“En contextos de encierro los estereotipos masculinos y femeninos se reafirman en perjuicio de la mujer”

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(*)Fotos José Farías

(*) Por Diana Della Bruna @19dianadi

En el marco de la semana de marzo dedicada a las reflexiones sobre género, desde el Comité de Prevención de la Tortura, Otros Tratos y Penas Crueles, Inhumanos y/o Degradantes se analizan las situaciones que afectan de forma particular a las mujeres privadas de la libertad. En los últimos cuatro años aumentó casi tres veces la cifra de mujeres detenidas, pasando de 86 en el 2016 a 239 en el 2020.

Desde el Comité se viene realizando, a partir de 2019, un fuerte trabajo en el abordaje con perspectiva de género a la hora de monitorear el encarcelamiento a mujeres. El mismo estuvo enmarcado en las Reglas de Bangkok, instrumento a nivel internacional que indica cómo deben realizarse las intervenciones. Silvina Canteros, Miembro y Coordinadora del Área de Genéro y Disidencias del Comité comparte en la siguiente entrevista algunas de las reflexiones desde el organismo.

En los últimos cuatro años aumentó casi tres veces la cifra de mujeres detenidas, pasando de 86 en el 2016 a 239 en el 2020.

¿Cuáles son las cuestiones y situaciones más relevantes que afectan a las mujeres en contexto de encierro?

Las cárceles, comisarías o los sistemas de privación de la libertad no están preparados para mujeres por sus particularidades, hasta tal vez, biológicas. El encarcelamiento de mujeres en estos últimos tiempos, a partir del narcomenudeo como una de las razones, hizo que las problemáticas de las privaciones de la libertad sean más visibles por cómo impactan en las mujeres con relación a cómo impactan en los hombres. Una de las constantes que se ve en los monitoreos que realiza el Comité es como los estereotipos masculinos y femeninos se reafirman y eso en perjuicio de la mujer.

Las mujeres, en su rol social de cuidado, cuando se encuentran privadas de la libertad pierden todo tipo de contacto y relación y dejan de cumplir esta función que no es suplantada por alguien. En cambio, cuando en un grupo familiar es el varón el que está detenido, la mujer suplanta de alguna manera el rol de ese papá, trabajando y, a su vez, extendiendo sus posibilidades de cuidado. No solamente va continuar cuidando a la familia, sino que además va a tener que dedicar un tiempo extra para ir a visitar a esa persona detenida y satisfacer todo lo que demande, como artículos de limpieza, ropa, tiempo, comunicación.

Silvina Canteros

Las mujeres, en su rol social de cuidado, cuando se encuentran privadas de la libertad pierden todo tipo de contacto y relación y dejan de cumplir esta función que no es suplantada por alguien. En cambio, cuando en un grupo familiar es el varón el que está detenido, la mujer suplanta de alguna manera el rol de ese papá, trabajando y, a su vez, extendiendo sus posibilidades de cuidado.

Cuando es la mujer la que está detenida eso no sucede y el rol de cuidado queda desprotegido generando en ellas una preocupación, porque dejaron a los hijos e hijas solos, o personas discapacitadas o mayores. Mínimamente lo que ella hacía nadie lo suple. Muchas veces son mujeres cabeza de hogar, jefas de familia, madres solteras que directamente no tienen un acompañamiento que se haga cargo de esto. Y, como agravante, la mirada hacia las mujeres privadas de la libertad en relación a sus hijos es la de la “Mala Madre”.

¿Cómo funciona el Sistema Penitenciario con respecto a al cumplimiento de la progresividad de la pena de las mujeres privadas de su libertad?

En relación a esto desde el Comité se está haciendo un análisis, una investigación, una reflexión más minuciosa. En el cumplimiento de la pena se tienen que alcanzar ciertos objetivos y un equipo criminológico los va evaluando. Conducta, habilidades, hábitos, reconocimiento del delito cometido son algunos de los criterios. Estos objetivos no están atravesados por la perspectiva de género.

La misma idea de socialización tiene que ver con reforzar los estereotipos sociales de los roles asignados a mujeres y varones. Por ejemplo, como parte del cumplimiento de la progresividad de la pena se debe acceder al sistema educativo o actividades laborales para ganar puntos. El ofrecimiento de oficios y carreras no está pensado para los deseos de las mujeres, siempre les ofrecen cocina o costura. Para los varones es carpintería, herrería, electricidad o albañilería. Si bien no hay ningún obstáculo para que la mujer pida el curso de electricidad, el sistema no está preparado para darle esa clase, no piensa en darle clases de ese tipo de oficios.

Feminización de la pobreza y narcomenudeo

Se observa un incremento preocupante en la cantidad de mujeres detenidas y condenadas, ¿qué nos podés decir de la relación de estos números con la feminización de la pobreza y las políticas con respecto al narcomenudeo?

El narcomenudeo como política criminal es un fracaso en términos de que no se ha comprobado, por lo menos, que haya tenido un impacto efectivo y positivo en cuanto a la disminución de la distribución y circulación de drogas. Por otro lado, se puede interpretar que la práctica del narcomenudeo genera una economía de subsistencia para las personas que se dedican a esto. Se nota por las detenciones, las causas que se abren, por el universo que conforman los detenidos y las detenidas del narcomenudeo. Son gente muy humilde, pobre, con escasos recursos en donde se ve que la forma de subsistencia es la venta de droga en pequeña escala.

A la mujer le ha resultado casi útil esto porque es una metodología en la que ella, estando en su casa, puede seguir manteniendo este rol de cuidado del que hablábamos hoy, puede seguir encargándose de los hijos, hijas y el resto de personas de su familia que la necesiten. Por eso es que ha impactado tanto y ha aumentado la detención de mujeres.

Pero también hay otro componente en esto, porque si bien algunas están imputadas y muchas condenadas, hay otro universo. Como la venta es en la casa y en la casa está la abuela, la madre, la hermana, la tía, caen detenidas ellas como parte del negocio, aunque en realidad muy poco pueden hacer porque el que vende es el varón, la cabeza de la familia. Caen en la redada como consecuencia y llevará un tiempo determinar su participación.

No hay que dejar de lado que también son familias atravesadas por la violencia física, económica y psicológica y se restringen aún más las posibilidades de estas mujeres. En Santa Fe habían inventado un término, “arrastramiento por el vínculo”. Ellas sienten que son “arrastradas” a la captación penal por el vínculo con el vendedor que es padre, hermano, pareja.

En Chaco, antes de la aparición del narcomenudeo, en la alcaidía de mujeres – que tenía una capacidad para unas 50 personas- el 85 % eran mujeres condenadas por delitos contra la vida. Si indagabas un poco la historia de esa mujer eran situaciones atravesadas por la violencia. Hoy los números se invierten y el 70 % son captadas por la política criminal del narcomenudeo.

No hay que dejar de lado que también son familias atravesadas por la violencia física, económica y psicológica y se restringen aún más las posibilidades de estas mujeres. En Santa Fe habían inventado un término, “arrastramiento por el vínculo”. Ellas sienten que son “arrastradas” a la captación penal por el vínculo con el vendedor que es padre, hermano, pareja.

Acceso a la salud

¿Cómo es el acceso a la salud para las mujeres privadas de su libertad?

Se puede señalar que no es visible el derecho a la salud sexual y reproductiva de la mujer en contextos de encierro, desde el momento en el que no hay un servicio de ginecología, aunque no sea de modo permanente, pero si como lógica de que en algún momento del año la mujer se tiene que realizar un PAP, de las cosas más cotidianas a los análisis más complejos. Y esa lógica del servicio de salud no está presente.

Algo más cotidiano, como ejemplo de invisibilización de las necesidades de las mujeres, es la disponibilidad de toallitas femeninas. En muchos casos la familia no les puede proveer permanentemente y entonces tienen que recurrir a trapos. Hacen sus propias toallitas, limpian, lavan y siguen usando, en espacios donde el cuidado de la higiene es tan dificultoso.

Se puede señalar que no es visible el derecho a la salud sexual y reproductiva de la mujer en contextos de encierro, desde el momento en el que no hay un servicio de ginecología, aunque no sea de modo permanente, pero si como lógica de que en algún momento del año la mujer se tiene que realizar un PAP, de las cosas más cotidianas a los análisis más complejos. Y esa lógica del servicio de salud no está presente.

Otro punto importante, hablando de cómo se refuerzan los estereotipos, a la mujer ante la protesta o reclamos de algún derecho en el que se sientan violentadas la respuesta es la sobremedicación y la sujeción en las camas o camillas. El término general que se utiliza para estigmatizarla y domesticarla es “la histérica” y en ese sentido se las medicaliza. En el varón el reclamo es reprendido con mayor violencia, golpes y castigos físicos.

(*) Dirección de Área Comunicacional y Registro del Comité de Prevención de la Tortura


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Categoria: Entrevista, política | Comentarios: 0

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