Del poli amor y otros demonios

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Desde el principio de los tiempos, las relaciones personales, y más aún las amorosas, han mutado de manera impetuosa. Pasamos de la endogamia, las orgias (bueno…esas siguen), matrimonios arreglados, niños y niñas con adultos, discípulos con maestros entre otras varias opciones. Hasta que el amor romántico y otros preceptos se instalaron y nos dijeron como mandato que debemos unirnos con una sola persona hasta el fin y según la época, la separación no se contemplaba.
De todo esto uno puede llenar mucho espacio con historia, pero tomando las palabras del Licenciado Javier Augusto, psicólogo especialista en terapia de parejas, las relaciones amorosas son un contrato. Si, suena frío, pero funciona el término. Ahora ¿Qué pasa cuando ese contrato incluye más de dos partes? ¿En qué momento deja de ser algo establecido y pasa ser una mera infidelidad?
La Sexóloga Florencia Echavarria Avellaneda, sostiene que las prácticas que uno decide incluir con alguien que amamos, siempre debe estar charlado y aceptado por las dos partes, es decir señores que se baila de a dos o no se baila. Ya sea para un encuentro swinger o para una relación abierta que permite encuentros sexuales esporádicos y en el tema que nos atañe hoy, también para el poliamor.

“El que avisa, no traiciona”

¿Cuál sería la diferencia entre ser un “cornudo consciente” y ser poliamado?, básicamente la traición en sí, el quiebre a la confianza y la mentira. El famoso dicho de “El que avisa no traiciona” podría funcionar a la perfección. En las relaciones poliamorosas no hay necesariamente sexo, no distingue necesariamente géneros, pero si queda inamovible la aceptación de cada integrante.
Saquémonos de la cabeza la idea de que alguien que practica el poliamor es un insaciable sexual que se monta a todo lo que pasa, quienes tienen varias relaciones se clasifican de varias formas y sobretodo, se respetan entre sí. ¿Los celos? Aparecen como en cualquier persona, pero a diferencia de una relación monógama, no podemos crearnos un fantasma idealizado del tercero cuarto o quinto, porque justamente, lo conocemos y podemos compartir o charlar lo que nos molesta. Según el Licenciado Augusto, los celos nos hacen poner en un pedestal a la persona amada y le otorga cualidades extraordinarias.
Existe un poliamor jerárquico que tiene una o más relaciones primarias e importantes, y relaciones secundarias que no representan nada más, también está la polifidelidad que restringe los encuentros y tiene límites mucho más acotados. Por último, existe la anarquía relacional o el amor libre que no dispone de ninguna regla, más que del consenso.
¿Es el poliamor para todos? , desde ya que no, dependerá de cada alma que exista. ¿Fue Hugh Heffner un precursor o tu tío ese que tenía dos familias?, quizás sí. Lo seguro es que mientras se ame, y se busque tanto la plenitud del otro como la de uno, no debería ser un problema.

 


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