Bienvenides a la incomodidad

Por el

“Soy docente de educación media y actualmente trabajo en una escuela privada. Doy Lengua y Literatura, un dato no menor, soy una especie de embajadora de la RAE en estas olvidadas tierras sudacas, y representante de la norma y la corrección lingüística. Le enseño a pibes y pibas a “escribir bien”, “hablar bien””, dice Lucía Vásquez en un artículo para la revista Anfibia.

Todo parecía claro para cualquier docente hasta este año, cuando la lengua oral tomó el ámbito público de la escuela. “El vocativo alternante femenino y masculino ingresó a mis consignas y discursos orales también hace un tiempo. Pero recién este año se me sumó una revelación que entendí como responsabilidad. No solo doy clases a chicos y chicas, también doy clases a chiques. A personas que no se sienten ni mujeres ni varones, personas que no están incluidas en el uso del género masculino ni femenino”, se interpela la profesora.

Empezar a transitar el camino del lenguaje inclusivo puede ser para algunos docentes un acto de responsabilidad, pero no por eso será cómodo ni aceptado por una sociedad siempre reacia a los cambios, aunque estos estén avalados por la coyuntura.

«Me acaba de contar mi hija que en la escuela la profesora de lengua (feminista y proaborto confesa) escribió en el pizarrón BIENVENIDES», decía un mensaje de WhatsApp (denominación extranjera y rápidamente incorporada a la cotidianeidad sin resistencia alguna). Rápidamente se hizo “viral” y llegó a las autoridades de la educación provincial. La docente que decidió utilizar el lenguaje inclusivo para darle la bienvenida a sus estudiantes de cuarto y quinto año de la Escuela Comercial Arturo Illia, de la ciudad de Corrientes, tras las vacaciones de invierno se llama Teresa Roca. Ella explicó: «Esto obedece a que hay un sector que no se siente incluido y mediante esta forma se apuntaría a la igualdad de derechos».

En algunos colegios secundarios el lenguaje inclusivo ya está impreso

La respuesta del Ministerio

“El lenguaje inclusivo no se podrá incorporar en las aulas correntinas”, estableció de manera terminante el Ministerio de Educación a partir de una notificación que se envió a todas las escuelas de Nivel Secundario. El «Bienvenides» en el pizarrón provocó el enojo y la queja de un grupo de padres, razón suficiente para llevar a la prohibición tácita de su utilización.

«Si bien se comprende que dicho lenguaje está presente dentro del contexto de ciertos grupos sociales, sostiene que no contempla su incorporación como eje temático para su abordaje dentro de las aulas de la provincia», comunicó la cartera educativa a través de la Dirección de Nivel Secundaria.

La Universidad también respondió

El 3 de agosto, incluso antes del oficio del ministerio provincial, el Frente de Mujeres Universitarias Nordeste hizo público un comunicado a través de las redes sociales y los medios de comunicación.

“Como trabajadores, estudiantes, docentes, artistas, militantes (y tantas otras múltiples identidades que nos atraviesan) celebramos la actitud y valentía de una docente correntina en incorporar en su clase lenguaje inclusivo y animarse a desarrollar contenidos de educación sexual integral. Entendemos que pueda generar resquemores o incluso incomodidad entre tutores o aún entre funcionarios, pero consideramos que el respeto a la diversidad de género es un derecho social e individual adquirido como pueblo y que su puesta en práctica es parte del ejercicio democrático.

Desde Saussure en adelante sabemos que el lenguaje humano es actividad y proceso social. Que por lo tanto, se sitúa, contextualiza, reproduce y muta históricamente. Gracias a los aportes de los lingüistas Sapir y Lee Whorf, podemos entender además al lenguaje como constitutivo (y constituyente) de enfoques o teorías de la realidad: un hablante de hopi (lengua amerindia) ve el mundo de manera diferente que un hablante inglés, diría Whorf.

Fue ya a mediados del siglo pasado que un grupo de lingüistas ingleses investigó sobre la relación entre lenguaje y práctica social para concluir, entre otras cuestiones: que las diferencias de habla así como las variaciones lingüísticas expresan análisis y apreciaciones divergentes sobre la propia experiencia; o que las diferencias lingüísticas recrean activamente las diferencias sociales estructuradas que las provocan; que el uso del lenguaje no es un mero reflejo de los procesos y la organización social sino parte constitutiva de ellos (Fowler, Kress; Trew, 1979).

Nos parece pertinente recordarlo en estos días en que desde diversos ámbitos se discute sobre la puesta en práctica de lenguaje inclusivo y más aún cuando desde la cartera educativa en la provincia de Corrientes se afirma, -paradójicamente en nombre de una pretendida verdad científica- que el discurso educativo debe ceñirse estrictamente a los cánones de la Real Academia Española. Si un grupo de “padres” (¿madres no?, ¿todes tutores?) se escandaliza por el uso de la expresión bienvenides, en el aula. Pero si la inscripción de dicho término habilitó además un espacio sobre contenidos de educación sexual integral -que debería ser parte transversal de la currícula pero aún lejos estamos – es parte de un debate sumamente rico y necesario.

Los cambios en la puesta en práctica del lenguaje a los que venimos asistiendo implican un proceso que no se limita a lo discursivo, pero no por ello hay que relativizar el peso de la palabra. Pueden incomodar, pueden provocar críticas, contradicciones internas, pueden ser parte de marchas y contramarchas, pero como docentes, periodistas, trabajadoras y trabajadores o responsables de políticas públicas -en el ámbito que sea, pero más aún en el de la Educación, no podemos eludir. Constituimos y somos constituidos por el lenguaje. No por nada el psicoanálisis estructura su práctica en relación a la Ley de la Palabra. “Para que la vida sea realmente viva es necesaria una transmisión del deseo de una generación a otra” (Recalcati, 2014), transmisión que requiere del testimonio como acontecimiento que no puede estar por fuera del lenguaje, explica un analista italiano que no casualmente viene ocupándose hace tiempo de una gran variedad de males que afectan sobre todo a jóvenes (adicciones, depresión trastornos alimentarios)

A riesgo de omitir todo lo anterior e incluso si el lenguaje fuere una cuestión menor, como propuso la ministra en sus declaraciones sobre el tema, y el eje debiera estar puesto en el respeto a las diferencias -quién pudiera negar su valor- nos permitimos los siguientes interrogantes. ¿Qué diferencia puede respetarse cuando un grupo de personas no se siente nombrada dentro de ámbitos cotidianos de socialización como es un aula de clase? No ser nombrado es en este caso igual a no ser visto, no ser reconocido. ¿Qué diferencias se reconoce desde la exclusión? Recordamos que condición del respeto es la capacidad de mirar con distancia, capacidad diluida en estos tiempos de permanente exhibición, desde la perspectiva del filósofo surcoreano Byun Chul Han (2014) No se respeta entonces lo que no se ve desde una cierta distancia, pero tampoco aquello que no se puede nombrar, por caso el reconocimiento de las diversas identidades de género. Pero históricamente no podemos olvidar de otras diferencias, de otras identidades negadas o no reconocidas en su sentido más amplio. ¿No es ese el caso, por ejemplo de la lengua guaraní que en muchos casos vio en la institución escolar una barrera de exclusión? ¿No dejamos de respetar diferencias al no asumirlas en un sentido radical?

Celebramos todo debate honesto, democrático y respetuoso que pueda darse en relación al tema. Celebramos y le damos la bienvenida a esa incomodidad si nos sirve para crecer como sociedad.

Fuentes:

http://comunidad.revistaanfibia.com/la-lengua-es-de-todes/

https://www.lanacion.com.ar/2158327-bienvenides-el-saludo-de-una-docente-correntina-a-sus-alumnos-que-genero-polemica

https://www.facebook.com/mujeresuniversitariasnordeste/posts/221568495214314:0

 



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