje. Todos sabían que el avión que debíamos tomar en Barajas era el último que saldría hacia Ezeiza. Algunos, como el cordobés que tenía al lado, comenzaron a reclamarle a la azafata, como si ella pudiera arreglar algo. 

– ¡Mirá si ahora por esto no podemos volver! -soltó con voz de alarma una señora mientras bamboleaba los ojos hacia los costados buscando cómplices. Tuve el deseo de enchufarle unos auriculares y reproducirle el estribillo de “solo se trata de vivir” para hacerle entender que nadie podía darle una respuesta, ni decirle qué puerta debía tocar y que, a pesar de tantas melancolías, tanta pena y tantas heridas, solo se trataba de volar.

Intenté tranquilizarme, me acomodé el barbijo y dejé que el pánico se apoderara de las bolsas y sus brókeres.


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Categoria: Salud, Sociedad | Tags: , , , | Comentarios: 3

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3 thoughts on “El Coronavirus y yo

  1. Atrapante historia..pero si hay cap 1,2,3 no la tengo…y quiero saber si llegaste al CHACO .

    • Avatar for Walter Bordón

      Proyecto Bohemia

      Hola Norma. Todos los capítulos anteriores están publicados en esta revista. La invitamos a recorrerla, y no se pierda los episodios que vienen.

  2. Avatar for Walter Bordón

    Adalberto Balduino

    Walter conmovés desde el principio. Asustás para los desprevenidos, pero tenés un tuteo con el idioma simple donde anidan recuerdos, anécdotas, encuentro, y una ubicación de ubicación que es pasear contigo en días de presagios y payé. Has crecido en tu transmisión, optaste por la simplicidad y es el idioma que trato de frecuentar porque es la sintonía de todos, pero diciendo cosas profundas. Un abrazo grandote y mis felicitaciones por narrar tus propio síntomas como si fueran transparencias puestas sobre un escenario común, de donde se han venido tantos a hacer este país.

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