Donde pasa Cristina, pasan cosas

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“Che ¿toca El Indio en Resistencia?” pregunta con su reconocida picardía una amiga en Facebook. Claro: la peregrinación militante disfrazada de presentación literaria, aunque el traje de esas misas pos ricoteras masivas hasta el absurdo le quede grande, inunda la barriada. Dale, todos lo notamos; aunque haya muchísimos a los que no les guste. 

“Alí Babá se quedó con 39 ladrones, porque una se vino para el Chaco”, postula otro en la misma red. Una simpática manera de manifestarse contra un fenómeno al que, con todo derecho y siempre discutibles argumentos, rechaza de plano; pero no puede desconocer. 

Sólo dos de una inabarcable gama de expresiones que inundan las redes sociales para dejar absolutamente en claro que la presentación de un libro es el evento más convocante que se haya dado en la ciudad en algún tiempo. 

Presentación libro de CFK en Resistencia, Chaco (foto Tod@s)

Sinceramente, hasta último momento nunca se termina de dimensionar cuánto tiene que ver el hecho de que a estos eventos los solemos ver en televisión en la percepción de su masividad. Una cámara ubicada de forma amigable siempre ayudará a la construcción de ciertos mitos; a la inversa, se puede también bajarle el precio a cualquier congregación con un simple encuadre malicioso 

Por eso es bueno cuando pasa en tu ciudad, en tu espacio, con tus conocidos –a favor o en contra- mostrando sus propias percepciones; ayudando así a construir una suerte de imagen tridimensionalmente perceptiva: a favor, en contra, intento de observación neutral.

Con ese parámetro, la multiplicación de publicaciones y los debates interminables indican que quizás no sea de lo único de lo que se está hablando, pero la mayoría está hablando de ella. Además, la excusa de los planos cortos y los contrapicados amañados quedó totalmente desarticulada cuando muchos ojos conocidos pueden, en vivo, contar las patas de los presentes y dividir por dos –fórmula que recomendaba mi viejo cuando quería hacerse el gracioso-.

Durante los días previos, el tráfico de influencias para conseguir una pulserita que habilite a ingresar al Centro de Convenciones Gala superó con creces al que ya se está dando en círculos para rapiñar alguna sin cargo para el recital de Andrés Calamaro en Corrientes  –hablando de eso, si alguien sabe con quién hay que hablar…-.

Las dos orillas de la grieta que actualmente divide al PJ chaqueño se repartieron el grueso de los precintos y todos los niveles del microclima politizado local midieron sus galones para reclamar uno de esos lugares que, por mucho, nunca tuvieron chances de llegar a satisfacer la demanda. Además, en una movida tan justa como estratégica, la editorial responsable de la publicación de Sinceramente repartió directamente un gran número de invitaciones a escritores y libreros locales. 

En ese juego de las sillas con miles de perdedores, la historia sobresaliente de la jornada fue la de un periodista local, a quien estimo y respeto profesionalmente, que no se dejó llevar por su reconocido amor hacia la autora del libro en cuestión: dejó sin usar –al menos por él- uno de esos preciados precintos para quedarse “con el pueblo” en ese especie de recital de rock alrededor de una pantalla gigante que se montó en el estacionamiento del complejo donde se realizó el evento.

Adentro, todo repleto. El peronómetro estuvo activado al 100 por ciento y sobraron selfies de quienes no podían dejar que los demás no se enteraran de que sí consiguieron estar ahí. Es que estar era tan significativo para ver qué lugar ocupa alguno en la cadena alimentaria cristinista, que hasta alguno que no fue salió a mostrar que sí tenía pulserita, pero no pudo. 

Adentro, abucheos y vítores ratificaron que la presencia de Cristina no licuó las diferencias profundas entre las facciones internas; una división que va mucho más allá que la caprichosa discusión de candidaturas. 

Como lo veo, en general, no sólo por lo que me contaron de este evento, tanto Capitanich como Peppo tienen su militancia y las diferencias cuantitativas no han alcanzado para que se imponga alguno de los dos a la hora de la rosca amigable; pero lo que sí es notorio es que el actual gobernador recibe mucho más rechazo de los coquistas que el intendente de los peppistas. 

El discurso de Cristina es otro tema. Referencias obvias al libro para justificar la convocatoria y menciones de campaña esperables. Volvió sobre aquella máxima del “miedo a ser Venezuela” para recordar el bochornoso apagón sufrido por el país cuando es gobernado por quienes siguen viendo al de los hermanos de Simón Bolívar como símbolo de la decadencia estructural. 

En el fragor de su siempre talentosa alocución, la expresidenta y candidata a vicepresidenta no pudo evitar utilizar alguna que otra frase polémica. En su presentación anterior, en pleno Día de la Bandera en Rosario, había sido el tramo en que se manifestó interesada en ser amante de Manuel Belgrano. 

Este sábado, en Resistencia, dijo: “Si te mienten una vez y seguís creyendo es porque te gusta”.  Sé que a algunos podrá molestarle, pero no puedo evitar que me moleste un axioma similar “si te pega y te quedas es tu culpa” con el que se ha justificado la violencia doméstica históricamente. El trabajo del líder es convencer, no culpabilizar a los débiles supuestamente engañados. 

Quizás sea un detalle que pudiera parecer menor, pero si a Messi siempre se le pidió que cante el himno y fue treding toppic que lo hiciera, por qué no pedirle algunos cuidados discursivos a una de las mejores en esa materia. 

Este sábado, mi ciudad volvió a ser testigo del fenómeno político más masivo de la Argentina contemporánea. Guste o no, donde pasa Cristina, pasan cosas.

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