Presupuesto Nacional: Macri pasó la tijera, otra vez

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El pasado 16 de septiembre, el Ministro de Hacienda de la Nación, Hernán Lacunza, presentó el proyecto de presupuesto para el año 2020. Llama la atención, o no, que el flamante ministro vuelva a echar la culpa a la pesada herencia o a las inconsistencias del programa económico, un programa que fue hecho a medida de un sector minoritario de la sociedad. 

El Presupuesto en números

Para este año, los números proyectados no son muy alentadores. El propio Lacunza habla de una caída del 2,6% del PBI, una inflación del 55% (según el Relevamiento de Expectativas de Mercado -REM- elaborado por el Banco Central de la República Argentina -BCRA-), y un dólar a 75 pesos, con un promedio de 67 pesos. Hay que recordar que la mayor parte de la deuda argentina se encuentra en dólares (más del 75%). Por lo tanto, cuanto mayor sea su valor, mayores serán los intereses que tendremos que pagar.

Según el presupuesto presentado, la deuda representará más del doble que los servicios económicos, entre los que encontramos los subsidios a los servicios públicos (como el transporte y la energía), el fomento a la producción y a la industria; sectores claves para el desarrollo de cualquier país y sobre todo necesarios para la generación de dólares que se destinarán a pagar la megadeuda contraída, que este año va a estar, como mínimo, por encima del 20% de los gastos totales, siendo que el año pasado era del 16%.

Por lo tanto, podemos ver, a simple vista, que las prioridades del Gobierno de Mauricio Macri siguen siendo pagar los intereses de la deuda y beneficiando a los tenedores de bonos (inversionistas extranjeros en su mayoría) y a los bancos privados; desfinanciar el Estado con las recetas liberales del “déficit fiscal” y perjudicando, una vez más, a todos los sectores de la economía real. Si consideramos la inflación proyectada para diciembre de este año (55%), que debería ser una referencia a la hora de elaborar el presupuesto, todos los gastos-inversiones crecerían por debajo de la misma; es decir, en términos reales la Salud (-9,9%), Educación (-11,7%), Trabajo (-7%), Vivienda (-27,3%), Seguridad (-13,7%), estamos hablando de servicios públicos indispensables para la población.

Sobre los desafíos que se vienen

Los desafíos que tendrá la próxima gestión nacional, que todo hace pensar después de la amplia ventaja de las PASO que serían Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, se centrarían en renegociar la mega deuda en dólares, que no solo está integrada por el préstamo “stand by” del FMI, que sería la menor de las preocupaciones. Por el contrario, la mayor estaría marcada por los vencimientos de «otros Organismos Internacionales» y la refinanciación de los vencimientos de deuda emitida por el Gobierno, tales como las Letes y Lecap; algunos informes calculan que ambos totalizaron más de USD 23400 mil millones en los primeros meses de 2020.

Otro de los grandes desafíos será la generación de empleo, ya que según el INDEC, durante el segundo trimestre del año el desempleo aumentó a 10,6%, alcanzando el nivel más alto de los últimos 13 años. Asimismo la reactivación de la economía, no será cosa fácil ya que actualmente estamos atravesando por un periodo de estanflación, una economía estancada y con un alto nivel de inflación, las políticas que se lleven adelante tendrán que centrarse en componentes que, por un lado, motoricen la demanda interna, como puede ser la pesificación de la economía y de las tarifas y acompañarlas de un incremento salarial que permita a los y las trabajadoras recomponer de a poco el poder de compra de sus ingresos. Y por el lado de la oferta, se hace necesario controlar la cadena de valor de los productos, evitando la remarcación de precios (método utilizado por la mayoría de los grandes supermercados) sobre todo reconociendo el valor de origen de los productos. El desarrollo industrial debe estar orientado a la innovación de los procesos productivos, incremento de la planta, promociones industriales y demás mecanismos que permitan poner en funcionamiento las pymes industriales. Las agroexportadoras deberán hacer lo suyo acompañando este proceso y liquidando automáticamente sus divisas, permitiendo de esta manera el ingreso de divisas genuinas, necesarias para el pago de la deuda (sin necesidad de acceder a nuevos endeudamientos) y para la importación de maquinaria indispensable para el desarrollo industrial y la reactivación de las economías regionales.


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