La vida es un viaje: 10 años recorriendo el mundo

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Anna Caranta y Diego Martínez viajan por el mundo desde hace 10 años, a pie, en bicicleta, en moto. Ellos optaron por una vida nómade, hoy tienen dos hijos y un mundo entero por habitar.

Anna es francesa, conoció a Diego en Buenos Aires en 2006 y a los nueve meses se casaron y empezaron un viaje que no se detuvo. En España nació Mael, su primer hijo. Oiuna, la niña, nació en China. El viaje continúa. “Somos habitantes del mundo”, dicen.

Proyecto Bohemia los entrevistó en su paso por el Resistencia, donde presentaron “El otro río”, libro escrito por Anna con ilustraciones de Diego, inspirado en los primeros seis años de viaje.

¿Cómo comenzó este viaje?

ANNA: Nos conocimos en Buenos Aires siendo sedentarios, yo nací en Francia y vine a Argentina con 20 años. Diego trabajaba en la Mesa de Dinero del Banco Hipotecario. Nos conocimos en enero, en octubre nos casamos y nos fuimos de viaje

DIEGO: Yo tuve la fantasía de viajar desde muy chiquito cuando un francés paso por el pueblo donde nací en una bicicleta viajando hacía seis meses.  Me pareció una cosa tan inverosímil. Me quedó grabada esa idea de tener mi vida con un horizonte temporal vago, con eso de elegir libremente el camino. Veinte años después yo estoy haciendo lo mismo.

¿Cómo fue que decidieron comenzar a viajar? ¿Lo programaron?

ANNA: Fantaseábamos con viajar un año por Latinoamérica. De pronto, hicimos un viaje al sur de la Argentina que fue completamente improvisado. En realidad, fuimos con Diego a su pueblo natal –Pringles-, a conocer a sus padres. De ahí me propuso ir a Mar del Plata, llamó al trabajo, inventó una excusa, y fuimos hasta Puerto Madryn. Fueron 10 días durmiendo en el auto. Sentimos que había algo que se había despertado que era imparable. Cuando volvimos a Buenos Aires tomamos la decisión de dejar nuestras ocupaciones y de irnos, por un año, de Argentina a México.

¿Qué hizo que ustedes dijeran “nos largamos”? ¿Cómo hicieron para romper el lazo de la seguridad, de la comodidad?

DIEGO: Tenía todas las comodidades, pero me faltaba conocer la otra cara del mundo. Tenía veinte y pico de años. Dije: “si no lo hago ahora…”. Era ese el momento y Anna me apoyó mucho en la decisión.

Cuando comenzó el viaje ¿ya sabían que iban a vivir viajando?

ANNA: No, era impensable vivir viajando. Era un viaje de un año de Buenos Aires a México y de vuelta a Buenos Aires a seguir con una vida “normal”.

¿Cómo se financió ese primer viaje?

DIEGO: Vendimos nuestro auto y con ese dinero llegamos a México. También trabajando en algunos países como Colombia y Guatemala.

ANNA: En Latinoamérica trabajamos poco, vivimos con los ahorros. Y estaba esa cuestión de ir dándonos cuenta que no necesitábamos tanta comodidad. No gastábamos en alojamiento, dormíamos en carpa, cocinábamos. Uno va soltando cosas y el presupuesto se va achicando, uno no necesita tanto cuando se da cuenta. El trabajo que hemos hecho en nuestros viajes es más bien ese que vino a nosotros, no lo buscamos. Encontrarnos en una comunidad indígena y que nos digan quédense el tiempo que quieran, trabajen en la chacra, tienen comida y alojamiento. Fue así. En Guatemala por ejemplo estábamos muy justos con el dinero, viene un chico y nos ofrece ir a su aldea y cosechar hojas de shate. Al final de cada jornada nos pagaban. Nos quedamos un mes y medio trabajando allí. Por supuesto ganando muy poco y viviendo muy humildemente.

Pero para llegar a Europa necesitaron más dinero. ¿Cómo solucionaron ese tema?

ANNA: Si, cuando llegamos a México y quisimos ir a Europa estábamos en un problema financiero. Nos quedaba la moto de Diego, mi computadora de edición y otras cosas de nuestra casa. Un amigo de Buenos Aires remató todo y nos mandó la plata. Hace muy poco nos pasó algo muy loco. Presentamos el libro en La Rioja, dimos una charla y contamos ese episodio de cómo hicimos para pagar el pasaje. Se acercó una persona y nos dijo: “¿saben que yo soy el que compró la moto?”.

¿No les pasa a veces que extrañan la comodidad? ¿Una cama mullida? ¿El aire acondicionado?

DIEGO: Muy pocas veces, la verdad es que cuando uno está metido en el viaje, en las rutas, en las realidades de los otros y la nuestra, no se detiene en eso. Quizás sí por una buena comida. A veces estaría bueno transportarse a otros países. Pero ya. Ir y comerse una comida china, por ejemplo.

ANNA: Ahora nuestro hijo está extrañando la comida china y estaríamos necesitando harina de arroz (bromea).

¿Cómo fue la llegada de los hijos en esa vida nómade?

ANNA: Mael nació en el 2010, cuatro años después de iniciado el viaje. Habíamos llegado en una bicicleta doble a la India cuando me embaracé. Él llega con nosotros pensando: “queremos tener un hijo y queremos seguir viajando”. Fue muy consciente, muy pensado.

DIEGO: Nosotros ya éramos muy diferentes, habíamos roto todos los esquemas y las estructuras.

Y como papás ¿cómo toman el hecho de que los chicos puedan enfermarse? ¿Qué se hace en un país que no se conoce con una enfermedad rara?

ANNA: Yo creo que el miedo a la enfermedad de los hijos es común en todos los padres y las madres, y eso va más allá de que estés viajando o no. En todos los lugares hay médicos y donde atenderlos. También hay mucha sabiduría de la enfermedad en cada lugar. Tampoco los exponemos a lugares riesgosos en este sentido, como el centro de África, en donde la malaria puede ser muy peligrosa para niños pequeños.

El otro río

¿A qué se debe este paso por nuestro país?

DIEGO: Hace mucho que no veía a mi familia y amigos, quería compartir experiencias con los chicos. También se nos había agotado la versión en inglés del libro y teníamos la versión en español guardada, esperando nuestro regreso. Se dieron las condiciones para volver y presentar nuestro libro en Argentina.

¿Cómo fue la experiencia de escribir un libro viajando?

ANNA: Tuvimos una vivencia sedentaria en la China durante dos años. Allí nació Oiuna, allí también escribí el libro. Diego se dedicó a pintar las ilustraciones. Nos detuvimos para poder dar a luz a estos trabajos que necesitaban de una pausa.

DIEGO: El material crudo sobrevivió de manera fantástica, los manuscritos de Anna, mis pinturas… Una vez se cayó la mochila con todo ese material a un rio del Himalaya, y sobrevivió.

¿Que es “el otro río”?

ANNA: Es una novela que invita al lector a soltar, a viajar y a descubrir otra manera de ver las cosas.

Anna y Diego cruzaron Europa. Trabajaron unos meses en Barcelona y salieron en una bicicleta con dirección a Moscú pero el viento los llevó a la India. En 2011 y ya con su hijo Mael  cruzaron los Himalayas manejando una mini van hasta Nepal. Mientras vendían las fotos de Anna y las pinturas de Diego pedaleaban por las tierras ardientes de Oriente Medio. Recorrieron Tailandia, Camboya, Laos, Siberia, Mongolia y China (donde nace su hija Oiuna en enero 2014). Conformada la familia y con el libro escrito, en febrero de 2016, se suben a una motito 125cc. a la que le pusieron un sidecar con techito de muchos colores. Arrancaron desde el norte de Tailandia hacia Oceanía. Ahora, el carromato se encuentra en Bali (Indonesia) esperando el regreso de la familia que se propuso recorrer Argentina por un año.

Sus historias están contadas en www.xurruruca.com. “Vivimos aquí y ahora, inventándonos a nosotros y a nuestro camino, y disfrutando de nuestro mayor tesoro: nuestra libertad”.

 

 


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