Ellos eligen compartir

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Red de Estudiantes Solidarios

Un día de lluvia, uno más de esos interminables que pasamos los resistencianos entre mayo y junio, un grupo de estudiantes secundarios y un profesor pensaron en los otros. ¿Qué hacemos profe?, fue la pregunta que inundó los mensajes de whatsapp más que la lluvia. Empezaron juntando ropa y donaciones para llevar a los merenderos, pero eso fue sólo el primer paso. Son los chicos de la RES, Red de Estudiantes Solidarios. Ellos no quieren juntar, llevar, dejar. Ellos quieren compartir, aprender y amar.

200 chicos de escuelas secundarias de Resistencia – María Auxiliadora, Comercio, Itatí, San José Obrero, ENS N° 45, Don Bosco, Nacional, y se están integrando la Normal y la Simón de Iriondo-, junto al Profesor Julio Ricardo Moschen, están engendrando una semilla de compromiso y solidaridad. Un grupo de referentes se reúne semanalmente para pensar, articular y comunicar cómo, cuándo y dónde será la próxima intervención. Chiquitos de los merenderos San Francisco de Asis, Frijolitos, Pies Descalzos, Chilliyi y Cacique Pelayo esperan con ansias la próxima visita de sus amigos, porque saben que vienen llenos de sorpresas y diversión.

“Para el Día del Niño armamos rompecabezas para todos los merenderos”, cuenta una de las chicas y recuerda que el Salón Naranja del Colegio Don Bosco se llenó de jóvenes, padres y profes que quisieron colaborar. Porque la RES está abierta al que quiera participar. De hecho, en cada movida aparecen caritas nuevas, que se van enterando por las redes, por whatsapp o porque alguno de los chicos anduvo pidiendo algo a alguien, y ese alguien pregunta: “Che, ¿y esto para qué es? Ah, yo quiero ir”.

“Cuando creamos la RES, sabíamos que nos enfrentábamos a enormes desafíos, y que esos desafíos debían ser asumidos no por adultos de 30, 40, 50 o 60 años, sino por jóvenes de 14, 15, 16, 17, 18 años”, dice su página de Facebook. Se definen como “projimócratas”, porque creen que el otro está primero, el servicio es la clave, y la solidaridad es el camino. Saben que no van a cambiar 100 por 100 las vidas de las personas, y de niños y niñas que seguirán viviendo en el empobrecimiento al que fueron condenados. “Pero si sabemos, que cada vez que los visitamos, que estamos con ellos, que jugamos, que compartimos un rato de sus vidas, ellos y nosotros estamos cambiando el mundo, esos pequeños mundos, el de ellos y los nuestros”.

Bruno, un chico de quinto del María Auxiliadora, cuenta que más allá de visitar los merenderos, les parece importante saber en qué condiciones viven los chicos y entender, por ejemplo, por qué no están yendo a la escuela. “Al finalizar la hora de los merenderos los acompañamos a sus casas, o los vamos a buscar. Nos dimos cuenta que son muchos hermanos, duermen todos juntos, a veces no hay una mesa, algo tan importante para nosotros en nuestra casa, sentarnos a la mesa en familia. No hay un paquete de arroz, no hay una heladera. Entonces empezamos a armar combos familiares consiguiendo donaciones de alimentos”.

Experiencias como estas lo llevan a decir: “Encontré mi lugar como ciudadano. Tengo la formación que me da este grupo y me siento preparado. Lo más hermoso y sencillo de esta gran transformación viene por el lado de ir y compartir”. Y recuerda un almuerzo con una de las familias y su devolución: “Gracias, porque nunca nos visitaron así”.

Milagros, del Colegio Itatí, cree que esta experiencia la ayuda a valorar más las cosas, a no quejarse por cosas mínimas, como llegar del colegio y decir: “mamá, no hiciste la comida”, cuando hay chicos que ni siquiera tienen comida. O “esta ropa no me gusta”, cuando ellos ni siquiera tienen ropa. “Creo que el valorar las cosas es lo principal que nos queda a cada chico que va a los merenderos. También está el tema del consumismo, se cree que vas a ser mejor persona porque tenés algo, y acá aprendes a valorar. Es muy lindo para el que encuentra eso”.

No desaprovecha la oportunidad para invitar a todos los chicos que se quieran integrar e incluso los grandes. Nos cuenta que hay una red de adultos, profesores y padres que colaboran con la movilidad. “Nosotros nos movemos en colectivo, pero necesitamos móviles que lleven las cosas”.

“Los adultos nos quejamos mucho de los adolescentes, pero tampoco les damos alternativas”, dice el Profe Julio.  Es cuestión de proponerselo: “Cuando a los chicos les decimos vamos a hacer tal actividad, ellos se prenden. Esta red demostró las ganas y las potencialidades que tienen de hacer. Si no se logra por dentro de las escuelas, se va a lograr por fuera”.

¿Y qué pasa con estos chicos, profe?: “La transformación personal se da es el poder ver otras realidades, otros contextos sociales, ampliar la mirada. Conseguir donaciones, se consigue. De hecho, siempre algo se tiene para dar. Lo que es más valioso es el tiempo. Ellos van transformándose con estas experiencias y acá a diez años algo les va a quedar. Hoy la sociedad nos bombardea para vender más. Lo que nosotros hacemos es contracultural, se vende diversión, felicidad, y luchamos contra eso”.

Ellos hablan de opciones… la RES es una opción. Si un chico va al boliche un viernes, pero sabe que a las 12 del sábado tienen que estar levantado para ir a organizar la visita al merendero, tiene que tomar una decisión. Quizás un día un día se duerma o vaya un poco cansado, pero otro día lo va a pensar. “Si no tiene esa alternativa se levanta a las 4 de la tarde. Creo que hay que confrontar. Tenés este compromiso y te están esperando”, dicen. El que quiere ir al merendero, ya no gasta tanto en el boliche, ni se compra tanta ropa. Piensa, “esa plata que tengo puedo usarla para comprar leche para los chicos. En eso juega la transformación”, dice Bruno.

Moschen analiza la situación y explica que en Resistencia y alrededores hay muchísimos merenderos y cada vez son más. Lo que les falta es voluntariado. La diferencia se da en el tiempo que estos chicos voluntarios pueden ofrecer. Porque no se trata de lo que puedan llevar con los recursos que consigan de sus padres, sino de conseguir botellas de plástico, cartones, tapitas, para fabricar juguetes. “Queremos romper con esa lógica de comprar, comprar, comprar. Pensar las actividades con cosas que podemos conseguir, es todo un aprendizaje también. Porque comprar es fácil si tenés la plata”.

Redes y más redes

Según un informe publicado hace pocos días por la Agencia Paco Urondo, escrita por Eliana Verón, la mitad de las noticias sobre niños, niñas y adolescentes los relacionan con “policiales e inseguridad”. El dato se desprende del monitoreo de programas noticiosos de América, Televisión Pública, Canal 9, Telefé y Canal Trece que lleva adelante la Defensoría del Público. “Con su enorme efectividad y capacidad de repetición imponen ciertos discursos estigmatizantes suficientes para explicar, fundamentar y sostener las etiquetas sociales que ordenan la vida cotidiana”, dice el informe. Y podemos agregar que esta tendencia no sólo ocurre en la televisión, las redes sociales aportan a la estigmatización del adolescente violento, irresponsable, o por los menos desinteresado de las cuestiones sociales.

Pero como a los adolescentes les gusta ir en contra de la corriente, estos chicos están utilizando las redes como su herramienta de comunicación, y de contagio, como dicen ellos: “Realmente es en las redes en donde la gente ve lo que hacemos”, asegura Milagros. “Hay que publicar por la mala imagen que los chicos tienen en los medios. Esto es noticia también. ¿Por qué no mostrar que a las tres de la tarde de un sábado hay un grupo de chicos que están esperando el colectivo para ir a un merendero?”, dice el profe.

Projimócratas

El término viene a propósito de una publicidad de un auto que hablaba de la “meritocracia”, un concepto neoliberal que premia al que más se esfuerza sin considerar las realidades adversas. Al instante, la Fundación Franciscana salió a responder con un video que hablaba de la “projimocracia” como un mundo en donde cada uno esté dispuesto a brindarse al otro sin nada a cambio.

Ya lo dice Bruno, “es el dar sin esperar nada a cambio, ganamos en felicidad”. Y una compañera agrega: “ganamos en lo esencial que es ir a compartir una tarde con un nene que quizás con su familia no puede compartir, enseñarles a que pueda hacer cosas por sí solo. Eso es lo que yo me llevo”.

Y es así como estos chicos eligen ir a un merendero en lugar de al cine, llevarse un dibujito a casa, en lugar de una ropa para estrenar en el boliche. Y cuando están metidos en el celular, enajenados, sordos y ciegos, no te preocupes mamá, quizás estén armando la próxima visita a un nuevo merendero.

 

 

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Paola Bogado dice:

    Cuando dicen que nuestra juventud esta perdida. Hermosa e inspiradora nota. Me encanto!!

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