La Cabeza de Ramírez por Juan Basterra

“Las cuencas vaciadas de los ojos recibían la luz perpetua y siempre renovada de los cirios. Por debajo del pelo broncíneo y a pocos centímetros del tajo por el que se le había escapado la vida, la boca eternizaba una media sonrisa y un desdén aristocratizante. Faltaban, por supuesto, los dormanes de alamares dorados que habían hermoseado su rostro cuando como general, hizo historia en Entre Ríos”.(fragmento del libro La Cabeza de Ramírez de Juan Basterra)

 

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