Virginia Creimer también fue víctima de violencia sexual

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Diplomada en Psicología Jurídica y Forense. Magister en Educación con Especialización en Educación Superior. Asesora Nacional e Internacional en delitos contra los DDHH. Asesora Nacional e Internacional en delitos contra la niñez. Participó, en la investigación como médica forense del caso Nisman, entre otros de renombre mundial. Con más de treinta años de experiencia laboral, parte en el Estado (Ministerio Público Fiscal de Nación y de Buenos Aires), hoy dirige la Consultora Pericial de Ciencias Forenses. En Octubre del año pasado visitó Resistencia para presentar su último libro y dictar una capacitación en investigación forense. La Doctora Creimer relató en su cuenta de facebook el horror que tuvo que vivir. 

Todxs quienes me conocen saben que llevo décadas defendiendo víctimas de violencia de género, femicidio/feminicidio, abuso sexual en la infancia y violencia institucional.

De hecho, he creado el primer protocolo de autopsias para los casos de feminicidios para Latinoamérica.

Me fui del Estado hace 4 años porque consideré que no había espacio en él para mí cuando me negaron protección cuando el “Señor de las torturas”, Etchecolatz, me denunció a mí por torturas por dictaminar que debía quedar preso porque estaba sano. Después de ello, apareció un cuchillo ensangrentado en la cerradura en de mi casa con mi hija durmiendo adentro. Yo no sabía si era su sangre y , peor aún, no sabía si era mi culpa por defender a lxs hijxs de los demás en lugar de priorizar lxs míos.

El Estado me había negado por escrito la protección. Renuncié y empecé mi carrera de abajo, después de haber creado los laboratorios regionales de Ciencias Forenses para todo el país y haber sido la primera directora de la Red Nacional de Ciencias Forenses del país. Me fui calladita y apagué la luz al salir.

No soy partidaria de los escraches, pero 30 años de estar en el poder judicial me enseñaron que hay peleas perdidas antes de comenzadas. Igual las doy por lxs demás. No estoy preparada a darla HOY por mí.

Nunca estamos exentas. Avanzamos mucho como luchadoras de realidades injustas, pero ninguna está exenta.

Ayer me levanté triste porque la soledad me aplastó nuevamente. Lloré, dormí. Lloré. Estaba vulnerable.

Me llamaron mis hijes porque se les rompió el auto, así que fui en shorts y top deportivo como salgo a correr periódicamente, porque pensé que era una pavada.

Cuando llegué había que llevarlo al taller. Lo remolcamos y en la concesionaria muy bien predispuestos me lo arreglaron en el momento. Un «amigo» se había ofrecido a ir a buscarme si no lo arreglaban para el día. Cómo me lo arreglaron al toque, le ofrecí tomar un mate en su casa.

Lo conozco hace más de 15 años y es juez de la provincia de Buenos Aires.

Pase por la casa y empezamos a hablar y la charla empezó a ponerse turbia. Le expliqué que no quería nada con él, que estaba buscando una pareja estable, pero no hacía más que hablar de la poca ropa que yo tenía.

Yo insistía en que no iba a pasar nada y él hablaba de cómo se estaba poniendo, así que le dije que me iba.

Cuando me di vuelta me agarró de la cintura y no me dejaba salir. Aunque yo le decía que NO, él repetía «no es no» tratando de sacarme la ropa y empujándome para no sé si un living o qué. Yo sólo veía el marco de la puerta del que me agarraba para tratar de irme. Él no me sacaba las manos de encima hasta que logré zafarme y me fui de la casa con su olor impregnado en la cara con ganas de vomitar.

El abuso paraliza. Tengo 50 años y una carrera dedicada a la defensa feroz de lxs demás, pero ahí estaba, desamparada. Basta imaginarse que tortura siente un niño/a de 5, 10 o 15 años frente a una situación similar.

Siempre somos vulnerables, a veces más, cuando nos sentimos solas y desamparadas. Lloré por horas, tenía arcadas y vómitos cada vez que recordaba el momento.

Llegué a leer un mensaje que me mandó diciendo algo así como que “había sido tan dulce y que si no quería por qué no le había dicho nada”.

Esto me tiene fracturada. Empecé a replantearme la ropa que tenía puesta, las fotos de Facebook, de Instagram, como si yo tuviera la culpa. Eso hace el machismo con nosotras, nos culpabiliza de la violencia machista naturalizada de la que somos víctimas.

Pero peor aún, me generó la encrucijada de denunciar, escrachar o advertir. Sé que cualquier decisión será juzgada por miles. Mis alumnas ya me reclaman la denuncia porque eso es lo que les enseñe y yo apenas puedo respirar.

En este estado de shock sólo puedo advertirle por ahora al señor juez que seré su sombra.

Yo pude salir de esa horrible situación con claros daños colaterales. No quiero que otra sufra lo mismo.

Conozco bien las intrincadas redes de los Poderes Judiciales, conozco a sus partícipes necesarios, a muchos y muchas les tomé el examen para ingresar.

Este gobierno tiene buenas intenciones y grandes cuadros políticos, pero no debe olvidar que hace falta trinchera para transformar la realidad de las violencias. Ojalá lo tenga en cuenta para transformar desde la semilla la violencia que se inocula en nuestros pibes y pibas y que perpetúan sistemas sin la capacidad adecuada.

Respecto del juez, este es mi mensaje por ahora:

“SERÉ TU SOMBRA, cada vez que te acerques a una mujer vas a pensar muy bien lo que hacés, porque voy a estar yo detrás esperando para mostrar la basura que sos.”


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