«Medio sol amarillo»: Para no guardar silencio

Por el


En un rapto de Virginia Lago para Proyecto Bohemia, hoy vengo a recomendarles un libro: “Medio sol amarillo” de Chimamanda Ngozi Adichie (sí, cuesta un montón aprender el nombre de la autora). Yo llegué a ella por una charla TED X v en la que habla de los peligros de una sola historia. Y por el hecho de ser una mujer de mi edad, africana, feminista y escritora me conquistó inmediatamente.

Desde que vi por casualidad esa charla, quise leer algo escrito por ella. Es nigeriana, militante feminista pero tiene la habilidad de romper con los estereotipos de género, raza, edad, clase social, procedencia; y todos de un solo plumazo. Así que ni bien pude compré este libro, su segunda novela, una edición de Penguin Random House impresa en España.

La verdad, hacer un salto cultural tan grande para leer -imposible negarlo- cuesta: desde intentar representarse los lugares hasta recordar los nombres de los personajes, el libro significó para mí todo un desafío. Principalmente porque relata -en clave de ficción pero con un fuerte anclaje en la historia contemporánea- la conformación del estado de Biafra. Sí, ese que a lo sumo recordamos cuando queremos decir que alguien pasa mucha hambre o está desnutrido. Al menos yo sólo había escuchado hablar de la terrible hambruna en ese país.  

Básicamente, el relato se sitúa entre las décadas del ‘60 y ‘70 en Nigeria y, una vez independizada, en la República de Biafra. Los personajes conforman un grupo social bastante diverso: gente que tiene dinero, profesores universitarios, escritores, pero también sus empleados domésticos. Además de una historia atrapante que está atravesada por el amor, la política, la sociología, la historia africana y mundial, narra cómo la guerra puede sacar lo peor de los seres humanos y el modo en que eso destruye la vida cotidiana de miles de personas, instalando el horror como la “normalidad”.

Chimamanda dedica el libro a sus abuelos, quienes no sobrevivieron a la guerra; a sus abuelas, que sí lo hicieron y -como a lo largo de toda la historia- aparece una frase en alguno de los idiomas que se habla en la región. Toda una declaración de principios con respecto a la necesidad de dar a conocer su cultura, sus tradiciones, sus raíces.

Párrafo aparte merece el prólogo de la chilena Lina Meruane, denominado con una frase que también aparece a lo largo del texto como si fuera un metadiscurso porque uno de los personajes escribe un libro al que titula “El mundo guardó silencio cuando morimos”. Así de triste, así de terrible, así de real, así de necesario de saber.

Lectura recomendada para conocer otras culturas, para entender aunque sea una pequeña parte de la historia africana (tan cercana y tan lejana a la nuestra al mismo tiempo) y para barrer con estereotipos. Todo al mismo tiempo.

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