Un territorio agroecológico para la región

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Puerto Tirol congrega a especialistas de Francia, Chile y Bolivia

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Los que se saben en el camino correcto, en su andar se encuentran. Valeria y Jorge, una pareja chaqueña compró un par de hectáreas en Puerto Tirol con la idea firme de emprender un estilo de vida saludable y libre de agrotóxicos. Pero la idea creció, tanto que un domingo de noviembre su pequeña chacra recibió la visita de profesionales y estudiantes de Francia, Bolivia, Chile, y también de nuestra Universidad Nacional del Nordeste (UNNE).

La idea de conocer la chacra surgió entre Uniagro (Francia) y el Colectivo agroecológico Tape Pyahú (UNNE).  Se contactaron con Valeria Varela y Jorge Frías de la Tierra Sin Mal. Querían saber cómo fueron construyendo su sueño de poder vivir de su propia producción cuidando la Pachamama.

“Como agrónomos y ciudadanos de nuestro planeta, nos anima y nos estimula mucho encontrarnos y poder intercambiar sobre alternativas de producción y de consumo para pensar mejor en el mundo de mañana”, dijeron desde Uniagro.

 

Personas y organizaciones

La Federación Uniagro es una red de agrónomos franceses y la única que reúne a los agrónomos de todas las Escuelas Nacionales Superiores de Agronomía de Francia. Landeline Valory es referente de Argentina. El grupo “Agrónomos de Argentina” se creó en octubre 2017 y el primer fin de semana de noviembre visitaron “La Tierra Sin Mal”, siendo el primer evento que se organiza para los agrónomos franceses establecidos en Argentina.

El Colectivo agroecológico Tape Pyahú (“Nuevos Caminos”, en guaraní) es un grupo de estudiantes de agronomía de Corrientes de la UNNE. Con la certeza de que “el sistema convencional actual no funciona”, el colectivo busca promover la agroecología y la economía social-solidaria a través de la difusión de técnicas alternativas y promoción de eventos. Hoy cuenta con 18 integrantes en total.

Jorge y Valeria son de Charata, junto con Fernando Santiago integran “La Tierra Sin Mal”, 6 hectáreas divididas en dos partes de 3 cada una, sin frontera interna. En 2016, al cambio de gobierno le siguieron muchos despidos y la pareja fue parte de los numerosos empleados del Estado que quedaron sin trabajo. Desde entonces empezaron a comercializar su producción. Al no venir de una familia de tradición campesina, fue difícil el primer año y tuvieron que adaptarse mucho, buscando soluciones para lograr una producción que sostenga la familia. “De la teoría a la práctica, hay un paso”, pero Jorge asegura que “¡es posible! vivimos de nuestra producción”.

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El encuentro

Fue una jornada de intercambio de experiencias entre ingenieros agrónomos y estudiantes de Ciencias Agrarias de Francia, Bolivia y de la UNNE. También estuvieron una médica veterinaria de Chile, Verónica Pinto y el ingeniero de Bolivia, Wildel Flores Cuba, productor de café, banana y cacao. Este último compartió la experiencia en formación universitaria que hay en su país sobre agroecología, especialmente en la región del altiplano y las yungas.

“El compromiso es mantener un intercambio de material genético, semillas, voluntariado”, dijo Jorge y planteó como proyección y a la vez misión de “La Tierra Sin Mal”, “seguir vinculándonos, generar nuevos espacios de intercambio con otras granjas agroecológicas de Chaco y de Corrientes”.

 

El sueño de un territorio sin mal

La Tierra sin Mal es un proyecto pensado como territorio. Está en pleno proceso de convencer a todos los otros productores de los alrededores. En este sentido, es un proyecto político y social: es una cooperación, no una competencia. El territorio cuenta con ocho familias en total dentro de las cuales tres son agroecológicas. Todavía es difícil incorporar animales porque necesitan mucho alimento: para producir un kilo de carne, hacen falta siete kilos de granos. En cambio, las aves y los conejos necesitan menos y el pescado requiere sólo un kilo de alimento por kilo de carne. Una de las iniciativas que tuvieron como grupos de vecinos fue comprar una vaca entre varios y compartirla. Hoy, la parcela de Fernando tiene muchos árboles frutales y se dedica mayormente a la producción animal.

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En la chacra trabajan la mitad del año con voluntarios a través de Woofing y Workaway, que son sistemas internacionales de voluntariado. Jorge y Valeria están construyendo una habitación con eucaliptos de la parcela para que los voluntarios tengan alojamiento. A cambio se les pide que traigan su música y sus recetas típicas.

La chacra quiere seguir creciendo y contagiando, por eso están proyectando, con el Ministerio de Turismo, un circuito de turismo rural para la región. El camino hacia la tierra sin mal parece largo, y tiene muchos senderos. Pero si es el correcto, los caminantes aparecen.

 


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